Via Boingboing.net, me puse a chusmear esta mañana la charla de Aimee Mullins, "Cómo fué que mis piernas me dieron superpoderes". Es la continuación de otra charla que dió hace unos 10 años: http://www.ted.com/index.php/talks/aimee_mullins_on_running.html. Interesantes preguntas y varias reconsideraciones sobre qué es ser discapacitado.
Y pispeando un rato más algunas otras charlas, encontré esta otra, de Patty Maes, del MediaLab del MIT, con un prototipo de un dispositivo bastante interesante (sobre todo hacia los minutos 6/7):
Cosas que se hacen por ahí.
sábado, 14 de marzo de 2009
lunes, 9 de marzo de 2009
nuevas foticos
Lugar nuevo, álbum nuevo en Picasa, reportando desde la escuela de masajes tailandeses y en la segunda semana del curso. Ya estoy levantando pesas con los pulgares... sí, puede ser que exagere un poco.
http://picasaweb.google.com/chalten/SalayaNakhonPathomThailand
http://picasaweb.google.com/chalten/SalayaNakhonPathomThailand
martes, 17 de febrero de 2009
tamboriles en bangkok
Andaba caminando por ahí y me encontré con este festival en una plaza. Un pedacito de la tocata de los tambores. Sí, el caballero le da con el marote al tambor. Sí.
Y esto es viejo, pero ya que estamos. Taiko en la ceremonia budista de Butsudan (donde queman los altares de las casas), en el templo Osu Kannon en Nagoya, el año pasado. Un poco mejor en cuanto a calidad.
Nagoya, Japan - Butsudan ceremony
Y esto es viejo, pero ya que estamos. Taiko en la ceremonia budista de Butsudan (donde queman los altares de las casas), en el templo Osu Kannon en Nagoya, el año pasado. Un poco mejor en cuanto a calidad.
Nagoya, Japan - Butsudan ceremony
domingo, 15 de febrero de 2009
más lecturas
Sigue la biblioteca viajera:
Qué vengo leyendo:
- The bone people, Keri Hulme: Lo terminé hace un rato. Impresionante.
- Wicked: The life and times of the wicked witch of the west, Gregory Maguire: En fin, venía interesante, pero de la segunda mitad para adelante se le da por avanzar en cámara rápida hacia un final bastante desastroso. Igualmente, tiene sus momentos.
- The summer before the dark, Doris Lessing (gracias K&G!): Sigo con varios de la Doña encolados. Más que recomendable. Mucho más.
- The whale rider, Witi Ihimaera: Linda historia, pero después de haber leído The bone people se me complicó la cosa.
- Baghavad Ghita (as it is), cortesía de la patrulla Hare Krishna
- Terminé The Time Traveler's Wife by Audrey Niffenegger, cortesía del bookstore del aeropuerto de Auckland. Lo había empezado a leer hace un par de años, pero me enojé con la autora y lo largué. Pero me gustó volver a leerlo y terminarlo de una vez, escribe de una manera muy emotiva.
- The Life You Were Born to Live: A Guide to Finding Your Life Purpose (Dan Millman): Pispeé un rato, numerología. Obviamente, tiene razón en todo. (Gracias P!)
Más cosas para leer algún día, algún:
- The Book of New Zealand Women : Ko Kui Ma Te Kaupapa by Charlotte MacDonald, Merimeri Penfold, and Bridget Williams
- Following the equator, Mark Twain: En Christchurch uno de los micros tenía está esta inscripción sobre Dunedin (ni se imaginan como lo pronuncia esta gente...), sacada de este libro: "The people are Scotch. They stopped here on their way from home to heaven -thinking they had arrived." Ah, mire ud, está en Proyecto Gutemberg también.
Qué vengo leyendo:
- The bone people, Keri Hulme: Lo terminé hace un rato. Impresionante.
- Wicked: The life and times of the wicked witch of the west, Gregory Maguire: En fin, venía interesante, pero de la segunda mitad para adelante se le da por avanzar en cámara rápida hacia un final bastante desastroso. Igualmente, tiene sus momentos.
- The summer before the dark, Doris Lessing (gracias K&G!): Sigo con varios de la Doña encolados. Más que recomendable. Mucho más.
- The whale rider, Witi Ihimaera: Linda historia, pero después de haber leído The bone people se me complicó la cosa.
- Baghavad Ghita (as it is), cortesía de la patrulla Hare Krishna
- Terminé The Time Traveler's Wife by Audrey Niffenegger, cortesía del bookstore del aeropuerto de Auckland. Lo había empezado a leer hace un par de años, pero me enojé con la autora y lo largué. Pero me gustó volver a leerlo y terminarlo de una vez, escribe de una manera muy emotiva.
- The Life You Were Born to Live: A Guide to Finding Your Life Purpose (Dan Millman): Pispeé un rato, numerología. Obviamente, tiene razón en todo. (Gracias P!)
Más cosas para leer algún día, algún:
- The Book of New Zealand Women : Ko Kui Ma Te Kaupapa by Charlotte MacDonald, Merimeri Penfold, and Bridget Williams
- Following the equator, Mark Twain: En Christchurch uno de los micros tenía está esta inscripción sobre Dunedin (ni se imaginan como lo pronuncia esta gente...), sacada de este libro: "The people are Scotch. They stopped here on their way from home to heaven -thinking they had arrived." Ah, mire ud, está en Proyecto Gutemberg también.
jueves, 12 de febrero de 2009
nz: toma seis (se imprime)
Luego de descansar una semanita en Wellington (Windy Welly para los amigos), esta cronista enfila para la Isla Sur de Nueva Zelanda (¡por fin!), esperando ver algunos otros paisajes y, cuando no, combatir una vez más a ese enemigo del wwoofer amateur: el yuyal.
El descanso pseudo turístico vino bien (Resumiendo, Misia Bater, más allá de alguna que otra visita al museo -Te Papa, sí, ¡ví el calamar gigante!- y al jardín botánico, después de las corridas del festival me la pasé de relajo, digo relax, solamente para darle una semanita de descanso a sus cansados ojos ;) ).
Comentario al margen: no recordaba (hasta que ví el cartel) que esta era la ciudad de origen de Katherine Mansfield, autora que todavía tengo en la lista de pendientes. Sí recordaba que esta es la ciudad de origen de AlexH (i just saw your comments in picasa, will send you email requiring further instructions on those flat whites for my next visit).
Así que crucé el charquito del estrecho de Cook en ferry (4 horitas) y rumbeé para lo de K. y G., en los Pelorus Sounds (paisaje fiordístico/montañoso). En Picton me encontré con M., la wwoofer alemana que conocí en Hohepa y estuvimos charlando un rato mientras esperabamos los micros, lo cual me alegró mucho. En Blenheim, K. me pasó a buscar por la estación y nos llevó junto con F., jóven wwoofer alemán muy atlético (el primer día montañismo, el segundo kayak, el tercero buceo y siguen las firmas...) hasta la marina donde nos esperaba G., y de ahí unos 30 minutos en el bote a la casa. Me cuenta K. que ahora viven 'cerca' y pueden ir a la ciudad y volver en el día. Donde ella vivía antes (further down the sounds), les llevaba un día de ida, un día de estadía y un día de vuelta.

K. y G. (kiwis hasta la médula) tienen una granja de almejas (mussel farm, aquamarine farming), y también crían ovejas y tienen un desarrollo forestal (pinos). La vista desde la habitación era para no salir de ella. Y cuando llegamos tuve mi primer encuentro real con las famosas 'sandflies'. Hasta ahora el único lugar donde me las había encontrado fué el festival, pero en los Sound están realmente hambrientas. Son unos bichitos tipo mosquita de esas pequeñitas que no hacen nada, con la diferencia que estas muerden de lo lindo. Así que me la pasé oscilando entre servirles de alimento e intoxicarme con citronella/OFF.
Tareas de la semana:
- Desyuyar... wee-e-ding! wee-e-ding! Pero siempre hay algo nuevo, hasta en esto del desyuye. Anduve sacando ring fern (helecho en anillo), que tiene unas raices en redes que bueno bueno. También desyuyé en la huerta, y en el invernadero, y en la otra huerta, y en los árboles frutales, y en los olivos... y... no, las almejas no necesitan desyuye... aunque ahora que me acuerdo hay un alga parece que causa estragos, así que por ahí sí necesitan.
- Cosechar papas: basicamente consiste en localizar la planta y empezar a cavar con un rastrillo hasta encontrar todos los papines. Incidentalmente encontramos una media docena de huevos que alguna ponedora planeó esconder. Luego de la primer pasada, se revisa nuevamente. Resultado: una bolsita y media de papines andinos (ñam!)
- Recolectar fertilizante para el compost (¿se acuerdan de las ovejas? Bueno, tienen una variedad de formas y colores en materia de bosta que no me creerían.)
- Recolectar aserrín para el compost (laburo descansado y a la sombra)
- Darle una aspirada a la casa y una sacudida de polvo por aquí y por allí
- Limpieza de platos en equipo con F. y C. (wwoofer UK, labura en un cementerio y tiene un humor veramente inglés... con F. estuvimos a punto de ir a preparar pochoclo para sentarnos a escuchar uno de los intercambios entre C. y el team K./G.)
No fueron muchos días (lo que lamenté profundamente por un lado, pero bueno, no se puede hacer todo a la vez), y el tema del desyuye tomó gran parte del tiempo.
El día libre me fuí a caminar por ahí, aconsejada por K. que me mostró los caminos de la granja en un mapa satelital. Y llegué al camino en el que estaba trabajando C. podando unos árboles para darles forma. Estaba lindo hacia el final, con una vista al mar allá abajo entre los pinos muy pacífica, así que me senté a almorzar el sanguchito y el pepino que me había llevado para el paseo. Cuando me levanté para seguir la caminata me sorprendió una sombra en el camino... chan! santos chanchos salvajes, Batman! Allí estaban mamá/papá chancho con pequeño chanchín (según apreciación de C., del tamaño correcto para el spiedo). Pero no intenté corretearlo por temor a parecerle demasiado impertinente a mamá chancha, just in case imaginara mis intenciones.
Me dió curiosidad por saber más sobre la historia de los 'granjeros acuáticos', por los comentarios de K. y de G. es una actividad con muy pocas mujeres y de carácter bastante machista (lo cual no me sorprende, los medios acá en NZ son lo anti-politicamente correcto en temas de género que se puedan imaginar, y un poco más). La de los sounds es una zona con muy poca población, no hace más de 30 años en la zona de la granja vivian solamente 2 mujeres. Una de una costa y la otra de la otra. Cruzar los sounds era algo lento y peligroso, y todavía hoy es frecuente que los barcos que pasan y no conocen la zona se encuentren en problemas. K. nos contaba de una red de ayuda amateur de la que forman parte para asistencia a los navegantes.
K. fué buceadora profesional y participó en algunos rescates de barcos hundidos, incluyendo un navío ruso que se hundió en el '86, historia de la guerra fría y espías. G. también es story teller, pero no llegué a hablar de eso con él, una semana es demasiado poco tiempo para charlas interesantes. C.-el-inglés se estuvo quedando todo el verano con ellos, por ejemplo. Creo que lo mínimo para realmente conocer algo del lugar y la gente son tres semanas. Quizás la próxima vuelta, con suerte y viento y mareas a favor. Y Off en cantidades industriales.
La casa también es de Tyke, una pichicha super cariñosa que se la pasaba pidiendo mimos. Excepto cuando estaba comiendo possums, claro.
Anécdota de K. (uno): Possum escondido en árbol de navidad.
Anécdota de K. (dos): Aserrando un árbol, descubre que es un nido de weta porque salen todos volando hacia ella... acá en NZ a los chicos los asustan con estas langostas gigantes (que además muerden), ¿se imaginan el terror?.
Anécdota de K. (tres): Una amiga se rapa su abundante, femenina y bella cabellera, en la cresta un mojak, a los costados un símbolo de la paz. Amiga teme comentarios ácidos de padre de K. Padre de K. no dice nada, pero cuando amiga y K. vuelven una semana más tarde a la casa descubren que ahora las ovejas de la granja tienen rapados sendos símbolos de la paz en sus ex-lanudos flancos. Humor extraño el del padre de K.
A la vuelta, P., el hermano de G., me lleva hasta el pueblo. Vivió durante más de 20 trabajando en el exterior, construyendo fábricas de cemento, la lista de países es innumerable y charlamos un poco de sus experiencias viviendo afuera, la gente, los países, la economía, su familia, etc.
Entonces, bote, auto, avión y enfilo para el norte del norte en tiempo récord, vuelvo a Auckland y de ahí a Awanui, un pueblito que está a 10 minutos de la costa este y de la costa oeste, justo adonde empieza la playa de las 90 millas. Otra semanita de pseudo-vacaciones antes de rumbear para Tailandia via Christchurch. La misión de esta semana es antropología social aplicada. Sí. Eso.
Y ahora estoy en el aeropuerto de Sydney escribiendo esta crónica mientras espero la llamada para el avión a Bangkok, mirando la ciudad desde los ventanales (y acordándome de vos, Andre).

