domingo, 17 de septiembre de 2017

tierra y vivienda

(Este texto lo escribí para la Audiencia Pública sobre la Problemática Habitacional en nuestro pueblo que se hizo ayer en la Primaria. En el texto, le agradecí a la agrupación Vecinos Unidos por la solicitud de la audiencia pero, hasta que no ví la presentación de todos los datos que recolectaron y la información sobre el estado actual de los terrenos y la situación habitacional, no había entendido el alcance real de todo el trabajo que habían hecho. Así que doblemente gracias. Luego de la audiencia, me quedo con la idea de que estamos de acuerdo en que el pueblo tiene que crecer, hacia afuera, con reglas claras y planificación. 
Lamento la negativa del CAP a poner el número de terrenos sobre la mesa pero, sobre todo, lamento el motivo que adujeron. El pueblo de El Chaltén no se va a pelear por 20, 30 o 40 terrenos. El pueblo es solidario. Queremos que se planifique el crecimiento. Tenemos que pensar a largo plazo y actuar ahora en base a un plan claro.
También aprovecho para agradecer a las familias y amig@s que en un momento o en otro, me dieron una mano y me dejaron habitar sus lugares: Marina y Merlin, Flor y Lucas, Ana y Leo, Mónica y Gabriel. Y a los super carpinteros que en dos meses y medio hicieron aparecer una cabañita de la nada. Gracias.
¡Ah! Y todo esto... es político, profundamente político. No nos confundamos.)



Foto: Vecinos Unidos de El Chaltén
Agradezco a todas las personas que generaron este espacio, especialmente a la agrupación Vecinos Unidos, que solicitó la audiencia pública para que podamos acceder a la información actual y que los y las vecinas podamos hacernos escuchar.
Mi nombre es Laura [...], soy originaria de Buenos Aires, y vivo en El Chaltén desde el 2009. Voy a hacer un resumen de mi historia personal, que no es original, es la de muchas personas: Cuando llegué, vivía en el depósito de la agencia en la que trabajaba. Ése invierno, una familia amiga me prestó su casa y en la primavera encontré una cabañita para vivir y desarrollar mi actividad comercial. En 2011 empecé a trabajar como docente. La cabaña se inundaba cada vez que llovía hasta que pude enchaparla. A los dueños no parecía importarles mucho. No tenía ventilación en la planta alta, pero tenía contrato de alquiler. En febrero del año pasado me avisaron que no iban a volver a renovar el contrato, porque la iban a transformar en un alojamiento turístico o vender. Busqué, pero no encontré, una casa donde vivir dignamente y no tener que dejar más de la mitad del sueldo en alquiler. Muchos propietarios calculan el valor del alquiler como lo que puede pagar una pareja con dos trabajos.
Decidí construir una cabaña móvil, y una compañera de la escuela, otra familia amiga, me prestó una esquina de su terreno. A fines de octubre me pude mudar.
Lo que no incluí en el relato son las peregrinaciones al Consejo Agrario, las reuniones con sucesivos Presidentes y Vocales, las notas y documentación enviadas continuamente. En 2010 la Directora Arbilla me dijo que el proyecto que yo quería presentar no era lo que el pueblo estaba necesitando, así que lo modifiqué. En 2012, cuando vino el Director Cárcamo en el invierno pude abrir el expediente de pedido de tierras. Así que me emocioné cuando, en uno de los viajes a Gallegos en 2015, ví que mi carpeta tenía un papelito verde prendido con el texto “Separar para entregar terreno”. Pero llegó la última entrega antes de la Municipalización y éso no pasó. Y todo lo que es Tierras se puso en pausa, aunque vemos que cada tanto aparece algún alambrado nuevo.
En acciones concretas, lo que pido a las autoridades es la consideración de los siguientes puntos:
1.    Los alojamientos para el personal de temporada deben ser revisados para que cumplan condiciones dignas de habitabilidad e inspeccionados anualmente.
2.    Las viviendas destinadas a alquiler permanente también deben ser inspeccionadas. La Municipalidad debiera contar con un ente que regule y controle estos contratos. Pensemos que en muchas de las construcciones más precarias viven familias con niños ¿tenemos que esperar que haya otro accidente que cueste vidas por los problemas de calefacción y aireación de las casas?
3.    Sabemos que el pueblo de El Chaltén va a crecer. Tenemos que hacerlo con planificación y reglas claras de adjudicación de tierras para promover el desarrollo comunitario. El Consejo Agrario debe transferir la documentación a la Municipalidad y la Municipalidad debe acordar con los y las propietarias de las tierras lindantes al ejido actual: Parques Nacionales y Estancias. Debe revisarse la venta de las tierras aledañas a la propiedad de la familia Madsen. Por otro lado ¿Qué pasa con los terraplenes que se encuentran del otro lado del rio Fitz Roy, detrás de Vialidad Nacional?
4.    Sabemos que a los intereses privados se les hace agua la boca cuando piensan en aumentar sus propiedades aquí en el pueblo, o en “otros pueblos”. Es necesaria una regulación de la cantidad de tierra que individuos, empresas o socios de ellas pueden poseer para evitar la concentración. 
5.    Lo mismo con la especulación inmobiliaria. La tierra para quien la habita y desarrolla la comunidad, ya sea desde los sectores de infraestructura o de industria turística. Implementar trabas a la venta o transferencia de los terrenos adjudicados para vivienda o uso mixto.
6.    Asegurar que las organizaciones de desarrollo social, cultural y deportivo de la comunidad tengan un lugar central en la planificación. Hoy todas las fuerzas de seguridad y hasta el Banco Santa Cruz cuentan con terrenos, la única fuerza que realizó una construcción es Prefectura (les quedó linda). Los terrenos del Banco Santa Cruz, Gendarmería y Ejército Argentino deben ser re-adjudicados. Es una vergüenza que continúen aspirando a terrenos sin haber puesto un ladrillo en todos estos años.  A futuro, ésto se puede rever.
7.    Siempre pienso que no hay que desarmar lo que ya se construyó y funciona. La Agrupación Gaucha y las áreas de Reserva Urbana, no deben ser tenidas en cuenta como futuras áreas a construir. También, la Biblioteca Popular Mujer Pionera necesita definiciones sobre su espacio. Y el pueblo necesita espacio para que se desarrollen nuevas organizaciones culturales.
8.    El edificio del Secundario y del Jardín. Los necesitamos ya. Los y las estudiantes necesitan el espacio, la escuela necesita el espacio. Y esto es solamente una parte de la infraestructura que necesita la comunidad para desarrollarse… desde las cisternas de agua de SP que no dan abasto, pasando por una provisión de energía contaminante en ruido y gases y que depende de la transitabilidad de la ruta, el manejo de los residuos y hasta el Puesto Sanitario que todavía no cuenta con un pediatra (o una pediatra). Tantas cosas que muestran que necesitamos pensarnos y tomar decisiones a largo plazo desde nuestra localidad. Es hora.

Ya en el ´92 le dijeron a Anabel de La Choco que no había tierras en el pueblo. Yo miro alrededor y veo valles y estepa sin uso real. ¿Es necesario dañar el bosque? ¿Es necesario construir unos sobre los otros, cada vez más amontonados y peleados? ¿Que cada vecino se deba erigir en árbitro de quien se “merece” un terreno y quién no?
Desde el Preámbulo de nuestra Constitución se habla de “promover el bienestar general”. Sin planificación y reglas claras, sabemos que se generan conflictos entre vecinos. El Artículo 14 bis también declara que es responsabilidad del Estado garantizar el acceso a una vivienda digna.