Post anterior: Toma cinco
El descanso pseudo turístico vino bien (Resumiendo, Misia Bater, más allá de alguna que otra visita al museo -Te Papa, sí, ¡ví el calamar gigante!- y al jardín botánico, después de las corridas del festival me la pasé de relajo, digo relax, solamente para darle una semanita de descanso a sus cansados ojos ;) ).
Comentario al margen: no recordaba (hasta que ví el cartel) que esta era la ciudad de origen de Katherine Mansfield, autora que todavía tengo en la lista de pendientes. Sí recordaba que esta es la ciudad de origen de AlexH (i just saw your comments in picasa, will send you email requiring further instructions on those flat whites for my next visit).
K. y G. (kiwis hasta la médula) tienen una granja de almejas (mussel farm, aquamarine farming), y también crían ovejas y tienen un desarrollo forestal (pinos). La vista desde la habitación era para no salir de ella. Y cuando llegamos tuve mi primer encuentro real con las famosas 'sandflies'. Hasta ahora el único lugar donde me las había encontrado fué el festival, pero en los Sound están realmente hambrientas. Son unos bichitos tipo mosquita de esas pequeñitas que no hacen nada, con la diferencia que estas muerden de lo lindo. Así que me la pasé oscilando entre servirles de alimento e intoxicarme con citronella/OFF.
Tareas de la semana:
- Desyuyar... wee-e-ding! wee-e-ding! Pero siempre hay algo nuevo, hasta en esto del desyuye. Anduve sacando ring fern (helecho en anillo), que tiene unas raices en redes que bueno bueno. También desyuyé en la huerta, y en el invernadero, y en la otra huerta, y en los árboles frutales, y en los olivos... y... no, las almejas no necesitan desyuye... aunque ahora que me acuerdo hay un alga parece que causa estragos, así que por ahí sí necesitan.
- Cosechar papas: basicamente consiste en localizar la planta y empezar a cavar con un rastrillo hasta encontrar todos los papines. Incidentalmente encontramos una media docena de huevos que alguna ponedora planeó esconder. Luego de la primer pasada, se revisa nuevamente. Resultado: una bolsita y media de papines andinos (ñam!)
- Recolectar fertilizante para el compost (¿se acuerdan de las ovejas? Bueno, tienen una variedad de formas y colores en materia de bosta que no me creerían.)
- Recolectar aserrín para el compost (laburo descansado y a la sombra)
- Darle una aspirada a la casa y una sacudida de polvo por aquí y por allí
- Limpieza de platos en equipo con F. y C. (wwoofer UK, labura en un cementerio y tiene un humor veramente inglés... con F. estuvimos a punto de ir a preparar pochoclo para sentarnos a escuchar uno de los intercambios entre C. y el team K./G.)
No fueron muchos días (lo que lamenté profundamente por un lado, pero bueno, no se puede hacer todo a la vez), y el tema del desyuye tomó gran parte del tiempo.
El día libre me fuí a caminar por ahí, aconsejada por K. que me mostró los caminos de la granja en un mapa satelital. Y llegué al camino en el que estaba trabajando C. podando unos árboles para darles forma. Estaba lindo hacia el final, con una vista al mar allá abajo entre los pinos muy pacífica, así que me senté a almorzar el sanguchito y el pepino que me había llevado para el paseo. Cuando me levanté para seguir la caminata me sorprendió una sombra en el camino... chan! santos chanchos salvajes, Batman! Allí estaban mamá/papá chancho con pequeño chanchín (según apreciación de C., del tamaño correcto para el spiedo). Pero no intenté corretearlo por temor a parecerle demasiado impertinente a mamá chancha, just in case imaginara mis intenciones.
K. fué buceadora profesional y participó en algunos rescates de barcos hundidos, incluyendo un navío ruso que se hundió en el '86, historia de la guerra fría y espías. G. también es story teller, pero no llegué a hablar de eso con él, una semana es demasiado poco tiempo para charlas interesantes. C.-el-inglés se estuvo quedando todo el verano con ellos, por ejemplo. Creo que lo mínimo para realmente conocer algo del lugar y la gente son tres semanas. Quizás la próxima vuelta, con suerte y viento y mareas a favor. Y Off en cantidades industriales.
Anécdota de K. (uno): Possum escondido en árbol de navidad.
Anécdota de K. (dos): Aserrando un árbol, descubre que es un nido de weta porque salen todos volando hacia ella... acá en NZ a los chicos los asustan con estas langostas gigantes (que además muerden), ¿se imaginan el terror?.
Anécdota de K. (tres): Una amiga se rapa su abundante, femenina y bella cabellera, en la cresta un mojak, a los costados un símbolo de la paz. Amiga teme comentarios ácidos de padre de K. Padre de K. no dice nada, pero cuando amiga y K. vuelven una semana más tarde a la casa descubren que ahora las ovejas de la granja tienen rapados sendos símbolos de la paz en sus ex-lanudos flancos. Humor extraño el del padre de K.
A la vuelta, P., el hermano de G., me lleva hasta el pueblo. Vivió durante más de 20 trabajando en el exterior, construyendo fábricas de cemento, la lista de países es innumerable y charlamos un poco de sus experiencias viviendo afuera, la gente, los países, la economía, su familia, etc.
Entonces, bote, auto, avión y enfilo para el norte del norte en tiempo récord, vuelvo a Auckland y de ahí a Awanui, un pueblito que está a 10 minutos de la costa este y de la costa oeste, justo adonde empieza la playa de las 90 millas. Otra semanita de pseudo-vacaciones antes de rumbear para Tailandia via Christchurch. La misión de esta semana es antropología social aplicada. Sí. Eso.
Y ahora estoy en el aeropuerto de Sydney escribiendo esta crónica mientras espero la llamada para el avión a Bangkok, mirando la ciudad desde los ventanales (y acordándome de vos, Andre).
Post anterior: Toma cinco
jueves, 5 de febrero de 2009
más fotos
Post cortito, sólo eso. Más álbumes en la galería de Picasa:
Wellington
Estrecho de Cook
Pelorus Sounds, Malborough
Wellington
Estrecho de Cook
Pelorus Sounds, Malborough
sábado, 24 de enero de 2009
otro día (más) en la vida de una wwoofa (toma cinco)
Y ahora rumbeo para el lado de Levin, en la costa oeste de la Isla Norte de New Zealand. Hacia el Organic River Festival 2009, que va a ser el viernes, sábado y domingo. Pero llego el lunes, porque el laburo empieza el martes, y ya los primeros wwoofers en llegar armaron la carpa que
será la casita de algunos esta semana, esta chica incluída. Me encuentro con Y., un japonés bastante raro, cantante y guitarrista y con R., una inglesa de familia india que me cuenta que era médica y ahora está empezando como actriz. Le pido que me repita porque seguramente no le entendí, este tema del inglés... pero sí, me dice que es ansina nomás la cosa, mientras se ríe incontrolablemente. Más gente tratando de cambiar de rumbo.
L., otra inglesa repatriada acá es una de las organizadoras y nuestro contacto wwoofer. Más gente interesante.
A eso de las 6 está lista la cena, y el equipo encargado de la misma está conformado
por una banda de hare krishnas locas que cocinan unas delicias increíbles. Nos dicen que las duchas no llegaron todavía, pero mañana... o sino está el río. También me encuentro con la banda de españoles viajeros, L. (azafata), S. y P. (canarios ellos) y luego en la semana a M. y LL., catalanes. Así que me vuelvo a escuchar un rato hablando español. Las palabras salen raras.
Del segundo día al cuarto nos reunimos cada mañana a planificar el día, y M. y L. (los organizadores) reparten las tareas. M. se encarga de volverla loca a H., la 'coordinadora en el campo de batalla', agregándole cosas que no estaban planeadas y pidiéndole gente que ella ya tenía acomodada en otros lados. Para el jueves, H. está en una especie de ataque nervioso continuo y se para a reir como una desquiciada en el medio de las reuniones. Nosotros no estamos en mejores condiciones :) M., una holandesa viajera, la persigue para que descanse un rato y después la mandan a una sesión de masajes porque todo esto es demasiado.
Entonces. Tareas. El segundo día empieza con una clase de yoga propuesta por la intrépida lider de las Hare Krishnas, y prosigue después del desayuno con la limpieza de una entrada nueva desde el estacionamiento (son unos 10 minutos de caminata dentro de un bosque para llegar a la reserva donde se hace el Festival). Hay que desviar el camino en los últimos 20 metros. Nos vamos con P., dama local, junto con su chica, B., diseñadoras de ropa y gente “quite fun”, B. tiene un par de aros de plástico nuevos para cada día. El de hoy son dos avionetas amarillas de cotillón (y en la semana serán pacman y fantasmita, transformers y otras cosas que ya no recuerdo). Nuestro lider es el herrero, J., que viaja con su familia, un conejo y dos gallinas (más un pollito) en un micro reconvertido en castillo que tiene un exterior decorado con ladrillos pintados. Un tipo silencioso que se la pasa haciendo cosas de acá para allá en su bicicleta (el campo es grande), enfundado en una camisola de cuero muy apropiada para un herrero. Una de las gallinas es de una variedad china, y parece una versión angora de un chanchito de la india con pico.
Se hace la hora del almuerzo y todavía no terminamos. La tarea de la tarde tarde va a ser ayudar con el armado de las carpas donde se van a poner algunos de los stands. En esto nos lidera E., que vendría a ser una especie de Teniente Castillo neozelandez, pero con sonrisa de oreja a oreja. Nos entusiasmamos y armamos la de los Hare Krishna sobre el campo, cuando en realidad va sobre el camino que va al río, así que la terminamos transportando a pata, en una maniobra de extrema dificultad (doce personas moviendo una carpa de unos 20+ metros de largo por unos 4+ de ancho, sobre calle de tierra. Logramos llegar sin lamentar pérdidas considerables.
Después nos vamos al río un rato, con R. y Y., que se pone a tocar la guitarra y empieza a sacar un instrumento atrás de otro de su mochilita viajera.
El miércoles nos ponemos a organizar las tuberías que llevarán el agua de aquí para allá, con M. (camionero neozelandez de gran sensibilidad) y L., la azafata mallorquina. Me empieza a agarrar una peste que me dura todo el día (empieza con nauseas y continua con un dolor de cabeza de la gran siete).
Pero de ende mientras las tareas son variadas, corriendo de acá para allá. Al final me doy por vencida y acepto que mejor me quedo a vigilar la puerta de entrada. H. y S. me preguntan a cada rato como me siento y si estoy tomando agua suficiente. Me termino acostando apenas termino de cenar.
Día tres. O sea jueves. Empiezo el día, ya recuperada, con otra clase de yoga. Para mañana hay que tener todo organizado porque ya va llegando la gente, así que es un día remolino. Seguimos corriendo de acá para allá, pero más rápido. Me engancho con el equipo de cortadores de pasto y seguimos dándole al área donde van a estar acampando las familias, cerca del río. La bordeadora es un camino de ida y a la tarde la perdemos a L. por un buen rato, que se niega a soltarla.
Además, en algún momento que ahora no recuerdo, lo seguimos por un rato a W., otro local que vive en su camión en la reserva (personaje) y que se auto asigna toda tarea que puede. Nos deja limpiando y rellenando de piedras el camino de las camionetas y motorhomes y se va a colgar luces con B., yanqui de Seattle que luego se nos desaparece por ahí, en fin.
Para el festival, H. me asigna al equipo de “Zero Waste” (o sea, basureros con ondina ecologista), nuestro lider temerario será J., que en la reunión de organización del equipo nos aclara que la ventaja de este equipo es que uno puede seguir levantando basura aunque esté borracho, así que no hay problema en que nos excedamos en consumos varios. J. es un capo. L. aclara que esto no incluye los baños y yo salto de contenta. (Error: canté victoria antes de tiempo.)
Después de lo de las piedras y el pasto (y sacar unos pilotes del suelo y...), quedó reventada y ya van 3 días sin bañarme, así que no me importa nada lo de las duchas y me pego una corrida al río, donde una pequeña local se mata de la risa de mi ataque de frio y me muestra como ella sí puede hacer una vertical abajo del agua. Y después una medialuna. Malditos niños.
A la tarde, el grupo Maõri dueño del lugar nos recibe en una ceremonia donde nos otorgan la responsabilidad y el uso de la tierra de la reserva. Muy emotivo. El lunes siguiente tendremos una donde se hará el proceso inverso, pero mientras tanto me siento un cachito más en casa.
A la noche me quedo un rato en la carpa de las Hare Krishnas (todavía no ví un chabón-HK acá laburando) con R., cantando el Hare-Hare-Rama-Rama, etc etc. La cocinera, Madhupuri, es además la música de la banda. Todos parecen medio apagados, ésta es gente rara.
Llega el viernes, primer día y empieza a caer gente al rancho. A la mañana corremos de acá para allá con decoraciones hasta que me engancha L. para ayudar con parking... pero por alguna razón extraña termino limpiando los baños... en fin, quedaron una pinturita. A la tarde hago mi primer guardia en el puesto de Zero Waste. Tenemos 9 categorías diferentes y la tarea es dirijir el tráfico, a saber:
- Vidrio
- Cartón y papel (limpios, señora, no, esa servilleta tiene demasiado aceite)
- Plásticos (sí, dice 'no cups', pero es porque las cups de coffe son de papel... no, la tapita sí es de plástico, ah, ¿que acá en NZ reciclan solamente 1 y 2 y esta es 5? Bueno, entonces tirela en la de Rubish... ah, ¿Eso no es plástico, es aleación de maiz (corn starch)?, bueno, al compost entonces)
- Botellas de leche de plástico (noooo! Bueno, no se preocupe, yo la cambio)
- Lata
- Aluminio
- Bolsas de plástico
- Food/Compost (orgánicos biodegradables)
- Último recurso (todo lo demás)
Los primeros momentos son un tanto desesperantes, la gente avanza con su basura y la tira en cualquier lado, pero después me calmo un poco y ya entro en modalidad agente de tránsito basuril. Además tengo la suerte de estar adelante del escenario, así que puedo ver las bandas que tocan.
Nos matamos de la risa con S., la catalana, sobre las actitudes de la gente. Los chicos son los que más se paran a mirar y pensar un rato antes de tirar la basura. Algunos de los grandes se molestan un poco y otros van derecho al canasto y después de tirarla te miran con cara de ¿ves? ¡yo sabía adonde iba!
Ayudo a una señora a tirar unos platos de plástico y un juego de cubiertos que parecen sospechosamente buenos, así que le pregunto un par de veces si está segura de tirarlos. La señora, toda sonrisas, me dice que sí, sí. A los tres segundos de que se va la amable viejita, aparece un muchacho desesperado a buscarlos, porque los había dejado un momento sobre uno de los bancos. El ritmo de reciclado toma velocidad.
El viernes a la tarde hacemos raid por los puestos, consigo yerba mate gracias a otro de los voluntarios que pasó por la estación de Zero Waste con uno abajo del brazo. Casi me le tiro al cuello y tuve que controlarme para no entrar en convulsiones cuando le vi el paquete. En el camino al puesto de yerba me encuentro con L., chileno de la Isla de Pascua que está viviendo en NZ desde los '70 y que me manda a verlo al W., un boquense de remera del Che con el que me quedo hablando un buen rato. Con L. también está M., ecuatoriana viajera que le habla a sus sobrinos en quechua y con la que charlamos un rato con la mayorquina, acerca de dios y los chicos, claro.
Mientras se va armando la fogata al lado del rio, el chileno pascuense nos cuenta a los catalanes y a mí de sus teorías sobre las estatuas de la Isla de Pascua. Definitivamente tienen que haber sido extraterrestres (o también se comenta de una bruja), es su conclusión de local.
Con R. degustamos todo vino de la Celtic Winery que tienen en cartel y decidimos que la mejor opción es una botella de mead wine. Bailoteamos un rato, ya venia siendo necesario. En la pista nos unimos a la mayor parte de la troupe wwoofer, anche organizadores, desesperados por mover las tabas. Improvisamos una tarantela con R., que se sigue ríendo con su risa de castorcito contento. Me pongo a hablar con P., un neozelandez, y nos vamos al río, que están dándole a los tambores. Llevo mi paranku viajero y me engancho en la batucada. Después le paso un rato el paranku a P. y me siento un rato a darle a un djembé grandote con gusto.
Al día siguiente tengo las manos un poquitín amorotonadas, además de una resaca mortífera (y algunos otros efectos secundarios, tendría que haberle puesto un almohadoncito al djembé, je). Pero quién te quita lo bailado, ¿eh?
El sábado empieza con guardia en la primer entrada, hacia donde nos lleva L. y nos deja ahí, con mi amiga la castora (R.), B. la-de-los-aros-locos y M. (holandesa que trata continuamente de no tomar las riendas de la organización). R. y B. arman su número del “possum aplastado por un auto” y no puedo parar de reirme.
Al mediodía de nuevo al puesto de Zero Waste y luego me quedo escuchando la música un rato, hasta que la resaca me manda a la carpa.
Me despierto el domingo en una islita seca en el medio del río-carpa. Se largó la tormenta de lo lindo y estamos todos medio sumergidos. Por suerte, la mayorquina y yo estamos en el único lugar que no tiene cuatro centímetros de agua en la carpa. Huyo despavorida. La lona del techo del comedor parece una bolsa de agua. La miramos con miedo con la cocinera hare krishna y llega el Teniente Castillo y le hace un tajito para que desagüe en vez de explotar.
Ultimo día del festival, pero los wwoofers vamos a andar por acá hasta el martes, así que se arman planes alternativos de alojamiento para la noche. De cualquier manera, ni los asistentes ni la banda wwoofer se asustan con la lluvia y todo sigue masomenos igual. La lluvia pasa para un lado, las nubes van para el otro, el viento no se decide, sale el sol y después se cae el cielo de nuevo. Obviamente, todo es un barrial. Con el frío, reaparece Nanny Blanket (alias L., la escocesa de voz de trueno que siempre anda con una botella de gin bajo el brazo). Los locales andan descalzos, aprovechando que lo único calentito a estas alturas es el barro. Los locales están locos.
De a poquito empiezan a desaparecer carpas y stands. La música sigue abajo de la carpa-patio-de-comidas e implementamos un nuevo raid, esta vez a por un pancho.
El lunes, ya no quedan muchas carpas en las áreas de camping. ¡Y se puede disfrutar el silencio de nuevo! En la reunión general nos alegramos con T., una alemana que está viajando con un embarazo incipiente (o un caso complicado de exceso de curry hare krishna), mientras tratamos de despertarnos y entender qué es lo que vamos a desarmar hoy.
Al mediodía hacemos la ceremonia inversa, para devolverle al grupo maõri la propiedad de la reserva (aclaremos que propiedad espiritual, porque las tierras son del gobierno). Se habla, se canta, hacemos un hongi comunal medio caótico y entramos a la carpa a tomar un té con galletitas y a darle a la guitarra un rato. Canta una maõrí, después un muchacho que parece alemán canta un rato en inglés y finalmente Y. se abalanza sobre la guitarra y todos aplaudimos emocionados al japonés mientras canta un par de canciones suyas en nihongo.
Y abajo carpas, decoraciones. A organizar cosas en cajas, levantar basura del suelo, desarmar las estaciones de zero waste y moverlas a la entrada y a nuestra actividad favorita de la tarde: Re-clasificar todo lo que durante estos tres días la gente estuvo tirando en los tachos de “Último recurso”. Pasamos por cerca de las nauseas a gritos de “¡¡miren lo que encontré!!”, “yo conozco esos zapatitos rosas”, “¿querés un durazno?” y volvemos a las nauseas de nuevo, las discusiones de qué va dónde y empezamos a resoplar y K., nuestro líder intrépido y tamborilero maõri, anche capoeira-teca, nos arenga para que sigamos, que estamos re-aprovechando un 85% de lo que se tiró originalmente. Finalmente nos tiene piedad y nos deja ir a tomar un té. Volvemos al rato y terminamos las últimas bolsas entre gritos de alegría.
Y con eso terminamos, me pego un baño antes de atacar la comida y estoy lista para la festichola wwoofer de la noche de despedida. Los adolescentes de la manada parece que han estado haciendo sus primeros pasos en las bebidas espirituosas, y una de mis compañeritas de la estación de reciclaje le pide a uno de los chicos su bastón, no para pegarle a su hermano, claro, ella es una pacifista.
Y el martes, me voy para Welly, para tomar el ferry a la Isla Sur.
Links anteriores:
Toma cuatro
Toma tres
Toma dos
Toma uno
Foticos:
Chalten @ Picasa
L., otra inglesa repatriada acá es una de las organizadoras y nuestro contacto wwoofer. Más gente interesante.
A eso de las 6 está lista la cena, y el equipo encargado de la misma está conformado
Del segundo día al cuarto nos reunimos cada mañana a planificar el día, y M. y L. (los organizadores) reparten las tareas. M. se encarga de volverla loca a H., la 'coordinadora en el campo de batalla', agregándole cosas que no estaban planeadas y pidiéndole gente que ella ya tenía acomodada en otros lados. Para el jueves, H. está en una especie de ataque nervioso continuo y se para a reir como una desquiciada en el medio de las reuniones. Nosotros no estamos en mejores condiciones :) M., una holandesa viajera, la persigue para que descanse un rato y después la mandan a una sesión de masajes porque todo esto es demasiado.
Entonces. Tareas. El segundo día empieza con una clase de yoga propuesta por la intrépida lider de las Hare Krishnas, y prosigue después del desayuno con la limpieza de una entrada nueva desde el estacionamiento (son unos 10 minutos de caminata dentro de un bosque para llegar a la reserva donde se hace el Festival). Hay que desviar el camino en los últimos 20 metros. Nos vamos con P., dama local, junto con su chica, B., diseñadoras de ropa y gente “quite fun”, B. tiene un par de aros de plástico nuevos para cada día. El de hoy son dos avionetas amarillas de cotillón (y en la semana serán pacman y fantasmita, transformers y otras cosas que ya no recuerdo). Nuestro lider es el herrero, J., que viaja con su familia, un conejo y dos gallinas (más un pollito) en un micro reconvertido en castillo que tiene un exterior decorado con ladrillos pintados. Un tipo silencioso que se la pasa haciendo cosas de acá para allá en su bicicleta (el campo es grande), enfundado en una camisola de cuero muy apropiada para un herrero. Una de las gallinas es de una variedad china, y parece una versión angora de un chanchito de la india con pico.
Se hace la hora del almuerzo y todavía no terminamos. La tarea de la tarde tarde va a ser ayudar con el armado de las carpas donde se van a poner algunos de los stands. En esto nos lidera E., que vendría a ser una especie de Teniente Castillo neozelandez, pero con sonrisa de oreja a oreja. Nos entusiasmamos y armamos la de los Hare Krishna sobre el campo, cuando en realidad va sobre el camino que va al río, así que la terminamos transportando a pata, en una maniobra de extrema dificultad (doce personas moviendo una carpa de unos 20+ metros de largo por unos 4+ de ancho, sobre calle de tierra. Logramos llegar sin lamentar pérdidas considerables.
Después nos vamos al río un rato, con R. y Y., que se pone a tocar la guitarra y empieza a sacar un instrumento atrás de otro de su mochilita viajera.
El miércoles nos ponemos a organizar las tuberías que llevarán el agua de aquí para allá, con M. (camionero neozelandez de gran sensibilidad) y L., la azafata mallorquina. Me empieza a agarrar una peste que me dura todo el día (empieza con nauseas y continua con un dolor de cabeza de la gran siete).
Pero de ende mientras las tareas son variadas, corriendo de acá para allá. Al final me doy por vencida y acepto que mejor me quedo a vigilar la puerta de entrada. H. y S. me preguntan a cada rato como me siento y si estoy tomando agua suficiente. Me termino acostando apenas termino de cenar.
Día tres. O sea jueves. Empiezo el día, ya recuperada, con otra clase de yoga. Para mañana hay que tener todo organizado porque ya va llegando la gente, así que es un día remolino. Seguimos corriendo de acá para allá, pero más rápido. Me engancho con el equipo de cortadores de pasto y seguimos dándole al área donde van a estar acampando las familias, cerca del río. La bordeadora es un camino de ida y a la tarde la perdemos a L. por un buen rato, que se niega a soltarla.
Además, en algún momento que ahora no recuerdo, lo seguimos por un rato a W., otro local que vive en su camión en la reserva (personaje) y que se auto asigna toda tarea que puede. Nos deja limpiando y rellenando de piedras el camino de las camionetas y motorhomes y se va a colgar luces con B., yanqui de Seattle que luego se nos desaparece por ahí, en fin.