Espero que, después de los testimonios que se escuchan hoy, se tome conciencia real de lo que necesitamos para el desarrollo de nuestro pueblo. Y se actúe. Gracias.

domingo, 10 de septiembre de 2017

escuela con espacios

(Estas palabras las escribí para el acto por el Día del Maestro que hicimos el viernes pasado. Quiero agradecer especialmente a las compañeras que me ayudaron a revisarlo y mejorarlo y a las personas que intervinieron con sus aportes durante las palabras. También a C., que esa mañana entró a la escuela para buscar unos papeles y, observando el 'caos creativo' de la previa del acto, dijo: "Qué buen ambiente que hay acá.".)



Al alejarse de los límites del Sistema Solar, en 1990, la sonda Voyager I tomó la fotografía conocida como “El punto azul pálido”… ¿la conocen? Es la imagen de la Tierra como un pequeñísimo punto luminoso rodeado de la vastedad del espacio. Tan pequeña como una de esas motas de polvo que se pueden ver flotar en los rayos de sol a la hora de la siesta, pero más solitaria.

En ese planeta, el único que conocemos, ocurren nuestras vidas. Tenemos ciudades, pueblos, cables que nos comunican para que podamos contarnos nuestras historias. Y una de las maneras que encontramos para transmitir ciertos conocimientos a las personas que van naciendo; para sumarlos a estas historias, es la profesión que ejercemos los y las docentes: la enseñanza. En un sentido más amplio, esto que llamamos educación y que hacemos estudiantes y docentes, y familias, y comunidad, aquí en la escuela.

A través de los tiempos fue tomando diferentes formatos, la escuela en Grecia era bastante distinta de nuestra escuela de hoy, sobre todo porque eran todos griegos y muchachitos, y nosotros y nosotras venimos de todos lados. Hasta hace unos 600 años, el territorio que ahora ocupamos y conocemos como Argentina era habitado por una variedad de pueblos originarios, que a partir de la Conquista fueron eliminados y que a partir de las sucesivas oleadas migratorias desde Europa fueron arrinconados y despojados ante el avance de lo que la persona cuya vida conmemoramos hoy como símbolo de la educación, el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, consideraba “la civilización”. Civilización contra Barbarie, era el conflicto de esa época y, muy parecido a lo que nos pasa hoy, qué es civilización y qué es barbarie tiene mucho que ver con cómo entendemos y respetamos (o no)  las culturas, las tradiciones, las maneras de ser, de otras personas que, por otro lado, también somos nosotros, porque somos el resultado del mestizaje de las sucesivas conquistas y de la construcción de un país con múltiples raíces.

La Argentina, pensaba Sarmiento, tenía que tomar la cultura europea y estadounidense como ejemplo. Para esto, durante su presidencia y teniendo como Ministro de Educación a Nicolás Avellaneda (que sería Presidente a continuación de Sarmiento), se crearon cientos de escuelas, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CoNaBip), la Biblioteca Nacional del Maestro. Todas estas instituciones existen hasta hoy (hasta los gorriones siguen por acá), así que la impronta de Sarmiento como modelador de nuestra Argentina de hoy no puede ser ignorada. Tanto en sus aspectos positivos como en los negativos. Para Sarmiento, la escuela era igualadora y su ideal de normalización era la civilización europea.

Pero acerquémonos un poco más a nuestra escuela. La Secundaria de hoy debe ser bastante distinta a los Liceos de aquella época, ya entrados los mediados del siglo XIX, en los alrededores de 1870. Hoy, a unos 150 años y habiendo atravesado un siglo XX signado por interrupciones continuas de gobiernos democráticos, nos encontramos en el período democrático de mayor duración, ya van 34 preciosos años de vida democrática en nuestro país. Y uno de los grandes cambios que nos resulta interesante pensar hoy es la obligatoriedad de la educación secundaria. Piensen que cuando muchos de los y las profes estudiaron, solamente podían acceder a la educación secundaria aquellas personas que querían o cuyas familias los obligaban (no vamos a pensar que todo era color de rosa). O sea, las personas con medios económicos para estudiar, sin necesidad de trabajar. Hoy, el estado debe garantizar que todas las personas menores de 18 años puedan completar sus estudios hasta por lo menos el nivel secundario. Esto es un gran logro. ¿Porqué?, les pregunto a ustedes, ¿porqué podemos pensar que es un logro que se garantice la educación desde el estado? [Una estudiante responde que la educación es importante para el futuro, un compañero docente aporta sobre el valor de la educación para la comunidad y los intereses de quienes nos quieren ignorantes.]

Yo creo que cuanto más cuestiones podamos comprender del mundo que nos rodea, por qué es cómo es, cómo podría ser mejor, todo eso, podemos también ser seres humanos más enteros (y enteras). Y también ser un poco más libres. Tener menos miedo a los demás.

Por supuesto todo esto no lo aprendemos solamente en la escuela, en la escuela nos acercamos, docentes y estudiantes, a un tipo especial de conocimiento. Y tratamos de acercarnos a las Ciencias, los Lenguajes, las Artes, como podemos, juntos.

Este año vino bastante difícil. Empezamos con la Secundaria tomada por toda la comunidad, reclamando por las cuestiones mínimas que necesitamos para poder tener clases todos los días. En particular la comunidad docente de nuestra provincia se vio bastante afectada este año por las tensiones entre el gobierno nacional y el provincial. Ustedes saben que en la mayor parte de las localidades, las clases no empezaron hasta que volvimos de las vacaciones de invierno. No solamente reclamamos, como trabajadores, para que nuestros sueldos se mantengan actualizados con relación a los tarifazos y a la inflación, también reclamamos por los edificios, su mantenimiento, la calefacción, la limpieza. Hoy no tenemos garantizado el servicio mínimo de limpieza que necesitamos y yo me pregunto, cuando me encuentro barriendo la Sala de Informática porque no se llegó a poder limpiar… ¿Qué tan limpia necesita estar la escuela? ¿Qué tan aptas necesitan ser las instalaciones eléctricas? Yo creo que, para empezar, las condiciones edilicias tienen que ser las mejores. ¿Con qué ojos pueden mirar los y las políticos a las nuevas generaciones, cuando la realidad es que se juega continuamente a reducir los costos? No importa si hay un poco de tierrita en los escritorios, si los tubos de iluminación nos despedazan la vista o si hace un poco de frío en las aulas. Como profesional y como ser humano, éso me ofende profundamente.

También reclamamos por la estabilidad del sistema educativo, que los y las profes no tengan que estar recargados de horas para poder vivir, y poder dedicar más tiempo a preparar clases y mejorar su formación. Todas las personas debemos tener los medios para vivir dignamente. El reclamo de cada sector organizado es importante, porque mejora las condiciones de vida de todos.

Hace poquitos meses, estuvo Taty Almeida en Calafate, una de las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora. Taty es la mamá de Alejandro Almeida, desaparecido por la Triple A cuando tenía 20 años. Ella es maestra y le quise preguntar qué nos podía decir a quienes somos docentes acerca de cómo transmitirles a ustedes los ideales que tenían los jóvenes como su hijo. Me respondió que no podía decirnos nada, con todo lo que estábamos haciendo con las movilizaciones, la construcción gremial, y el sostener el trabajo con ustedes en este contexto que quiere tender a recortar derechos. Por eso es importante el trabajo que hacemos desde las escuelas; docentes, estudiantes, familias y comunidad: porque, entre otras cosas, sostiene derechos que costaron mucho.  Inclusive costaron vidas. Pienso en los chicos de la Noche de los Lápices, que la semana que viene, el 16 de septiembre, se cumplen 41 años de sus desapariciones forzadas por parte de las fuerzas del estado. Ellos reclamaban por un derecho que hoy existe: el boleto estudiantil.