Para el festival, H. me asigna al equipo de “Zero Waste” (o sea, basureros con ondina ecologista), nuestro lider temerario será J., que en la reunión de organización del equipo nos aclara que la ventaja de este equipo es que uno puede seguir levantando basura aunque esté borracho, así que no hay problema en que nos excedamos en consumos varios. J. es un capo. L. aclara que esto no incluye los baños y yo salto de contenta. (Error: canté victoria antes de tiempo.)
Después de lo de las piedras y el pasto (y sacar unos pilotes del suelo y...), quedó reventada y ya van 3 días sin bañarme, así que no me importa nada lo de las duchas y me pego una corrida al río, donde una pequeña local se mata de la risa de mi ataque de frio y me muestra como ella sí puede hacer una vertical abajo del agua. Y después una medialuna. Malditos niños.
A la tarde, el grupo Maõri dueño del lugar nos recibe en una ceremonia donde nos otorgan la responsabilidad y el uso de la tierra de la reserva. Muy emotivo. El lunes siguiente tendremos una donde se hará el proceso inverso, pero mientras tanto me siento un cachito más en casa.
A la noche me quedo un rato en la carpa de las Hare Krishnas (todavía no ví un chabón-HK acá laburando) con R., cantando el Hare-Hare-Rama-Rama, etc etc. La cocinera, Madhupuri, es además la música de la banda. Todos parecen medio apagados, ésta es gente rara.
Llega el viernes, primer día y empieza a caer gente al rancho. A la mañana corremos de acá para allá con decoraciones hasta que me engancha L. para ayudar con parking... pero por alguna razón extraña termino limpiando los baños... en fin, quedaron una pinturita. A la tarde hago mi primer guardia en el puesto de Zero Waste. Tenemos 9 categorías diferentes y la tarea es dirijir el tráfico, a saber:
- Vidrio
- Cartón y papel (limpios, señora, no, esa servilleta tiene demasiado aceite)
- Plásticos (sí, dice 'no cups', pero es porque las cups de coffe son de papel... no, la tapita sí es de plástico, ah, ¿que acá en NZ reciclan solamente 1 y 2 y esta es 5? Bueno, entonces tirela en la de Rubish... ah, ¿Eso no es plástico, es aleación de maiz (corn starch)?, bueno, al compost entonces)
- Botellas de leche de plástico (noooo! Bueno, no se preocupe, yo la cambio)
- Lata
- Aluminio
- Bolsas de plástico
- Food/Compost (orgánicos biodegradables)
- Último recurso (todo lo demás)
Los primeros momentos son un tanto desesperantes, la gente avanza con su basura y la tira en cualquier lado, pero después me calmo un poco y ya entro en modalidad agente de tránsito basuril. Además tengo la suerte de estar adelante del escenario, así que puedo ver las bandas que tocan.
Nos matamos de la risa con S., la catalana, sobre las actitudes de la gente. Los chicos son los que más se paran a mirar y pensar un rato antes de tirar la basura. Algunos de los grandes se molestan un poco y otros van derecho al canasto y después de tirarla te miran con cara de ¿ves? ¡yo sabía adonde iba!
Ayudo a una señora a tirar unos platos de plástico y un juego de cubiertos que parecen sospechosamente buenos, así que le pregunto un par de veces si está segura de tirarlos. La señora, toda sonrisas, me dice que sí, sí. A los tres segundos de que se va la amable viejita, aparece un muchacho desesperado a buscarlos, porque los había dejado un momento sobre uno de los bancos. El ritmo de reciclado toma velocidad.
El viernes a la tarde hacemos raid por los puestos, consigo yerba mate gracias a otro de los voluntarios que pasó por la estación de Zero Waste con uno abajo del brazo. Casi me le tiro al cuello y tuve que controlarme para no entrar en convulsiones cuando le vi el paquete. En el camino al puesto de yerba me encuentro con L., chileno de la Isla de Pascua que está viviendo en NZ desde los '70 y que me manda a verlo al W., un boquense de remera del Che con el que me quedo hablando un buen rato. Con L. también está M., ecuatoriana viajera que le habla a sus sobrinos en quechua y con la que charlamos un rato con la mayorquina, acerca de dios y los chicos, claro.
Mientras se va armando la fogata al lado del rio, el chileno pascuense nos cuenta a los catalanes y a mí de sus teorías sobre las estatuas de la Isla de Pascua. Definitivamente tienen que haber sido extraterrestres (o también se comenta de una bruja), es su conclusión de local.
Con R. degustamos todo vino de la Celtic Winery que tienen en cartel y decidimos que la mejor opción es una botella de mead wine. Bailoteamos un rato, ya venia siendo necesario. En la pista nos unimos a la mayor parte de la troupe wwoofer, anche organizadores, desesperados por mover las tabas. Improvisamos una tarantela con R., que se sigue ríendo con su risa de castorcito contento. Me pongo a hablar con P., un neozelandez, y nos vamos al río, que están dándole a los tambores. Llevo mi paranku viajero y me engancho en la batucada. Después le paso un rato el paranku a P. y me siento un rato a darle a un djembé grandote con gusto.
Al día siguiente tengo las manos un poquitín amorotonadas, además de una resaca mortífera (y algunos otros efectos secundarios, tendría que haberle puesto un almohadoncito al djembé, je). Pero quién te quita lo bailado, ¿eh?
El sábado empieza con guardia en la primer entrada, hacia donde nos lleva L. y nos deja ahí, con mi amiga la castora (R.), B. la-de-los-aros-locos y M. (holandesa que trata continuamente de no tomar las riendas de la organización). R. y B. arman su número del “possum aplastado por un auto” y no puedo parar de reirme.
Al mediodía de nuevo al puesto de Zero Waste y luego me quedo escuchando la música un rato, hasta que la resaca me manda a la carpa.
Ultimo día del festival, pero los wwoofers vamos a andar por acá hasta el martes, así que se arman planes alternativos de alojamiento para la noche. De cualquier manera, ni los asistentes ni la banda wwoofer se asustan con la lluvia y todo sigue masomenos igual. La lluvia pasa para un lado, las nubes van para el otro, el viento no se decide, sale el sol y después se cae el cielo de nuevo. Obviamente, todo es un barrial. Con el frío, reaparece Nanny Blanket (alias L., la escocesa de voz de trueno que siempre anda con una botella de gin bajo el brazo). Los locales andan descalzos, aprovechando que lo único calentito a estas alturas es el barro. Los locales están locos.
De a poquito empiezan a desaparecer carpas y stands. La música sigue abajo de la carpa-patio-de-comidas e implementamos un nuevo raid, esta vez a por un pancho.
El lunes, ya no quedan muchas carpas en las áreas de camping. ¡Y se puede disfrutar el silencio de nuevo! En la reunión general nos alegramos con T., una alemana que está viajando con un embarazo incipiente (o un caso complicado de exceso de curry hare krishna), mientras tratamos de despertarnos y entender qué es lo que vamos a desarmar hoy.
Al mediodía hacemos la ceremonia inversa, para devolverle al grupo maõri la propiedad de la reserva (aclaremos que propiedad espiritual, porque las tierras son del gobierno). Se habla, se canta, hacemos un hongi comunal medio caótico y entramos a la carpa a tomar un té con galletitas y a darle a la guitarra un rato. Canta una maõrí, después un muchacho que parece alemán canta un rato en inglés y finalmente Y. se abalanza sobre la guitarra y todos aplaudimos emocionados al japonés mientras canta un par de canciones suyas en nihongo.
Y abajo carpas, decoraciones. A organizar cosas en cajas, levantar basura del suelo, desarmar las estaciones de zero waste y moverlas a la entrada y a nuestra actividad favorita de la tarde: Re-clasificar todo lo que durante estos tres días la gente estuvo tirando en los tachos de “Último recurso”. Pasamos por cerca de las nauseas a gritos de “¡¡miren lo que encontré!!”, “yo conozco esos zapatitos rosas”, “¿querés un durazno?” y volvemos a las nauseas de nuevo, las discusiones de qué va dónde y empezamos a resoplar y K., nuestro líder intrépido y tamborilero maõri, anche capoeira-teca, nos arenga para que sigamos, que estamos re-aprovechando un 85% de lo que se tiró originalmente. Finalmente nos tiene piedad y nos deja ir a tomar un té. Volvemos al rato y terminamos las últimas bolsas entre gritos de alegría.
Y con eso terminamos, me pego un baño antes de atacar la comida y estoy lista para la festichola wwoofer de la noche de despedida. Los adolescentes de la manada parece que han estado haciendo sus primeros pasos en las bebidas espirituosas, y una de mis compañeritas de la estación de reciclaje le pide a uno de los chicos su bastón, no para pegarle a su hermano, claro, ella es una pacifista.
Y el martes, me voy para Welly, para tomar el ferry a la Isla Sur.
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sábado, 10 de enero de 2009
otro día en la vida de una wwoofa (toma cuatro)
Un poquito más al sur en estos días, todavía en la isla norte de Nueva Zelanda, en un pueblo que se llama Clive (cerca de Napier, una “ciudad art-deco”). El lugar se llama Hohepa Homes & Farms y es una fundación que trabaja con personas con discapacidades mentales, mayormente casos de síndrome de Down o autismo.
La chica se levanta a la mañana, se prepara un desayuno y a eso de las 7:30 empieza el día de trabajo en la granja. Esto es distinto que los lugares anteriores en varias cosas. Primero, el tamaño. Nada de parches pequeñitos de vegetales o jardines de casas, acá hay 200 metros de cebolla, otros tantos (o el doble) de maiz dulce, la
Además hay arvejas (también dulces). Y miles de metros de remolacha... puedo estar exagerando, pero parecieron miles cuando los tuvimos que desyuyar.
En realidad el parche mas complicado de desmalezar fue el de las cebollas. Pero finalmente las encontramos, estaban escondidas abajo de todo ese yuyerio. Al grito de we-eee-ding! we-eee-ding! decidimos que no iba a quedar un yuyo en pié. Por lo menos hasta la hora del break, que es a media mañana. Un té o un cafecito, alguna fruta y de nuevo al campo.
Hohepa tiene varias certificaciones de cultivo orgánico, Demeter y Bio-Gro (biodinamics). Y también tienen un tambo, con unas 50 vaquitas y un toro que aparece y desaparece. Con la leche (de las vacas) producen quesos: mozzarella, feta, y de rallar con semillas de anis (o fennel) y con ajo y albahaca. Tienen varios premios nacionales con sus mozzarellas y el queso feta. También hacen yoghurt griego (riquísimo con albaca o menta) y ricotta. En fin, realmente es un placer preparar un almuerzo teniendo a disposición estos manjares. ¡Zuchinis con gusto! ¡Cebollas con gusto!
Después del break seguimos con alguna otra cosa, como desyuyar. A veces también desyuyamos. Cuando nos aburrimos de desyuyar en un lado, seguimos haciéndolo en otro. Gracias Fruss por el comentario de las manos, me hizo sentir bien :)
Bueno, no es solamente combatir los yuyos. Otras tareas que hemos ido teniendo estas semanas han sido:
- Lunes, miércoles y viernes son días de cosecha, así que levantamos arvejas, remolachas, rabanitos, acelga, silverbeet (parecido a la acelga), ajos (¡riquísimos!), zuchini amarillos todavía con la flor pegada, bróccolis. Todo en cajas, se reserva algo para las casas y para la cocina de acá y el resto lo llevamos
al local de venta al público que hay a la entrada.- Replantar apio y perejil. Los bichitos estos empiezan en una maceta comunal, todo muy promiscuo, y los pasamos a los macetines donde van a alojarse los siguientes días hasta que estén listos para ir a la tierra.
- Plantar bróccoli (pasarlos de los macetines a la tierra con un tractor y una maquinola preparada a tal fin).
- Sembrar semillas de cabbage, kale y bróccoli en los macetines (las sembramos antes de ayer y hoy ya están asomando los brotecitos, cual ejército de zombies (verdes) surgiendo de la tierra. Son una ternurita.
- ¡Vacaciones en la quesería! Me calcé unos pantalones y remera de tambo, con sendas botas de gomas blancas prístinas y esterilizadas y me zambullí en el tambo, a dar vuelta quesos y estanterías y limpiar todo con una mezcla de limón y vinagre para que no se formen hongos. I., otro amable brasileño repatriado en NZ
- Preparar compost. Sería casi como cocinar una torta con los siguientes ingredientes: Paja, pasto, tierra, compost anterior, agua, fosfatos y azufre, lime (que no se qué es, pero es corrosivo) y bosta de vaca (licuidificada). Uno va creando varias capas de cada componente, intercalando colores de una manera muy artística, y luego se cubre todo con más paja y se deja fermentar por la cantidad de tiempo que sea necesario, al menos unos 5 o 6 meses. Esto es la receta para vegetales, hay otras recetas para otros cultivos, claro. Dice I. (otro I., este es un ex-programador de Oracle escocés que se vino a buscar un poco de aire y sol y trabaja acá desde hace unos años) que todavía después de mucho tiempo de armar la pila, uno no puede meter la mano por el calor que genera. El porqué uno querría meter la mano ahí es algo que no me resulta claro de entrada, pero bueno... hay gente para todo.
En el almuerzo nos juntamos todos en la casa de la granja (que es donde está la cocina, living y baños/duchas) y preparamos un almuerzo. P., un kiwi algo extraño, es una fuente de conversaciones interesantes a toda hora. La primer semana estabamos con M., la alemana y con M., una señorita austríaca, y tuvimos algunas conversaciones interesantes sobre métodos educativos.
Hohepa es una escuela también, basada en el método de Rudolf Steiner (Escuelas Waldorf), y es una comunidad anthroposófica. Hay que investigar.
En los últimos años y luego de algunas dificultades económicas cambiaron un poco la orientación e incorporaron nuevo management, de ese que uno prefiere no tener cerca, pero que rinde mejor en términos económicos. En fin, historia conocida.
La gente con la que trabajamos en la granja, y la que veo en las casas a la noche cuando vamos a cenar con los residentes dedica su vida a este trabajo. Es gente que está orgullosa de los productos que generan y gente interesante para hablar, incluyendo a G., el responsable de la granja, que es un neozelandez, no un kiwi, ¿eh?. Así que nos encontramos con un movimiento disidente a la identificación nacional con el plumífero. Omito hacer el comentario sobre los semejantes huevos del kiwi...
G., el 'neozelandés, no kiwi', con I. y G., los brasileños, nos cuentan sobre los métodos de cultivo 'alternativos' que usan acá, incluyendo preparados homeopáticos para mejorar las tierras y las plantas que pululan por aquí. Una tarde, yendo para Clive a tomar un micro para un festival de cine al aire libre, lo vi a G. de lejos rociando los límites del terreno con uno de esos preparados.
El otro día, mientras estabamos desyuyando los bróccolis me sorprendió una ráfaga de menta. En algunos lugares se puede oler incienso y mirra. Ah, y el olor ácrido de los tomates (y los 'perfumes' del campo, claro, chanchitos incluídos)... Este es un buen lugar, se respira tranquilidad.
El festival de cine era en un anfiteatro, en una de las vinerías (Black Barn) de Havelock North, un pueblo cercano. Fuí a ver “The edge of heaven”, una co-producción inglesa, alemana y turca. La película me gustó, una versión más simple y mejor lograda de “Babel”, aunque algunos cambios en los personajes no estaban muy bien justificados. La fotografía, muy buena. Y las actuaciones también. El micro era uno de esos ingleses de dos pisos, el típico micro rojo londinense. Así que fué un respiro vacacional en este tema del laburo de granja, el lugar estaba bastante elevado y se podía ver el atardecer sobre los viñedos, las montañas (Te Mata), el mar y Napier de fondo a lo lejos.
Una mujer que me levantó en auto ayer viniendo de Napier me dijo que ella también había ido, pero que justo se le había sentado un grupo de señoras excedidas en el buen vino local, y que se pasaron hablando toda la película.
A la noche vamos a cenar a alguna de las casas. La primer semana me quedé en Anyon House. Aunque al principio fué dificil, después me encontré bastante a gusto. Cuando llegó F., un chico alemán que está en plan de vacaciones juveniles que crashean un poco con el ritmo tranquilo de esta chica y de M., me pasé a la casa donde M. va a cenar, Ruby House. En las casas viven los residentes con los encargados de casa (House parents les dicen por acá). De acuerdo a los diferentes niveles de discapacidad, los residentes pueden trabajar acá o afuera, estudiar en los talleres, o algunos necesitan cuidados contínuos. Hay casas 'de transición' donde están las personas que van a salir de los hogares.
Hay una escuela para chicos también, en una comunidad cercana, Poraite. Acá en Hohepa son todos adultos.
Otras cosas que anduve haciendo estos días fué:
- Dulce de leche. Esta vez, casi me sale :) Quedó un poco duro, pero definitivamente más untable que la anterior.
- Sigo con el 'diseño' del web site de RM, una holandesa que vive en Waiheke y que necesitaba un cambio de cara a su site.
- Empecé a leer The whale rider, de Witi Ihimaera. Leyendo las cosas de Cixous en el DVD de M'o (¡Gracias de nuevo!)
- Caminar a Napier, para la fiesta de fin de año. Tuvieron unos fuegos artificiales en la playa, y música. Empezamos la vuelta con M. un ratito antes de las 12:00AM para ver los fuegos artificiales sobre el mar.
- Intentar caminar para el lado de Cape Kidnappers. No llegué, pero vi unos lugares muy bonitos en el camino. Son las fotos de los patos, cisnes y plantaciones de manzana que están en Picasa.
- Hicimos tarde de cine con M. y vimos Persépolis. Me hice de una botellita de un vino blanco local (variedad Müller-Thurgau) en el super de Clive y nos tiramos en el sillón a ver la peli en la maquinola.
- Cosechar higo de tuna de la playa camino a Napier. La pucha que vale la pena estar vivo... ya me había olvidado el tema de esas espinitas...
Ya este lunes emigro para la costa oeste, a mi siguiente lugar de wwoofeo. Más noticias en un próximo boletín.
sábado, 3 de enero de 2009
Un día en la vida de una wwoofa (toma tres)
Todavía en Waiheke, y la madrugada de la isla encuentra a esta chica pasando a la clandestinidad wwoofer, en la casa de K. (caballero inglés), que no es un Host oficial, pero que parece bastante interesado en el 'código de honor' de la institución. Por suerte, no hay ninguno escrito, más allá de la recomendación de ayudar a lavar los platos cuando se termina de cenar.
La hospitalidad kiwi es muy extraña, esta gente te invita a su casa y después se va a pasear por ahí. Al inquirir a mi contacto oficial kiwi sobre si esto era una una práctica común en estas islas, respondiome que sí. Así que unos días de soledad me vinieron muy bien, unas mini-vacaciones dentro de estas vacaciones.
Aproveché para darme una vuelta por una reserva que hay acá, Whakanewha (foticos en Picasa), donde papá oystercatcher me corrió un rato porque me acerqué demasiado a su pichón oystercatcher. Bueno, la playa era grande.
Acá va una muestra de un Tui cantando un poco:
Entonces, las tareas de estas semanas han sido, entre otras:
- Replantar tomates (a definir si es una buena idea esto de usar los tomates que van brotando de la tierra de compost, o seasé los hijitos de las ensaladas del año pasado, habría pronósticos de insípidez).
- Mover madera a una pila de leña (quedó un primor).
- Desyuyar, desyuyar, desyuyar... Thoreau no entendía nada, obviamente.
- Lijar sillas 'recuperadas' de la última semana de basura inorgánica en la isla. Hacen juego con la mesa 'recuperada' en la semana inorgánica de hace dos años atrás.
- Plantar fertilizante
- Regar las plantas
- Mover un monstruo de aloe (eso no era una planta, era un trífido y trató de matarme!)
- Luchar contra el jazmín trepador (un hermoso jazmín del país). Pobre jazmín. El árbol que estaba abajo fué gratamente sorprendido (o no) cuando vió el sol de nuevo.
Y me autoasigné un par de experimentos. Uno de los cuales fué probar la 'marmite', un extracto de levadura que hacen acá y que, según mi contacto oficial kiwi, los locales usan de variadas maneras, desde como pasta untable para las tostadas hasta como base de sopa instantánea, mezclándola con agua caliente. K. procede a elevar la apuesta, agregando degustación de 'vegemite', la versión australiana. Todo un desafío. Por suerte me gustó más la marmite, que sino Alex no me dirije más la palabra, sospecho.
Otro de los experimentos fué usar un tubérculo neozelandéz como base para preparar ñoquis de papa. O sea, cociné ñoquis de kumara. Hemos avanzado varios años desde aquellos horrendos ñoquis de azúcar impalpable (24 años después, me tenían que salir bien...). Así que seguí la receta de Blanca Cotta (usando harina leudante en lugar de harina común o, dios no lo permita, azúcar impalpable) y preparé una salsita Alfredo para acompañar. Bastante bien, aunque K. estaba un poco preocupado por mis posibles demandas como wwoofer luego de que fuera yo la que cocinara.
Dado que era la semana Navideña (y que mi anfritrión fué tan amable de incluirme en sus planes), anduve de aquí para allí conociendo gente de la isla. Gente interesante, historias interesantes.
El sábado aproveché a pasear un rato por el mercado de productos orgánicos y artesanías, y el domingo rumbeé para el festejo del Solsticio de Verano en un centro local de Narradores, "Había una vez en una Isla", que festejaba sus dos años con una fiesta, armado de girasoles, juegos con soles y narración de la leyenda de Maui y sus hermanos (hermanas + hermano en esta versión), capturando al sol para que no pase tan rápido. Y ciruelas y torta de zanahoria y cupcakes con crema de limón que estaban riquísimos. La piñata se resistió a marcar el cierre, así que tuvimos que esperar un rato para atacar las delicias. Tanya (la dueña del establecimiento y cuentista) dijo que el año que viene la piñata la iban a armar ellos, ésta era indestructible.
En la vuelta a la casa, aproveché y me armé de un paquete de fish 'n chips (pescado con papas fritas, que le dicen).
Costumbres extrañas que tiene la gente en estas Navidades Oceánicas:
- Crackers: Estos eran como unos caramelos de papel gigantes, y los chicos (2) los agarraban desde cada punta y tiraban para que explotaran. Adentro había una sorpresa. Ahora entiendo Harry Potter. Yo pensé que eran galletitas...
- Boxing day: El día después de Navidad en Inglaterra. Según K., porque la gente en UK empaquetaba la comida en cajas y las daba a la gente pobre. Nuevamente, he vivido en el error... yo pensaba que era por la revolución de los boxers en China... estem...
- Torta de Navidad... bueno, eso. Comen torta, en Navidad. Y la llaman torta de Navidad. En fin, gente extraña.
- El 24 está mas muerto que... bueno, no soy Ricnar. No sale nadie el 24. La gran fiesta familiar es el 25 de diciembre.
- Sombrero de Navidad. No me pregunten, me agarré uno y lo usé. Sin comentarios.
Pasé el 24 a la noche en una playa vacía, con las macadamias en chocolate que me quedaban y una Leffe que nunca había probado (ni blonde, ni brune, ni triple... ¿zombie?).
Y charlas, charlas, charlas.
Y un poster que me encuentro arriba de la mesa, muy divertido (y revelador):
http://www.joeydevilla.com/2008/12/04/kiwi-vocab-how-to-speak-new-zillund/
Y esto de llegar a un lugar e irse se hace más complicado cuanto uno más conoce a la gente.
sábado, 27 de diciembre de 2008
biblioteca viajera
Que vengo leyendo:
Lonely Planet New Zealand
Zen bones, zen flesh, Paul Reps y Nyogen Senzaki
The empty space, Peter Brook
Why Are All The Black Kids Sitting Together in the Cafeteria?, Beverly Daniel Tatum (Gracias L.!)
Virginia Woolf's nose: Essays on biography, Hermione Lee
From my guy to sci-fi: Genre and Women's writing in the postmodern world, Helen Carr
The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom, by Jonathan Haidt (Gracias K.!)
Que quiero leer algún día
Murakami Haruki, What i talk about when i talk about running
Cats in books
Nuns having fun, Maureen Kelly
Unbeaten tracks in Japan, Isabella Bird
Virginia Woolf, Hermione Lee
The new book of middle eastern food, Claudia Roden
The whale rider, Witi Ihimaera
Lonely Planet New Zealand
Zen bones, zen flesh, Paul Reps y Nyogen Senzaki
The empty space, Peter Brook
Why Are All The Black Kids Sitting Together in the Cafeteria?, Beverly Daniel Tatum (Gracias L.!)
Virginia Woolf's nose: Essays on biography, Hermione Lee
From my guy to sci-fi: Genre and Women's writing in the postmodern world, Helen Carr
The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom, by Jonathan Haidt (Gracias K.!)
Que quiero leer algún día
Murakami Haruki, What i talk about when i talk about running
Cats in books
Nuns having fun, Maureen Kelly
Unbeaten tracks in Japan, Isabella Bird
Virginia Woolf, Hermione Lee
The new book of middle eastern food, Claudia Roden
The whale rider, Witi Ihimaera
sábado, 20 de diciembre de 2008
otra que se nos va

Via Planeta Axxón, via cienciaficcion.com, anteayer se nos fué Majel Barrett-Roddenberry, la Enfermera (luego Doctora) Chapel de Star Trek.
Había leído por ahí que en un primer momento la idea de Gene Roddenberry había sido que el Enterprise fuera comandado por ella, y en el piloto "The Cage" (con un actor que no es William Shatner como el cápitan de la nave) ella actúa como la primer oficial.
Interesante concepto para la época, sumado a la idea de la oficial de comunicaciones negra (Uhura andaba la última vez que la ví dando vueltas por Héroes).
miércoles, 17 de diciembre de 2008
un día en la vida de una wwoofa (toma dos)
Colectivo y ferry a la isla Waiheke y me encuentro con J., español radicado entre acá y el Tibet, que vive con R., mi anfitriona de esta semana. En el camino levantamos a otra argentina que anda por acá en plan de working holiday y nos caemos los tres a lo de R., que nos invita un té.
A la llegada la habitación sorprende, parece más un templo hindú que una habitación. En realidad, le han asignado a esta chica el rincón de la casa destinado a meditación y yoga (esta chica está en casa de budistas, parecería ser), con varios tapices mostrando imágenes de Tara blanca, que según R., la dueña de casa (inglesa viviendo en NZ desde hace más de 30 años), simboliza lo relacionado con la curación (¿donde me metí, Fabi?). La habitación es realmente, como dicen por acá, 'lovely'.
Misión del día uno: limpiar un jacuzzi con un balde de agua con detergente y dos sin (acá el agua es de lluvia y no se puede malgastar demasiado), tres trapos, dos pinceles artísticos y un destornillador. Lleva su mañanita, pero quedó bastante bien la cosa. Después se larga a llover, claro (igual tenía tapa).
A la tarde algo liviano, regar un poco las plantas y cosas de la casa. Ya sabía que esto iba a pasar, extraño la comida de M. y el ambiente familiar de la otra casa. Por otro lado, acá hay una linda bibliotequita, así que pispeo un rato técnicas de mosaico.
Misión del día dos: Nos ibamos a ir a pintar la otra casa, pero se largó la lluvia, se largó. Así que como viene gente a la tarde (R. va a hacer una ceremonia de limpieza de la casa que está vendiendo, con una shamana y algunas amigas), empiezo la ceremonia de limpieza más temprano. Mi versión es un poco más moderna e incluye una aspiradora que es el state-of-the-art de las aspiradoras. Mas linda que mi aspiradora, y además de que el modelo se llama 'Dyson', tiene forma de cohete de protones, así que me siento cual cazafantasma mientras voy por ahí limpiando. Una se divierte barato.
Y llega la gente y nos vamos a darle a los tambores por toda la casa (muy linda la ceremonia). Después, para variar, nos quedamos charlando y tomando té.
Su, acá se consigue un té de licorice que te gustaría mucho, me parece.
Misión del día tres: la pintura se demora por la lluvia, así que nos ponemos a diseñar el store de R. en Etsy.com. Hacía años que no veía nada de esto (esto vendría a ser qué se hace para armar una imagen y que quede potable) y de a poco me fuí acordando. Aguante Gimp! Finalmente, quedó bastante bonito, pueden darse una vuelta por http://sacredspirals.etsy.com y de paso pispear qué hace R.
Misión del día cuatro: Finalmente, día de pintura. Conozco a D., un chico chileno que está en la isla con su polola, se vinieron con una working holiday para aprender inglés. El pobre chico es contador y para peor, laburaba en E&Y. La pasamos bien charlando sobre la diferencia de algunas palabras en argentino y en chileno, y sobre los planes de viaje y sobre cualquier banana, basicamente. La cosa se pone un poco edgy entre R. y J., que andan estresados por la venta de las casas. Pero ya mañana me voy para Auckland, que el sábado tiene práctica Haere Mai y me dijeron que podía pasar a visitarlos. Así que repito el mantra "taikoooo... taikoooo" y trato de pasarla bien dándole al pincel.
A la noche, cena de chicas. Ambiente distendido y conversaciones interesantes. Muchas religiones dando vueltas, muchas anécdotas de vida en comunas. Vidas extrañas. No como la de una, claro.
Día cinco: J. no pasa a buscarnos para ir a pintar, estos chicos... Así que le damos a la compu toda la mañana, terminamos de configurar el store y de subir las fotos. Así que nos ponemos a sacar fotos, R. me cuenta sobre las piedras con las que trabaja, como las fué coleccionando y cómo es la vida por estos lados, cómo fué cambiando la vida en la isla en los años que estuvo por acá, y entre las dos intercambiamos ideas sobre "dios y los chicos, y otros cuentos".
Y me vuelvo a Auckland por un día, el viaje en el ferry es bien ventoso y parece que se viene una tormenta que bueno bueno apenas nos acercamos a la ciudad. Aprovecho y me relajo saliendo a cenar un poco, la primer cena afuera que tengo desde que salí. La camarera es tailandesa y su hermano vive en Chile. Me cuenta que sus sobrinitos hablan castellano muy bien.