La solidaridad entre los sectores, la unidad en la lucha por las conquistas sociales y laborales son importantes para sostener estos derechos. Da bastante para pensar que últimamente desde el poder se intente convencer a la población de que el enemigo son los sindicatos, los pueblos originarios, las organizaciones sociales, la política. Es importante que desde la comunidad educativa pensemos y analicemos, que desarrollemos nuestras herramientas para comprender la realidad en la que vivimos. Una sociedad realmente justa y democrática tiene espacio para todas las personas.

Entonces, retomo las preguntas ¿Qué escuela necesitamos hoy? ¿Qué cosas y cómo necesitamos aprender en la escuela? ¿Qué significa enseñar hoy? Éste espacio que habitamos, estas paredes que no limitan la escuela ¿Cómo lo llenamos de contenidos? ¿Cómo hacemos una escuela más humana? Es algo que tenemos que hacer entre todos, los profes aportando saberes y afectividad en los vínculos. Lo primero creo que nos sale más naturalmente que lo segundo; pero sin vínculos humanos sabemos que los contenidos no alcanzan. Desde cada estudiante, necesitamos compromiso, una conexión a ésto que estamos haciendo acá adentro, y que es valioso para ustedes, sus familias y para la comunidad de nuestro pueblo. Si la escuela de hoy no es la escuela de Sarmiento, y tampoco es la escuela en la que los y las profes estudiamos, creo que es porque es nuestra escuela, la escuela de ustedes como estudiantes y también de nosotros como docentes, que se habita y construye desde cada espacio, cada materia, el Centro de Estudiantes, el Somo’ Nosotro’, los DAP, las preceptorías, Tutorías, Mercedes, el equipo Directivo, los Consejos de Convivencia y Consultivo (cuando volvamos a armarlos) los y las profes, los gabinetes de asesoría, etc.


Sigamos aportando a construir y mejorar nuestra escuela desde cada lugar que ocupemos. 

lunes, 21 de agosto de 2017

como yo también soy indio

Voy a ir publicando las palabras que escribí para algunos de los actos escolares. Éstas son las que leí el jueves pasado, recordando a don San Martín en este contexto tan oscuro por el que estamos pasando. Van a estar todas bajo la etiqueta "alusiones". Dedicado especialmente a mi amiga A., a quien en la primaria alguna maestra despistada e irresponsable le dijo que "aborigen" significaba "sin origen" (cuando significa "desde el origen"). Y pensando en que siempre es cierto eso de que el uso incorrecto del lenguaje introduce el mal en el alma.


"Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

  Éstas eran las palabras que dirigía don José de San Martín al Ejército de los Andes ante la avanzada española, en 1819, dos años después del histórico cruce de los Andes. Ya la independencia de gran parte de Argentina y Chile tenía bases sólidas, y la campaña libertadora iba hacia el norte, a encontrarse con las otras fuerzas que surgían en toda América Latina. Recordemos algunos de esos nombres: O´Higgins en Chile, Artigas de la Banda Oriental; Belgrano, Güemes, Padilla y Azurduy en Perú, Bolivia y el norte de Argentina; Bolívar en Nueva Granada, Colombia, Venezuela; Sucre también en Colombia. Hombres y mujeres que lucharon para terminar con el control español en la Patria Grande latinoamericana.

  Como San Martín, según algunos testimonios hijo de Rosa Guarú, muchos de los y las combatientes eran originarios o mestizos, indígenas que protegían sus territorios de los conquistadores y a quienes muchas veces San Martín se dirigió en sus propias lenguas: guaraní, o quichua, y que también participaron de las operaciones de inteligencia, de escaramuzas y batallas, ya que eran quienes mejor conocían cada territorio.  Según Manuel de Olazábal, testigo presencial de la reunión con los líderes mapuche-pehuenches en el campamento de El Plumerillo., allí San Martín les dijo a los caciques indígenas: “Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios, y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados, y para ello pasaré los Andes con mi ejército y con estos cañones… Debemos pasar por los Andes por el Sur, pero necesito para ello licencia de ustedes que son los dueños del país”.

  Aquí quiero notar algo importante: bucear en la historia siempre es una tarea compleja, y hay múltiples miradas. Pero entender lo que pasó, y cómo lo cuentan, nos permite entender el presente, y cómo nos lo cuentan.

  “Seamos libres, y lo demás no importa nada”. Ser libres como países soberanos, para elegir cómo vivimos en sociedad, con quién comerciamos, para elegir cuales son nuestras propias soluciones a nuestros propios problemas.

  Cuando Rondeau desde Buenos Aires, en ese año de 1819 le pide a San Martín que use su ejército contra el de Artigas en el norte, San Martín se niega y sube al Perú. En una de las cartas a Artigas explica: “Cada gota de sangre americana que se vierta por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos en todo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. Unámonos contra los maturrangos bajo las bases que Ud. crea y que el Gobierno de Buenos Aires vea más conveniente y después que no tengamos enemigos exteriores sigamos la contienda con las armas en la mano, en los términos que cada uno cree por conveniente; mi sable jamás se sacará de su vaina por opiniones políticas, como estas no sean contra los españoles y su dependencia”.

  Ser libres implica, a veces, desobedecer las órdenes.  Poder decidir y ser responsables del peso de esas decisiones. Pero la libertad primera es la de los propios cuerpos: Al llegar a Lima en 1821, San Martín prohíbe la esclavitud decretando que: “Todo esclavo que desde esta fecha llegase al territorio independiente del Perú quedará libre del dominio de su amo, por el solo hecho de pisarlo”.

  Hoy, en 2017,  a doscientos años del histórico cruce de los Andes, tenemos que seguir pensando y peleando por nuestras libertades. Hoy nuestros hermanos y hermanas originarios siguen siendo negados de sus derechos y perseguidos cuando se organizan para reclamarlos: Tenemos el caso del Lof en Resistencia Cushamen en Chubut, la persecución a las organizaciones sociales como la Tupac Amaru en Jujuy y ahora Mendoza; el continuo asedio al pueblo wichi en Formosa y Chaco. Ser libres también es tener tierra y trabajo dignos. Y, recordando a esa niña que fui que quería poder viajar en el tiempo para conocer al Libertador y preguntarle cosas, me gustaría hoy poder preguntarle “Don José, ¿Cómo hacemos hoy para pelear por nuestra libertad?”.

  Cierro entonces estas palabras comprometiendo a quienes así lo sientan, a seguir el camino de grandeza que nos marcó nuestro Libertador General don José de San Martín. Gracias.

¿Querés saber más?
Libertadores (Wikipedia)
Cruce de los Andes (Wikipedia)

miércoles, 12 de octubre de 2016

cárceles argentinas, roca y las tres carabelas

Estas palabras las escribí para el acto del Día del Respeto a la Diversidad del 2016. Como yo no iba a estar en el pueblo, tuve la suerte de que A., la directora del grupo de Teatro de la Biblioteca Popular (y tallerista de Teatro del CABI), aceptara leerlas por mí y repartir los papelitos de colores que se iban a usar en la actividad (los papelitos sobrantes del armado de una bella Wiphala, algún otro año). También le pedí permiso a E. para usar un texto que había publicado en su Facebook y que me pareció que resumía unas cuantas cosas. Así que, nuevamente, gracias a ambas. 