En el hostel, comparto habitación con una chica alemana, ciclista-pura-fibra, y una yanqui de Seattle, super tímida. Salgo a averiguar como llegar mañana al lugar donde practica el grupo.
Taikooooo: ¡por fin! Rumbeando para el reducto de Haere Mai, los encuentro en el mejor momento... descargando tambores... y bué... que le hace una mancha más al tigre... gente super amable y me invitan a participar de la clase para principiantes, así que le damos a taiko bayashi sin asco. A la salida (carga de tambores), P. sale descalza cargando un wadaiko grandote mientras repite... "En New Zealand no usamos zapatos". A la alemana como que se le pianta un lagrimón, lamentablemente el suelo es de grava con piedras sueltas. En fin... adonde fueres (no, yo no, ¿eh?, yo Argentina y con zapatillas).
Este es el video que les decía del tema ese en el que se "pelean por tocar":
A., vasco él, me deja en Ponsonby, barrio cheto con casitas de fines del siglo XIX, desde donde me vuelvo caminando (a instancias de amable señor descendiente de portugueses que me insiste en no tomar el colectivo, el señor tenía razón, era un lovely day).
Y ferry de vuelta para Waiheke. Me encuentro a M., una cantante maorí y nos ponemos a charlar un rato (Argentina, New Zealand, Australia, la conexión de la gente con los lugares, etc). Parece negra y me dice que mucha gente le pregunta dónde aprendió a hablar inglés tan bien, se mata de la risa y me dice "yo nací acá". Ama New Zealand y se le nota. Me cuenta de las ballenas y los delfines alrededor de la isla, le digo que tenemos las mismas ballenas en Península Valdés.
El otro día, mirando un libro de uno de los escritores locales, Witi Ihimaera (el de Jinete de Ballenas), encontré al azar un capítulo que decía que migraban entre las aguas de Oceanía y Valdés. No se si será cierto o una licencia literaria, pero igual es una idea interesante.
M. me dice que su ex vive en Australia, y que si no fuera poco con las serpientes y arañas peludas, allá hasta tienen tiburones en el río.
Ya G. en Waiheke se había reído bastante con la editorial de una revista de opinión de acá (The Listener), que cerraba con un "lo mejor que tiene Australia son sus Neozelandeces".
De vuelta en la isla, hay villancicos navideños en la playa, así que rumbeo para ahí y me quedo tarareando un rato, pizza, colectivo y a la cucha.