"Hace un tiempo estuve en casa de mi hermano. Después de comer, me puse a jugar con mi sobrino. Matías tiene dos años y todavía no habla, pero balbucea. Me señaló la puerta de la casa y hacia ahí fuimos, aunque no salimos del todo. Nos quedamos del lado de adentro, detrás de las rejas. Paré a Matías sobre la caja del medidor de gas y él se agarró a los barrotes, como un monito.
Era la hora de la siesta y no había movimiento en la calle.
Solo había dos chiquitos revolviendo basura en el contenedor de enfrente. Creo que eran hermanos. Uno tendría siete años y el otro cuatro. Matías se sacudió y ellos nos miraron. Después, el más grande acomodó unas cajas de cartón en el chango y empezó a empujar. Vamos, le dijo al más chico. Pero el de cuatro no nos sacaba los ojos de encima. Lo ví mejor y me impresioné. Tenía la cara llena de cicatrices. Marcas de quemaduras, parecían. El más grande empujó el chango, que sonó como un portón oxidado. Matías volvió a saltar y a gritar. El de cuatro siguió a su hermano, obediente, aunque sin dejar de mirarnos. Y de pronto clavó los pies, como diciendo: tengo que hacer algo. Sentí un frío por la espalda. El chiquito respiró hondo y corrió hacia nosotros. Su velocidad me dio miedo. Quise desprender a Matías de los barrotes y meterlo para adentro. Pero no tuve tiempo. ¿Qué haría cuando llegara? ¿Nos pegaría? El pequeño diablito llegó en menos de un segundo. Se agachó, desapareció tras la pared que sostenía las rejas, y reapareció con un globo. Se lo dio a Matías. Un globo viejo desinflado de helio. Un globo que solo llegaban a ver Matías y el nene de cuatro años. Desde donde yo estaba, no lo podía ver.
No, mi amor, le dije. Ese globo es para vos. Se lo dije con las piernas temblando. Con la voz asustada. El nene negó con la cabeza y alargó otra vez su mano con el globo. Matías se lo sacó de las manos y le agradeció a su forma, como los monitos.
El pequeño diablo volvió con el mayor a la misma velocidad con la que había llegado. Su hermano empujó el chango cargado de botellas y cartones. Ya no nos volvieron a mirar. Doblaron en la esquina y desaparecieron. El temblor de las piernas no se me iba. Un nene de cuatro años me había asustado. ¿Ese pequeño diablito? ¿De verdad le tenía miedo a un chico de setenta centímetros? ¿Era eso lo que me hacía temblar?
Agarré a Matías y lo metí adentro. Creo que un poco lo obligué. Lo mejor sería que nos pusiéramos a tirar fichas de dominó por el aire, o nos sentáramos a ver la tele.
A la noche volví a casa.
Las piernas me seguían temblando. No podía dormir. Todavía sentía mucha vergüenza y yo olía a trapo viejo mojado."
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Este texto no es mío, es de Estela Getino, que es cineasta, mujer y maratonista principiante, y que comparte estas escenas breves en su Facebook[1]. A veces, en el arte, se dice la verdad contando mentiras y no sabemos si esta historia sucedió, pero sí sabemos que es cierta.
La Conquista empezó hace más de quinientos veinticuatro años y continúa hoy. Se reedita cada vez que quien tiene algún tipo de poder, lo usa para justificar el despojo. Tuvo su réplica tardía en nuestra región con la Campaña del Desierto, y aún hoy hay quienes piensan que el exterminio puede ser bandera de cruzadas. La Conquista continuó con las maniobras que fueron despojando a quienes sobrevivieron de las tierras que les quedaban; porque lo que no lograron la masacre, la esclavitud, la enfermedad; lo continuaron y profundizaron el alcohol, la marginalidad y la pobreza, cercadas las comunidades originarias por la voracidad del estanciero, de la explotación minera y forestal, o del turismo. La ambición humana de tener más, de poseerlo todo.
La Conquista debe detenerse en cada persona, o no tendrá fin. Nuestro pueblo, este rejunte que somos, traído por el viento, nos da una oportunidad que no tuve en mi niñez, la oportunidad de crecer con la diversidad, aceptándola y aprendiendo de ella. Cuando viajaba desde mi pueblo a Buenos Aires, en colectivo al centro, o volvía cansada a la noche, viajando parada, jugaba a adivinar dónde iba a bajarse la próxima persona. Logré afinar bastante este sexto sentido, que me dejaba conseguir asientos rápido con bastante precisión. Mucho más tarde, quizás demasiado, se me ocurrió pensar cómo elegía a la siguiente persona en bajar. Era por el color de su piel, por cómo iba vestida. Encontré que hay una relación entre nuestro origen étnico y nuestros ingresos y nivel de vida.
Esto no se refleja solamente en los lugares en los que nos toca vivir. Estuve investigando un poco: Pensemos en la población carcelaria de nuestro país. Una pensaría que la distribución de los grupos debería seguir la distribución de la población. Así, si de cada 100 personas que viven en nuestro país, 6 son extranjeras, es cuanto menos raro que de cada 100 personas presas, 22 sean extranjeras[2]. Sería tres veces más. En otro informe encontré que el 85 por ciento de la población carcelaria no llegó a completar su secundaria[3]. Busqué datos sobre los orígenes socioeconómicos y veo que alrededor del 80% no cuenta con empleo fijo o es mano de obra desocupada. Parece que tener un empleo estable y la secundaria terminada hacen más difícil el ingreso al sistema penitenciario.
¿Y quiénes completan sus estudios? Flavia Terigi, investigadora en Educación, realizó una comparación entre diversos programas latinoaméricanos que intentaban apuntalar la permanencia de los chicos y chicas en las escuelas y describe el fenómeno de “vulnerabilización”. Extraigo este segmento que lo explica: “Tomamos   la   expresión   “vulnerabilizados”   (...),  en  tanto  consideramos  que  expresa  mejor  que  “vulnerables”  una  condición  que  afecta  a  vastos  sectores  de  las  poblaciones urbanas. Esa condición es el resultado histórico y (esperamos) reversible de procesos sociales que  producen  como  efecto  la  situación  de  vulnerabilidad:  los  grupos  no  “son”  vulnerables  por  alguna  condición  propia  que  los  haga  tales,  sino  que  están  colocados  en  situación  de  vulnerabilidad  por  efecto  de procesos de concentración de la riqueza, de explotación económica, de segregación en la participación política y de desigualdad en el acceso a los bienes culturales.” [4]
Les pido que hagan el siguiente ejercicio con la hojita de papel: piensen en dos personas que conozcan que hubieran querido poder terminar la primaria o la secundaria, pero no pudieron. Anoten los nombres en el papelito, primero (van a necesitar lugar para otras líneas, no ocupen toda la hoja). ¿Listo? Ahora piensen dos personas que tengan un trabajo eventual, que no tengan siempre trabajo, a veces sí y a veces no. Pero lo importante es que ustedes consideren que el trabajo que hacen es, digamos entre comillas, “menor”. Anoten. Otras dos.
Ahora otras dos personas, piensen en un nivel gerencial, o de conducción política, con responsabilidades “importantes” en un trabajo “importante” (lo digo entre comillas porque hay mucho para pensar sobre esto). Anoten sus nombres.
Y, el último grupo, si conocen, el nombre de dos personas que estén presas. Les doy tiempo…
--
¿Qué nos pasa, aquí y ahora, con éstos temas? ¿Qué tienen que ver la escena de la tía aterrorizada por un niño de cuatro años portando un globo,  las poblaciones marginalizadas, el color de la piel, los asientos libres en un colectivo lleno de gente que vuelve a casa, qué tienen que ver las cárceles argentinas con Roca y las tres carabelas?
Hace un par de semanas, la Prefectura torturó a dos chicos de una villa de Buenos Aires, por portación de ropa que no se ajustaba a su idea de cómo debe vestirse una persona de la villa. Cuando los medios le preguntaron al padre del pibe de 15 qué sentía, el señor respondió: impotencia. Gracias al apoyo de las organizaciones sociales a la persecución posterior, siete prefectos fueron dados de baja de la fuerza[5]. ¿Qué tiene que ver esto con la Conquista?