Día siete: Hoy mudanza a lo de K., mi siguiente lugar, pero antes ayudarla a R. con el stand en la feria y arreglar con otra vecina, S., para pasar otro día a ayudarla un rato con el jardín. M. es una de las cantantes que participa en la feria, así que hasta la pude escuchar cantar un rato.

Y lo de K. es otra historia, para contar otro día.
Misión del día uno: limpiar un jacuzzi con un balde de agua con detergente y dos sin (acá el agua es de lluvia y no se puede malgastar demasiado), tres trapos, dos pinceles artísticos y un destornillador. Lleva su mañanita, pero quedó bastante bien la cosa. Después se larga a llover, claro (igual tenía tapa).
A la tarde algo liviano, regar un poco las plantas y cosas de la casa. Ya sabía que esto iba a pasar, extraño la comida de M. y el ambiente familiar de la otra casa. Por otro lado, acá hay una linda bibliotequita, así que pispeo un rato técnicas de mosaico.
Misión del día dos: Nos ibamos a ir a pintar la otra casa, pero se largó la lluvia, se largó. Así que como viene gente a la tarde (R. va a hacer una ceremonia de limpieza de la casa que está vendiendo, con una shamana y algunas amigas), empiezo la ceremonia de limpieza más temprano. Mi versión es un poco más moderna e incluye una aspiradora que es el state-of-the-art de las aspiradoras. Mas linda que mi aspiradora, y además de que el modelo se llama 'Dyson', tiene forma de cohete de protones, así que me siento cual cazafantasma mientras voy por ahí limpiando. Una se divierte barato.
Y llega la gente y nos vamos a darle a los tambores por toda la casa (muy linda la ceremonia). Después, para variar, nos quedamos charlando y tomando té.
Su, acá se consigue un té de licorice que te gustaría mucho, me parece.
Misión del día tres: la pintura se demora por la lluvia, así que nos ponemos a diseñar el store de R. en Etsy.com. Hacía años que no veía nada de esto (esto vendría a ser qué se hace para armar una imagen y que quede potable) y de a poco me fuí acordando. Aguante Gimp! Finalmente, quedó bastante bonito, pueden darse una vuelta por http://sacredspirals.etsy.com y de paso pispear qué hace R.
Misión del día cuatro: Finalmente, día de pintura. Conozco a D., un chico chileno que está en la isla con su polola, se vinieron con una working holiday para aprender inglés. El pobre chico es contador y para peor, laburaba en E&Y. La pasamos bien charlando sobre la diferencia de algunas palabras en argentino y en chileno, y sobre los planes de viaje y sobre cualquier banana, basicamente. La cosa se pone un poco edgy entre R. y J., que andan estresados por la venta de las casas. Pero ya mañana me voy para Auckland, que el sábado tiene práctica Haere Mai y me dijeron que podía pasar a visitarlos. Así que repito el mantra "taikoooo... taikoooo" y trato de pasarla bien dándole al pincel.
A la noche, cena de chicas. Ambiente distendido y conversaciones interesantes. Muchas religiones dando vueltas, muchas anécdotas de vida en comunas. Vidas extrañas. No como la de una, claro.
Día cinco: J. no pasa a buscarnos para ir a pintar, estos chicos... Así que le damos a la compu toda la mañana, terminamos de configurar el store y de subir las fotos. Así que nos ponemos a sacar fotos, R. me cuenta sobre las piedras con las que trabaja, como las fué coleccionando y cómo es la vida por estos lados, cómo fué cambiando la vida en la isla en los años que estuvo por acá, y entre las dos intercambiamos ideas sobre "dios y los chicos, y otros cuentos".
Y me vuelvo a Auckland por un día, el viaje en el ferry es bien ventoso y parece que se viene una tormenta que bueno bueno apenas nos acercamos a la ciudad. Aprovecho y me relajo saliendo a cenar un poco, la primer cena afuera que tengo desde que salí. La camarera es tailandesa y su hermano vive en Chile. Me cuenta que sus sobrinitos hablan castellano muy bien.
En el hostel, comparto habitación con una chica alemana, ciclista-pura-fibra, y una yanqui de Seattle, super tímida. Salgo a averiguar como llegar mañana al lugar donde practica el grupo.
Taikooooo: ¡por fin! Rumbeando para el reducto de Haere Mai, los encuentro en el mejor momento... descargando tambores... y bué... que le hace una mancha más al tigre... gente super amable y me invitan a participar de la clase para principiantes, así que le damos a taiko bayashi sin asco. A la salida (carga de tambores), P. sale descalza cargando un wadaiko grandote mientras repite... "En New Zealand no usamos zapatos". A la alemana como que se le pianta un lagrimón, lamentablemente el suelo es de grava con piedras sueltas. En fin... adonde fueres (no, yo no, ¿eh?, yo Argentina y con zapatillas).
Este es el video que les decía del tema ese en el que se "pelean por tocar":
A., vasco él, me deja en Ponsonby, barrio cheto con casitas de fines del siglo XIX, desde donde me vuelvo caminando (a instancias de amable señor descendiente de portugueses que me insiste en no tomar el colectivo, el señor tenía razón, era un lovely day).
Y ferry de vuelta para Waiheke. Me encuentro a M., una cantante maorí y nos ponemos a charlar un rato (Argentina, New Zealand, Australia, la conexión de la gente con los lugares, etc). Parece negra y me dice que mucha gente le pregunta dónde aprendió a hablar inglés tan bien, se mata de la risa y me dice "yo nací acá". Ama New Zealand y se le nota. Me cuenta de las ballenas y los delfines alrededor de la isla, le digo que tenemos las mismas ballenas en Península Valdés.
El otro día, mirando un libro de uno de los escritores locales, Witi Ihimaera (el de Jinete de Ballenas), encontré al azar un capítulo que decía que migraban entre las aguas de Oceanía y Valdés. No se si será cierto o una licencia literaria, pero igual es una idea interesante.
M. me dice que su ex vive en Australia, y que si no fuera poco con las serpientes y arañas peludas, allá hasta tienen tiburones en el río.
Ya G. en Waiheke se había reído bastante con la editorial de una revista de opinión de acá (The Listener), que cerraba con un "lo mejor que tiene Australia son sus Neozelandeces".
De vuelta en la isla, hay villancicos navideños en la playa, así que rumbeo para ahí y me quedo tarareando un rato, pizza, colectivo y a la cucha.
Día siete: Hoy mudanza a lo de K., mi siguiente lugar, pero antes ayudarla a R. con el stand en la feria y arreglar con otra vecina, S., para pasar otro día a ayudarla un rato con el jardín. M. es una de las cantantes que participa en la feria, así que hasta la pude escuchar cantar un rato.
Y lo de K. es otra historia, para contar otro día.
martes, 16 de diciembre de 2008
por un tantito así