¿Quiénes son los trabajadores golondrina? ¿Dónde tienen sus casas? ¿qué significa no tener tierra? ¿Qué pasa cuando se organizan, como en el caso por ejemplo del Movimiento Campesino de Santiago del Estero, el MOCASE, o el Movimiento Sin Tierra, en Brasil? ¿De quiénes son las venas abiertas de América Latina?

Alguna vez escuché a la periodista y activista Naomi Klein decir que los tiempos de las sociedades son inmensos, y que todavía, más de 500 años después, no terminamos de atender a todas las consecuencias de la Conquista de América. Quienes estaban ahí en el origen, siguen hablando hoy, por boca propia y ajena. Porque hoy estamos acá, juntos, y nuestras diferencias debieran fortalecernos y no separarnos. De la discriminación nace el miedo, que pone entre rejas tanto al puño que aplasta como al brote que surge.
La Conquista continúa, y tenemos que terminar con su historia de miedo y arrogancia. Sin miedo, somos tierra que anda: ¡Runa allpacamaska![6].





[4] Segmentación urbana  y educación  en  América Latina. Aportes de seis estudios sobre políticas de inclusión educativa  en  seis grandes ciudades  de  la región. Flavia Terigi. Revista Iberoamericana  sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación (2009) - Volumen 7, Número 4 http://www.rinace.net/reice/numeros/arts/vol7num4/art2.pdf  y otro informe encuentra que de “(…) los jóvenes urbanos cuya madre tiene baja educación, más del 40% han desertado (55% en las zonas rurales); en cambio, entre aquellos cuya madre ha completado al menos la educación primaria, la proporción bordea el 15% en las zonas urbanas y el 34% en las rurales.[4]
[6] De Atahualpa Yupanqui, “El hombre es tierra que anda.” http://www.fundacionyupanqui.com.ar/tierraqueanda.html

sábado, 8 de octubre de 2016

gendarmería no pide disculpas

(Intenté escribir esta entrada en un tono más "literario", pero se vé que, cuando me toca a mí, no me sale.)

El miércoles pasado, 5 de octubre, viajé a Calafate por un problema de salud. Pensaba bajar en la entrada, pero el chofer del micro de CalTur me avisó que no estaba parando más en el Hospital, porque lo habían suspendido por hacer eso. Parece que la jefatura de la empresa no ve el mismo problema con entrar al Aeropuerto, a pesar de que tampoco tienen permiso. Será mas cool incumplir la ley dejando turistas en el Aeropuerto que locales en el Hospital. En fin, a nuestro tema de hoy.

        En la entrada de Calafate, unos quince o veinte minutos antes de las 11:00 hs, como ya es habitual, subió la Gendarmería a revisar la documentación de los pasajeros y la lista de los ídems. Una femenina y un masculino, pidieron documentos y leyeron, o hicieron que leían, porque a veces una no está segura. Terminada la ronda, la femenina se acercó al masculino y le comentó algo.

        Ahí ví la primera lucecita roja: al subir yo también había notado un perfume fuerte en el pasillo. Algo dulzón, sahumerio.

        El masculino miró a los que ahora nos habíamos convertido automáticamente en traficantes de droga, a saber: esta chica, del otro lado del pasillo de esta chica un señor viejito del pueblo, atrás de él un treintañero largo con pinta de jipi, y atrás mío una pareja de turistas extranjeros.

        Parece que esta chica tiene una pinta de traficante que voltea, sobre todo cuando se le está partiendo el pecho por lo que, horas mas tarde, la amable médica que la atendió en el Hospital determinaría que no era un problema cardíaco, sino gástrico. Sé que exagero un poco (¡bueno!) con la combinación de colores en la ropa, pero de ahí a resultar la principal sospechosa de este grupete... El jipi estaba, de lejos, antes que yo.

        Entonces, el masculino me dijo que necesitaba que bajara del micro. Yo le respondí que no, que no había razón y que me quedaba ahí. Él me pidió revisar mis pertenencias. Le dije que sí, pero que él no, que su compañera sí podía, que yo se las iba a mostrar. La femenina se acercó y empecé metódicamente a desarmar mi mochila y mostrarle cada recoveco. A la mitad, mi cuerpo se empezó a poner nervioso, por más que intentara respirar hondo. Me temblaban las manos con una mezcla de miedo, impotencia, bronca, todo lo que me viene bullendo dentro cuando pienso en estos abusos de autoridad. Yo las ignoraba y no sentía nada, cabeza fría y a respirar hondo. Pero las manos gritaban. Dejé para lo último mostrarle la netbook de Conectar Igualdad. Ahí a la femenina algo le hizo ruido con su veredicto, pero siguió la requisa.

        Terminé de mostrarle la mochila, y me pidió que le mostrara la campera, así que procedí a abrir cada bolsillo y mostrarle el contenido.

        Pero ahora había pasado a ser más sospechosa todavía, porque me temblaban las manos. La femenina se lo dijo al masculino ("Está nerviosa") y el masculino me preguntó porqué. Le respondí que porque ellos eran dos y estaban armados. Ahí él empezó un par de vueltas de "éso no tiene nada que ver", la que terminé después de un par de loops con un "bueno", y un encogimiento de hombros. Me pidió que le dé el documento. Le dije que no se lo podía dar, que se lo podía mostrar si quería, y no insistió. La femenina me preguntó si no tenía problemas en sacarme el pantalón arriba del micro, a lo que le repregunté porqué iba a pedirme eso, si yo estaba cooperando y le había mostrado todo. Ella dijo que por el olor. Yo le dije que lo único que le podía decir sobre el olor, era que no era mío. El masculino me espetó un bastante violento "¿Usted consume estupefacientes, no?". No lo podía creer. Le respondí que no, que como iba a consumir estupefacientes, si eran ilegales. Ése fué el único cinismo que elegí permitirme. Los únicos que estaban incumpliendo la ley eran ellos dos, que no tenían su identificación a la vista (estaban usando unos chalecos fluorescentes arriba y, por más que miré, no se veían). Por supuesto, ésto último no se los dije: yo necesitaba llegar al Hospital.

        Se bajaron los dos del micro, pero no arrancábamos. El viejito me dijo: "Piba, esto va para largo" y bajó a fumar. El jipi lo siguió. La familia del Papu (estudiante de la EPJA Primaria) se bajó ahí, tenían turno en el Hospital. Cuando finalmente llegué al Hospital me los crucé a él y al padre, que me dijo que no podía creer que me estuvieran revisando a mí (ellos estaban en el fondo y no veían a quién estaban requisando), y me preguntó qué era lo que llevaba. Una también quisiera pensar que este tipo de procedimientos se los hacen solamente a los culpables criminales malos malísimos y que esta chica seguramente algo habría hecho, pero una viene leyendo los diarios del mundo y ya perdió la inocencia hace rato.

        Al minuto subieron al micro el viejito y el jipi, y este último me dijo, "quedate tranquila, Flaca, que ya negociamos". Ni le quise preguntar qué habían "negociado", pero el loco estaba incontenible. Yo creo que era uno de civil, porque si no no se explica que no haya sido él el primer "sospechoso", por portación de jipismo flagrante. Y agregó, haciéndome oler su riñonera de aguayo (vaaaamos), que tenía una plataforma arómatica de patchouli de al menos el mismo tamaño que nuestra plataforma submarina. Hijo de puta(*), podías haber saltado antes a aclarar las cosas. La gente se divierte barato con el sufrimiento ajeno. Mi venganza silenciosa fué sonreirle cuando me tiró en broma un "Vamos miti-miti, ¿eh?". Quedate con la duda, salame.

        El micro arrancó y finalmente llegué a la Terminal, desde donde me dediqué a seguir mi vida después de esquivar un par de tiritos del jipi, que supongo que pretendía que le diera las gracias. ¿Ah, mi héroe? Salame. Lo saludé al viejito y, mientras caminaba hacia mis trámites, llamé por teléfono a unos amigos en Calafate para avisarles lo que había pasado, porque tenía las tabas de gelatina. Y porque tenía miedo.

        ¿Y recibir disculpas de nuestros defensores de la frontera?

        Las espero sentada. No fué ninguna equivocación. Ellos estaban haciendo el trabajo para el que los entrenaron y formaron: culpabilizar, vigilar y controlar a la población.

        Conocé tus derechos. La próxima vuelta te toca a vos. No dejes que te bajen del vehículo, no les des tu DNI, mostráselos de lejos con testigos cerca. Siempre con testigos cerca, mirando todo. Siempre con el respeto que vos te merecerías, aunque no sea recíproco. No tenés porqué responder nada. Sin una orden judicial o sin flagrancia, no pueden tocar ninguna de tus pertenencias. Asesorate y evitá problemas. Poné un límite.


(*) Sí, yo también uso insultos y malas palabras, cuando es oportuno. He recibido aplausos de pié.

sábado, 4 de junio de 2016

gendarmería celebra el Ni una menos

El jueves 2 de junio, el micro de las 18:00 que venía desde Calafate a Chaltén, fué detenido por Gendarmería como es rutinario, a la salida de Calafate. Al micro subieron dos gendarmes. Hasta aquí, lo que suele pasar, suben, te piden el DNI para revisar la lista de pasajeros (o a veces sin la lista, deben tener una memoria prodigiosa estos muchachos).
  Casi todo “bien”. Una, que tiene ganas de llegar a su casa y que cree entender que algo están haciendo, porque la explicación de esta demora debe tener que ver con el tema de la trata de personas, o algún operativo; le alcanza al operativo su DNI, o su cédula-vencida-que-ya-no-existe-más-pero-donde-salí-mejor-en-la-foto, y sigue camino.
  Pero esta vez no estuvo todo “bien”.
  El gendarme le pidió a la pasajera que abriera su mochila. Cabe agregar aquí que la pasajera en este caso es una mujer curtida por la vida, de entre 40 y 50 años, que viajaba con su hija de veintipico, embarazadísima de muchos meses la joven, y que la pasajera en cuestión venía de hacerse un estudio de contraste de esos que te dejan tirada y sin defensas. 

  Acá con la mochila no hay forma de zafarla, ¿qué motivo tiene un gendarme masculino para revisar el bolso de mano de una pasajera femenina, con DNI de la zona, en la lista de pasajeros?
  El menos-que-humano le hizo sacar sus medicamentos de la mochila, amenazó por radio que la mujer llevaba medicamentos “sin receta” (¿una tiene que cargar permiso de portación de los remedios que usa?).
  El sabueso del terror le pidió que sacara la ropa interior que la mujer tenía dentro de la mochila, y que le mostrara “más abajo, más al fondo”, lo que tenía en el bolso.
  El abusador le hizo explicarle y rogarle por sus medicamentos que llamara al puesto sanitario de Chaltén para confirmar que ella estaba autorizada a transportar esos remedios.
  El malnacido trabajaba con un compañero gendarme, que no detuvo el abuso, y con la complicidad del resto del micro, que no dijo nada.
  Cuando se bajó del micro, después de terminar su “trabajo”, el gendarme prendió un cigarrillo y compartió unas risas con sus compañeros del destacamento. Después de esta escena, se prendió un pucho. Dejo al criterio de quien lee la interpretación de este acto.

Uno acá tiene que pararse a pensar un poco, porque el reflejo es indignarse y cuestionar a la víctima por no haberse defendido. Es lo que me pasó a mi ayer a la noche, cuando la estudiante de la EPJA Primaria me contaba lo que les había hecho a ella y a su hija este agente público que se supone que debería estar protegiéndolas, cuando volvían de los controles médicos que se habían hecho en Calafate. Y yo, imbécil, lo primero que pensé fué: “éso a mí no me puede pasar” y “yo no dejaría que éso me pase”. ¿Qué me “defiende” de éso? ¿Mi color de piel? ¿la tonada con la que hablo? ¿mi título universitario? No debo poner en la víctima la responsabilidad de la defensa. Debo culpar al atacante por las faltas cometidas. No debo poner en la víctima la responsabilidad de la defensa. Debo culpar al atacante por las faltas cometidas. Repetir mil, dos mil, las veces necesarias, hasta que lo entienda.

  Dos mujeres, una embarazada de muchos meses y su madre, que una noche quieren llegar a su casa viajando 220 kilómetros y que intentan cumplimentar con lo que les pide un supuesto oficial de seguridad. En vez de eso, son menospreciadas y amenazadas por un loco armado con poder.

  ¿Qué detiene este tipo de accionar abusivo por parte del personal de Gendarmería? Una, una sanción por parte de la superioridad por abuso de poder. Otra, una denuncia pública de que este tipo de acciones no pueden tener lugar.

  Otra más, y la primera, una reacción de parte de todo el pasaje del micro. Porque, como me podría pasar a mí, cualquiera iba a intentar causar el menor problema posible con tal de que no la “bajaran del micro” (el último micro en el día, lejos de casa, sintiéndome mal, viajando con la panza de mi hija que cada vez se pone más nerviosa). Inclusive comerse el abuso. Pero si más personas del pasaje del micro le dicen al inhumano que se detenga, que explique ese accionar, el operativo de abuso se detiene. Porque no hay explicación. Ninguna de estas acciones (desde el pedir la documentación en adelante) es legítima. Solamente las legitima nuestro acuerdo de que cooperamos con ellas.

  Cuando decimos Ni una menos decimos que el abuso no puede dejarse pasar. No es casual que esto le pase a dos mujeres viajando “solas” (solas en un micro con otra decena de personas, muchas vecinas de su localidad). Cuando decimos Ni una menos significa que hay que hacer lo que uno pueda para detenerlo, que no estamos solas cuando viajamos.


  Espero que alguien levante estas líneas y pueda hacer algo más. Pueda continuar con el siguiente paso en la cadena de pasos que haga que este infrahumano ya no le pueda hacer ésto a otra persona que quiera llegar a su casa, viajando 220 kilómetros en medio de la noche helada que tuvimos el jueves pasado.

jueves, 24 de marzo de 2016

vinieron con las armas

Estas palabras las escribí para el acto por el Día de la Memoria del 2016. Un día complejo, con la inoportuna visita de Barack Obama, el jefe de estado del país que apoyó todos los golpes de estado en América Latina durante los '70s.

Ellos vinieron con las Armas, pero también vinieron con la aprobación silenciosa y el apoyo declarado de muchos sectores. El poder económico. El poder imperialista. La Iglesia católica. Algunos partidos políticos. Y parte de la población.

  El año pasado le pregunté a mucha gente qué era importante recordar en esta fecha. Qué era lo que no teníamos que olvidar para que la historia no se repita. La respuesta que me quedó clavada en el pecho fué que hay que recordar que una parte de la población pensaba que la mejor alternativa era sacar al gobierno democrático del momento ¿Qué podía ser peor que Isabelita y López Rega?
No voy a cometer el error de decir que un golpe cívico militar como el del '76 fué responsabilidad de la población, había un contexto internacional que lo impulsaba, había intereses económicos e ideológicos, internos y externos. Y la fuerza fué aplicada por las manos que conocemos, a través de todas las Armas de nuestra república.

  Este año quiero invitarnos a pensar cómo sostenemos la Democracia entre todos, y porqué la memoria y la verdad son dolorosamente, trabajosamente, necesarias si queremos una justicia que funcione, que nos sirva. Que nos sirva. Que colabore en esto de vivir en Democracia, escuchando a todas las voces para entender la verdad.