Qué cerca que estuviste, chabón.
http://www.nytimes.com/2008/12/16/world/middleeast/16shoe.html?_r=2&partner=rss&emc=rss
"(...) In the Baghdad neighborhood of Sadr City, people calling for an immediate American withdrawal removed their footwear and placed the shoes and sandals at the end of long poles, waving them high in the air. And in the southern Iraqi city of Najaf, people threw their shoes at a passing American convoy. (...)
“Although that action was not expressed in a civilized manner, it showed the Iraqi feelings, which is to object to the American occupation,” said Qutaiba Rajaa, a 58-year-old physician in Samarra, a Sunni stronghold north of Baghdad.
But many more expressed undiluted pleasure. “I swear by God that all Iraqis with their different nationalities are glad about this act,” said Yaareb Yousif Matti, a 45-year-old teacher from Mosul, in northern Iraq.(...)"
Via BoingBoing.com, muy bueno el comentario de Cory Doctorow:"(...) the world press has rushed to tell us that throwing shoes is a really bad thing in the Arab world. Not like here in the west, where it's a gesture of affection." o
"la prensa mundial se apresura a aclarar que tirar zapatos es una cosa realmente mala en el mundo árabe. No como acá en occidente, donde es un gesto de afecto.
Via la CNN:
http://edition.cnn.com/2008/WORLD/meast/12/15/shoe.reporter.profile/index.html
Mientras tanto, por acá, un esclarecido periodista kiwi asegura que "lo único que tenemos que hacer para evitar la crisis económica es parar de mandarle plata al gobierno estadounidense".
Y via boingboing también: http://www.boingboing.net/2008/12/15/iraq-shoe-tosser-guy.html
sábado, 13 de diciembre de 2008
connie willis tenía razón

Los villancicos navideños son un peligro...
On the twelfth day of Christmas my true love sent to me,
Twelve possums playing
Eleven wetas racing
Ten tui tapping
Nine paua paddling
Eight wild pigs
Seven merry moa
Six sheep a surfing
Five moreporks
Four tuatara
Three sporty eels
Two trout on skis
And a kiwi in a kauri tree.
Imagenes explicativas en The New Zealand 12 Days of Christmas.
Raddy: Me acabo de hacer una caminatita peor que aquella de Palo Alto. Los kiwis no iluminan las calles periféricas. La periferia tampoco tiene muchas casas. La periferia está al lado de una reserva ecológica. No sabés como te extrañé.
jueves, 11 de diciembre de 2008
durmiéndose en clase
¿Adivinen quién no estaba escuchando a la profesora en Camuflaje I?

Sí, sí, después se acordó, "soy una ramita, me mece el viento", y empezó a balancearse... pero como que el lugar no le cerraba...
Sí, sí, después se acordó, "soy una ramita, me mece el viento", y empezó a balancearse... pero como que el lugar no le cerraba...
lunes, 8 de diciembre de 2008
un día en la vida de una wwoofa (toma uno)
Una se levanta a la mañana en una casa que no es suya, se acicala, se calza los pantalones más gruesos que encuentra y las botas de goma y se va para la otra casa que tampoco es suya.

En la otra casa se saca las botas en la puerta y se entra, se saluda, buen día, buen día, qué tal, como está el clima. No, el servicio meteorológico de NZ tampoco funciona.
Se prepara el desayuno alegremente, que consta en general de unos mates (ya han pasado los comentarios risueños acerca de que el mate de una parece una pipa de crack, y de que si es legal o es ilegal, y se han hecho las demostraciones de rigor presentando a los anfitriones neozelandeces un mate cebado como se debe :) ) y de un par de rodajas de pan tostado con miel caserita de las abejas de acá (hoy me corrió una).
A eso de las 9:00 se enfila para el lado de la tarea de la mañana. Tarea de la mañana en estos pagos se define como algo que uno no haría en ningún otro momento que se lo pudiera pensar mejor. Ejemplo, mover esas piedras de acá hasta allá. O limpiar de arbustos espinosos (goarse) un campo en 45° de declive (puedo estar exagerando...). O clavar postes a la cerca. Por suerte a los guantes y ropa de trabajo se suman unos guantes dobles y un protector de brazos, invento japonés.

Cada tanto, cuando nos cansamos, nos sentamos un rato a recuperar el aliento. El ritmo es tranquilo. Pero el aliento escasea. :)
Cambio de tarea y el entretiempo es, muy british, con un té. Charla con G. y M. de economía y política internacional y de como la educación va para atrás y las financieras acá se funden y el valor de la propiedad baja y...
...cuando nos cansamos de deprimirnos, volvemos a trabajar con algo más livianito, para mechar un poco, como sacar raíces de la tierra donde se van a plantar verduritas o levantar hojas de comfry para fertilizante líquido o buscar hojas de bambú para las terrazas donde se plantan las anteriormente mencionadas verduritas.
¡Almuerzo! Dos sanguches que prepara M. Una de las mejores cocineras de la galaxia, sino del universo, acompañados de un técito. El otro día G. me mostró el álbum de fotos de la familia de él. Padre piloto en la segunda guerra (Dresden inclusive), madre técnica en electrónica de aviones. Ahora está casado con una japonesa y uno de sus mejores amigos es un alemán. Las guerras les sirven a los de arribita, nomás.
Y después del almuerzo vemos que nos toca. Algo más livianito para la tarde, como cascar nueces de macadamia y clasificarlas por tamaño, o bañarlas en chocolate usando ohashi.

O ir a buscar mariscos a la playa para el tempura de la cena.

O a seguir charlando con el comfry... o por ahí desyuyear alguna de las terrazas. Siempre trabajamos en patota, lo que lo hace más interesante. Cada tanto alguien pregunta o cuenta algo. A saber:
- Los planes de G. en los últimos años para el lugar donde estamos trabajando, que había ahí cuando llegaron. Qué va a haber en unos meses.
- Explicación de técnicas de construcción yanquis por L., la neoyorquina, que trabaja en el verano en un campamento de jóvenes.
- Autores japoneses por M., que estudió Literatura y que, claro, recomienda leer a Murakami Haruki. Le pregunté por Banana Yoshimoto y me dice que el primero es interesante por lo nuevo, pero que después siguió escribiendo lo mismo.
- Definiciones sobre el matrimonio, uniones civiles y esas cosas.
- Educación, educación, educación. No hay un panorama positivo acá tampoco.
- Comparativa de tradiciones o "buenas maneras" en tres o cuatro de las culturas que conocemos entre todos.
- Costumbres locales de... Argentina: vino en pingüinos, mate, día de los ñoquis; New Zealand: Tramping (no, no es eso, es montañismo), Rugby league (no es el común, no, este es "de hombrecitos"); Japón: cómo dejar los zapatos en la puerta, como darse cuenta que ya es hora de picarselas si uno empieza a saludar inclinándose cuando habla por teléfono.
- Cómo era irse de tramping acá en NZ hace unos 20 o 30 años.
- Anécdotas de viaje, comidas de viaje (el jamón y el queso en un pueblito de Italia, por ejemplo).
- Nombres de flora y fauna, local o importada; nombres de frutas, manera de prepararlas.
- Técnicas orgánicas (ah, claro, ¡me olvidaba!)
- Oh-tantas-cosas...
Y luego, a bajar mails, más té o mugui-cha frío si hace mucho calor. Y una ducha (dos quilos de tierra menos) y a cambiarse. Y a caminar por ahí o seguir con la compu hasta la cena.
En otra de las excursiones fotográficas de G., nos mostró fotos de sus épocas de buzo. Impresionantes los bichos en los mares de NZ.
La cena es a las 18:00, claro. Y esto de que el primer lugar por el que pase sea la casa de la mejor cocinera del universo conocido... va a complicar las cosas para el resto del viaje. G. y M. hacen su propio vino, de guava, de uva y también honey mead. Tengo que aprender a hacerlo, que es muy rico.
El sábado pasado cociné empanadas y este (hoy) voy a cocinar ñoquis de papa con salsa de crema, jamón y hongos. L. preparó el domingo algunas recetas de comida India del padre y de la hermana. Así que con eso y los okonomiyake, tempura, sushi, kuni-manju, tartas, oniguiri, pizzas y picadas multicolores y multicomponente de M., tenemos por lo menos 3 o 4 continentes cubiertos. Siempre cenamos con ohashi, excepto para las empanadas y los kunimanju, por razones obvias.
Y luego una se vuelve a la otra casa y se lee un rato, o se escribe algún artículo para el blog (como éste), o se repasa algo a ver si se inspira de una vez por todas y termina ése cuento de una buena vez (no, ése todavía no, Dany! :) ).
Y el día se termina mirando a Venus por la ventana (si no está nublado) y yéndose (una) a dormir.

En la otra casa se saca las botas en la puerta y se entra, se saluda, buen día, buen día, qué tal, como está el clima. No, el servicio meteorológico de NZ tampoco funciona.
Se prepara el desayuno alegremente, que consta en general de unos mates (ya han pasado los comentarios risueños acerca de que el mate de una parece una pipa de crack, y de que si es legal o es ilegal, y se han hecho las demostraciones de rigor presentando a los anfitriones neozelandeces un mate cebado como se debe :) ) y de un par de rodajas de pan tostado con miel caserita de las abejas de acá (hoy me corrió una).
A eso de las 9:00 se enfila para el lado de la tarea de la mañana. Tarea de la mañana en estos pagos se define como algo que uno no haría en ningún otro momento que se lo pudiera pensar mejor. Ejemplo, mover esas piedras de acá hasta allá. O limpiar de arbustos espinosos (goarse) un campo en 45° de declive (puedo estar exagerando...). O clavar postes a la cerca. Por suerte a los guantes y ropa de trabajo se suman unos guantes dobles y un protector de brazos, invento japonés.

Cada tanto, cuando nos cansamos, nos sentamos un rato a recuperar el aliento. El ritmo es tranquilo. Pero el aliento escasea. :)
Cambio de tarea y el entretiempo es, muy british, con un té. Charla con G. y M. de economía y política internacional y de como la educación va para atrás y las financieras acá se funden y el valor de la propiedad baja y...
...cuando nos cansamos de deprimirnos, volvemos a trabajar con algo más livianito, para mechar un poco, como sacar raíces de la tierra donde se van a plantar verduritas o levantar hojas de comfry para fertilizante líquido o buscar hojas de bambú para las terrazas donde se plantan las anteriormente mencionadas verduritas.
¡Almuerzo! Dos sanguches que prepara M. Una de las mejores cocineras de la galaxia, sino del universo, acompañados de un técito. El otro día G. me mostró el álbum de fotos de la familia de él. Padre piloto en la segunda guerra (Dresden inclusive), madre técnica en electrónica de aviones. Ahora está casado con una japonesa y uno de sus mejores amigos es un alemán. Las guerras les sirven a los de arribita, nomás.
Y después del almuerzo vemos que nos toca. Algo más livianito para la tarde, como cascar nueces de macadamia y clasificarlas por tamaño, o bañarlas en chocolate usando ohashi.

O ir a buscar mariscos a la playa para el tempura de la cena.

O a seguir charlando con el comfry... o por ahí desyuyear alguna de las terrazas. Siempre trabajamos en patota, lo que lo hace más interesante. Cada tanto alguien pregunta o cuenta algo. A saber:
- Los planes de G. en los últimos años para el lugar donde estamos trabajando, que había ahí cuando llegaron. Qué va a haber en unos meses.
- Explicación de técnicas de construcción yanquis por L., la neoyorquina, que trabaja en el verano en un campamento de jóvenes.
- Autores japoneses por M., que estudió Literatura y que, claro, recomienda leer a Murakami Haruki. Le pregunté por Banana Yoshimoto y me dice que el primero es interesante por lo nuevo, pero que después siguió escribiendo lo mismo.
- Definiciones sobre el matrimonio, uniones civiles y esas cosas.
- Educación, educación, educación. No hay un panorama positivo acá tampoco.
- Comparativa de tradiciones o "buenas maneras" en tres o cuatro de las culturas que conocemos entre todos.
- Costumbres locales de... Argentina: vino en pingüinos, mate, día de los ñoquis; New Zealand: Tramping (no, no es eso, es montañismo), Rugby league (no es el común, no, este es "de hombrecitos"); Japón: cómo dejar los zapatos en la puerta, como darse cuenta que ya es hora de picarselas si uno empieza a saludar inclinándose cuando habla por teléfono.
- Cómo era irse de tramping acá en NZ hace unos 20 o 30 años.
- Anécdotas de viaje, comidas de viaje (el jamón y el queso en un pueblito de Italia, por ejemplo).
- Nombres de flora y fauna, local o importada; nombres de frutas, manera de prepararlas.
- Técnicas orgánicas (ah, claro, ¡me olvidaba!)
- Oh-tantas-cosas...
Y luego, a bajar mails, más té o mugui-cha frío si hace mucho calor. Y una ducha (dos quilos de tierra menos) y a cambiarse. Y a caminar por ahí o seguir con la compu hasta la cena.
En otra de las excursiones fotográficas de G., nos mostró fotos de sus épocas de buzo. Impresionantes los bichos en los mares de NZ.
La cena es a las 18:00, claro. Y esto de que el primer lugar por el que pase sea la casa de la mejor cocinera del universo conocido... va a complicar las cosas para el resto del viaje. G. y M. hacen su propio vino, de guava, de uva y también honey mead. Tengo que aprender a hacerlo, que es muy rico.
El sábado pasado cociné empanadas y este (hoy) voy a cocinar ñoquis de papa con salsa de crema, jamón y hongos. L. preparó el domingo algunas recetas de comida India del padre y de la hermana. Así que con eso y los okonomiyake, tempura, sushi, kuni-manju, tartas, oniguiri, pizzas y picadas multicolores y multicomponente de M., tenemos por lo menos 3 o 4 continentes cubiertos. Siempre cenamos con ohashi, excepto para las empanadas y los kunimanju, por razones obvias.Y luego una se vuelve a la otra casa y se lee un rato, o se escribe algún artículo para el blog (como éste), o se repasa algo a ver si se inspira de una vez por todas y termina ése cuento de una buena vez (no, ése todavía no, Dany! :) ).
Y el día se termina mirando a Venus por la ventana (si no está nublado) y yéndose (una) a dormir.
jueves, 4 de diciembre de 2008
de la flora y fauna locales (I)
La fauna local es más bien rara. Hoy a la mañana ví un insecto de lo más divertido, por ejemplo. Se llama weevil y es una especie de escarabajo liliputiense con frac.

(No es exactamente este, pero es un primo que se le parece bastante.)
Acá no hay bichos peligrosos (excepto los humanos, claro) y mayormente estamos
hablando de pájaros y marsupiales (creo que el único mamífero nativo es un murcielaguito, foto vía http://lpmpjogja.diknas.go.id/kc/b/bat/bat.htm). Los mamíferos fueron introducidos por los colonizadores maoríes y europeos, y cuando las primeras ratas y gatos salvajes llegaron acá, varias especies de pájaros no voladores (pájarracus pajarónis) desaparecieron en escasos minutos, sirviendo de cena para los nuevos vecinos del barrio.
Por ejemplo, siendo las 20:40 masomenos, empiezo a sentir ruidos en el techo de la casita. O es un gato salvaje o es un possum. El possum es un marsupial muy molesto (se le da por correr arriba de MI techo a la noche), y además tiene la costumbre de moverse en patota y cenar siempre en el mismo lugar. Como comen hojitas, me cuentan por acá que en un par de años son capaces de bajarse un árbol entero. Todavía no ví ninguno, pero en cuanto lo agarre... ni Greenpeace lo salva. Hay dos tipos de possum, el que anda por ahí y el que se ve aplanado en las rutas.
Por supuesto, el bicho nacional por acá es el kiwi.

Tampoco ví ninguno, porque son de hábitos nocturnos... y ya sabemos que yo no. Pero espero, en algún momento, ver alguno que no esté embalsamado. Hay muchos tipos de kiwis, algunas fotitos a continuación.
http://worldofcae.blogspot.com/2008/04/new-zealand-kiwi-icon-of-national.html
http://scienceblogs.com/grrlscientist/2008/03/a_kiwi_in_washington_dc.php
Este es un link a otro pájaro que no vi, el takahe: http://www.geocities.com/heartland/woods/1317/nz15.html, y que además parece que tiene links que por ahí después me doy una vuelta.
Lo que si ví hasta ahora son tuis (singular: tui), que es una especie de picaflor mamotrético, del tamaño de un tordo (o un poco más grande), con plumaje azul tornasolado y negro y un plumón blanco de corbata muy bonito. Lo de picaflor viene porque son libadores de flores. Tiene un silbido como si a una puerta le faltara una mano de WD40.Hay otro pájaro que no se qué es, pero se la pasa cantando la primer parte de "cuando los santos vienen marchando". Por supuesto, ya me la pegó.
Hay un pájaro verde brillante, de cabeza roja, que pude ver a la distancia. Por los colores, sino por la forma, parece una cotorra. Pero la forma que tiene es de pájaro estándar Nro 4. Acá el apuntador electrónico (G.) me informa amablemente que el nombre vulgar es "rosella", y buscando en el link ese que viene ahora veo que podría ser una "eastern rosella". Y sí, e' una psita-cosa, e'. Y viene de Australia. Más info acá.Una página con info interesante de las aves de New Zealand: http://www.nzbirds.com/birds/gallery.html
Y codornices (californian quail). Los machos con el copete ese tan rídiculo. Me mato de risa mirando por la ventana del living a uno, que se para arriba de una montaña de ladrillos y mira para el valle del estuario de Ngunguru, me imagino que al grito de "I'm the king of the woooorld". Verlos volar, sobre todo a las crías, me hace acordar el tema de los dinosaurios.
Otro bicho que no vi pero que es típicamente neozelandés es el tuatara, un lagartito nativo, que parece que es el bicho que evoluciona más rápido, mire ud. (eso o los de New Scientist están majaretas: http://www.newscientist.com/article/mg19726495.000?DCMP=NLC-nletter&nsref=mg19726495.000)Otro bicho importado con historia que ví son las ovejas de la isla de Arapawa, que subí algunas foticos del rebaño que tienen acá a Picasa.
| From Whangarei, New Zealand |
Bueno, esta fué la parte de la fauna... la flora nos queda para otro día.
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