  Buscando otras voces encontré una exposición del Juicio a las Juntas, donde un hombre, posiblemente un abogado, relataba el caso de Cecilia Inés, de 16 años de edad, encapuchada y engrillada en los altillos de la Casa de Oficiales de la ESMA. La habían capturado gracias a los datos que había proporcionado su hermana, a quién le habían dicho que sólo la iban a interrogar. Su hermana creía que así le salvaba la vida. Cecilia Inés permanece hoy en situación de desaparecida.
Subversión, una palabra que ha sido declarada culpable, y de la que debiéramos conocer su significado real.

  Ellos vinieron con las armas, y se llevaron las fuentes de trabajo. También escuché la voz del joven líder piquetero Darío Santillán, a principios de 2002, horas antes de que lo rematara la policía en Puente Pueyrredón y algunos medios intentaran hacerlo pasar como una víctima más de la crisis. “La crisis causó dos nuevas muertes”, fué el titular de Clarín, ilustrado por una foto de dos cuerpos observados por algunos efectivos. Un día después, el reportero gráfico que había capturado la secuencia logró difundir la verdad, y se supo que, se les habían levantado las piernas para que se desangraran más rápido y no pudieran ser socorridos. En la entrevista Darío dice: “antes del 20 de diciembre eramos los desocupados los que iban llevando la lucha, ahora nos encontramos involucrados prácticamente todos los sectores. El tema es como vamos coordinando las luchas para que vayan siendo mucho más fuertes.”

  Piqueteros. Los violentos, dicen las voces que declaran culpable lo que no les conviene. ¿No ves los palos que llevan a todas las marchas? Hay que entender el significado real de esos palos para cargarle las culpas a quien corresponde.

  Ellos vinieron con las armas. Ellas se encontraron primero en las Comisarías, en los Hospitales, en los Tribunales, y compartiendo su miedo y su angustia, caminaron en la Plaza de Mayo. Circulen, les dijeron. Y ellas escucharon y nunca se detuvieron. ¿Quién puede pararse frente a una Madre o una Abuela y no ceder ante ése dolor? Hablo de Estela Carlotto, que esta semana salió al cruce de los medios que intentaban sembrar discordia en el movimiento de DDHH, diciendo que ella se iba a encontrar con el Presidente de EEUU. “Eso no es verdad, y en todo caso si se produce una reunión será con todos los organismos”, aclaró. Hablo de Hebe de Bonafini gritando en Plaza de Mayo, sí, como una loca: “El otro soy yo”.

  Las madres. Las locas de la plaza. También culpables de criar hijos comunistas, gremialistas, culpables de criar hijos culpables. Hay que entender qué es que te arranquen a tus hijos, a tus hermanos de tu casa. Hay que entender porqué.

  Durante el Proceso se perdieron vidas, en su mayoría culpables. Culpables de querer construir orgánicamente una sociedad más justa. Si nos olvidamos de todo, no nos olvidemos de que el exterminio fué sistemático. Y que es una herramienta que fué utilizada ayer y sigue siendo utilizada hoy.

  Alcanzar la justicia para la sociedad en su conjunto va en contra del interés de los poderosos de turno, cuyo poder emana precisamente de mantener el control sobre el resto de la población (control social, económico, alimentario, de vivienda, de trabajo, de los cuerpos). No es el poder de crear, de producir, sino el poder de apropiarse. De ser dueño.

  A esto es obligatorio  resistir, y esta resistencia toma diferentes formas. Luchar por el nuevo edificio del Secundario, por ejemplo. Participar, reclamar, denunciar, construir. La democracia lleva mucho trabajo pero, si no hacemos este trabajo, nos sacan la vida de las manos.

  Otra cosa que quisiera que recordemos es que a la Democracia no la ejercemos sólo en el minuto que votamos: la ejercemos cuando vivimos, cuando comemos, cuando trabajamos, cuando escuchamos al otro y construimos con el otro que me acompaña, que me interpela.

Cecilia, Dario y Maxi, Azucena, están presentes acá hoy, llamándonos a seguir involucrados. Construyamos Justicia, para que “culpables” sean los que cercenan vidas, los que venden o envenenan nuestro futuro, los que no nos dejan crecer en libertad. 

martes, 24 de marzo de 2015

¿qué iba a ser peor?

Para el acto por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia del 2015 le pregunté a amig@s y vecin@s sobre qué era importante recordar. Salieron estas palabras, que leí antes del debate que hicimos en la escuela, sentada al lado de un banquito verde vacío, y que le dedico especialmente a mi amiga Susana. 


Este texto comienza de dos maneras: empiezo por la más “oficial”, el porqué estamos acá, en este momento: El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia es el día en el que se conmemoran en la Argentina las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar. Es el próximo martes 24 de marzo, porque un 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de estado que tomó el control de las vidas y las muertes de los argentinos por siete años.
El otro comienzo de este texto es casi más personal. Jorge Rafael Videla, el dictador, miembro de la Junta, murió en la cárcel que hay en mi pueblo, Marcos Paz. Tenía 87 años y, finalmente, había sido condenado a cadena perpetua por el robo de bebes y niños durante los años de esa dictadura. A veces me imagino que las familias de los 15 desaparecidos de mi pueblo deben haber respirado un poco más tranquilas ese día. Pero nada puede devolvernos al papá de Kamena (gremialista), o a la hermana de Alicia (que era docente), ni al ex-intendente, a ninguno de ellos. Son 30.000, y cada uno de ellos tiene alguien que los recuerda. Son las ausencias presentes.

Hay que decir que, en esos años oscuros, el poder militar lo cubrió todo y nombró y tomó a sus enemigos. Algunos de esos enemigos tenían la edad de ustedes, como los chicos de La Plata, los de la Noche de los Lápices, algunos tenían la edad de nosotros, los profes.  Otros de esos “enemigos” ni siquiera habían nacido. Este poder marcó, asesinó y encarceló sin juicios a sus “enemigos”, y robó las identidades de sus hijos; pero se adueñó también de las vidas de los otros, los que aprobaban y señalaban con el dedo a quienes entrarían en la lista de enemigos  o los que acataban sin mirar, sin escuchar y sin hablar, por desconocimiento o por miedo. El miedo es una gran herramienta de control, y la ignorancia también.

Por eso es importante recordar algunas cosas de las que no podemos hablar todos los días, quizás porque son demasiado dolorosas. Esta semana me visitó mi amiga Susana, por ejemplo. Su estuvo desaparecida por un par de meses y la torturaron, junto con su hermana Amalia, en un centro clandestino de detención. Nadie las había acusado de ningún crimen, salvo sus ejecutores. ¿Qué significa exactamente estar desaparecido? Nadie sabe dónde estás, si estás viva o muerto. Solamente se sabe que “te llevaron”, “lo chuparon”, “desapareció”. No tenés identidad, porque tus dueños han decidido que no sos una persona. Sos “el enemigo”. A ellas dos las torturaron y a algunas otras de sus compañeras les hicieron cosas más duras todavía. A otr@s de sus compañeros de militancia l@s mataron.
Ellas tuvieron la suerte de que, por alguna razón, en algún momento las pasaron a la cárcel de mujeres de Devoto, donde estuvieron unos años. Esto se llama: “las blanquearon”: estaban presas, pero existían. De estas cosas me fui enterando  en fragmentos, por comentarios breves que fue haciendo en los veinte años que nos conocemos. Hace muy poco que empezó a hablar más abiertamente conmigo de estos temas. Pero nunca dejó de militar, de pensar y de hacer, a través del camino que ella había elegido. Y nunca se olvidó.
Pensando en preparar estas palabras, le pregunté qué era para ella lo más importante a recordar de la época del golpe. Y me dijo que lo importante era recordar que había una parte de la población que pensaba que la mejor alternativa era sacar al gobierno democrático del momento, la pregunta que muchos se hacían era ¿qué iba a ser peor que Isabelita y López Rega?

Acá juegan muchos factores, uno importante era que faltaban pocos meses para las siguientes elecciones  nacionales. La fuerza militar golpista no actuaba en solitario, el golpe en Argentina había sido precedido por golpes en Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, todos perpetrados por la fuerza militar de cada uno de estos países. Esto se conoce como el Plan Cóndor. Rodolfo Walsh escribió, en su Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar, publicada desde la clandestinidad en Marzo de 1977:
"Una política semejante solo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina. (…) Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra que desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional."

También les hice la misma pregunta a otros amigos ¿Qué es lo que tenemos que recordar? ¿Qué es lo que no hay que olvidar?
Jerry me dijo que uno toma más conciencia con el cuerpo vivido en la situación. Todos tenemos nuestros derechos como individuos, pero solamente los recordamos y los entendemos cuando nos faltan. Ante  la vulneración de derechos, ése es el momento en el que tomamos conciencia. "No sé quien descubrió el agua", me dijo Jerry, "pero seguro que no fue un pez."
Esto me hizo pensar en lo importante que es entender nuestros derechos y valorarlos, y sobre todo valorar la vida en democracia, en “libertad”.

Una vecina, Florencia, la mamá de Tadeo, dijo que lo importante es “Proclamar nuestra democracia, no caer más en dictaduras, pero por sobre todo abrir nuestro espíritu y corazón e integrarnos como sociedad y como sudamericanos.”
Con esto pienso en el valor que tiene entender nuestra historia y nuestras relaciones con los otros pueblos latinoamericanos, en el contexto de presiones imperialistas. Pienso en la situación de Venezuela en este momento y, un poco más allá, pienso en la guerra en medio oriente, justificada por supuestas armas de destrucción masiva que nunca se encontraron. El pasado nos deja comprender el presente.

Susanita, ex-profe de nuestro colegio, recuerda a Julio López, “¡Julio López Presente! Homenaje al tristemente doble desaparecido del ‘que no se habla’”.
Seguramente muchos no saben quién es Julio López, secuestrado en democracia, en el 2006,  poco después de declarar contra Miguel Etchecolatz, comisario encargado durante el Proceso de uno de los centros de detención clandestinos de la provincia de Buenos Aires.

Omar, otro amigo, nos dice algo parecido a lo que decía Susana: “En lo personal, creo que es necesario hacer hincapié en los hechos históricos previos al golpe del ´76. Aquellos que hicieron que gran parte de la población llegara a pensar que eso era lo mejor que podía ocurrirnos a los Argentinos.
Es indudable que el Plan Cóndor no sólo tenía como objetivo derrocar gobiernos democráticos en América Latina e instalar dictaduras. Además, este macabro plan incluía el boicot económico y la instalación en el inconsciente colectivo de que ejércitos terroristas querían implantar el comunismo en estos países, como forma de persuadir a la población para que apoyara los golpes de estado.
Es imprescindible conocer la historia de estos hechos porque dejaron marcas profundas y dolorosas en la sociedad. Parafraseando a Silvio Rodriguez; Esto es la Memoria: Un arma cargada de futuro.”

Diego, desde Villa Gesell, me habló de los autores ideológicos de la teoría económica, que todavía hoy asesoran a algunos políticos con sus recetas, la Universidad de Chicago con sus Chicago Boys, como Domingo Cavallo, ministro de economía durante la presidencia de Menem. Sabri dice que hay que continuar la lucha, algo de eso van a ver en el video que sigue: qué mundo soñaban los que fueron perseguidos. Patricia reflexiona sobre qué significan exactamente las palabras “Terrorismo de estado”. Y Paola recuerda a los Normalistas, los estudiantes mejicanos desaparecidos hoy, que nos siguen llamando a no olvidar y a actuar para que estas cosas no sigan repitiéndose.

Hasta acá, muchas palabras fuertes, ¿no?: Terrorismo de estado, Golpe, Proceso, Dictadura, Desaparecidos…, algunos no conocíamos estas historias… a otros, quizás, algunas de estas palabras hoy nos suenan un poco más de cerca.

Para cerrar, Verónica nos recuerda que lo importante es pensar y reflexionar sobre qué es “Lo que pasa en una sociedad cuando el miedo hace que uno deje de participar y de preocuparse. Y la falta de empatía y el cuidado del otro.”

Antes de ver el video y empezar el debate, me gustaría que escuchemos a la actriz Cipe Lincovsky recitar un poema atribuido a Bertol Brecht, que tiene muchas formas, pero que creo que nos muestra una parte de esto que es tan importante: no tener miedo de defender el derecho de los otros, porque ésos son también nuestros derechos.

domingo, 1 de marzo de 2015

cuando un vulcano se va...

Pocas cosas que enlacen tantos recuerdos como Star Trek... familia, amistades, intereses de ayer y de hoy, crecimientos varios... McCoy se nos fué hace unos años y el viernes partió Spock, no sin antes salvarle las papas, varias veces, a la nueva troupe.
Mis sobrinos me preguntaron el otro día cuál es mi personaje favorito en Star Wars (en mi familia, una pregunta clave), y lo tuve que pensar un rato. Pero en Star Trek no lo dudo ni un segundo: Spock y, bien cerquita, McCoy. Y Roddenberry, claro.
Asi que gracias, don Leonard Nimoy, t´hy´la, por ser ése Spock con el que pude entender algunas cosas.

una con todos... y la Enterprise (fuente: NASA)

¿Querés saber más?
patagonia dreaming: Star Trek y la pizza de la nona
La NASA recuerda a Leonard Nimoy (en inglish)

jueves, 19 de febrero de 2015

cumbre o mate: travesía al r.r.d.

Quien siga las líneas que aparecen por este rinconcito de la Internet de tanto en tanto, sabrá que ya hice varios intentos a ese elusivo destino chaltenense: el Refugio Rio Diablo, sito en la punta Norte del Lago del Desierto. El honor de la casa queda masomenos resguardado por el hecho de que la que suscribe no es la única que se perdió en el camino. Varias veces.

    Así que con el fin de semana largo de Carnaval en vista, y no tentándome demasiado la cuestión de la Fiesta del Lago de Calafate, decidí rumbear para el Norte y darle una paseada a la zona… a ver si en esta oportunidad los caminos se abrían. En la semana previa me empezaron a temblequear las patas pensando en una travesía en solitario y busqué co-expedicionarios: Andre se prendió enseguida y creo que, sin su empujón, me hubiera pasado el finde en casa haciendo fiaca. Lo que me hubiera perdido. Mario estaba que sí, que no, que tiro una moneda, que Calle 13 y que Catupecu Machu. Así que la noche anterior a la partida decidió que saldría el domingo (nosotras salíamos sí o sí el sábado, yo tengo mis limitaciones para la caminata y Andre tenía que estar trabajando el martes de nuevo)…       Por supuesto que Andre y yo ni pensamos que, después del pogo del sábado y con un mapa ad-hoc que le había hecho el amigo O., este muchacho iba a aparecerse en el refugio. No way, José. Little did they know…

    Ese cambio de último momento nos generó algunas corridas el sábado, ya que Andre no recibió mi mensaje a tiempo pero, entre una recorrida a todas las agencias abiertas, con la colaboración de Leo-en-bicicleta, y la inestimable ayuda de Los salteños que me aguantaron la mochila mientras corría a lo de Andre a buscarla, pudimos empezar la fase uno a eso de las ocho y algo de la matina.
    Pero para Lago del Desierto no pasaba ni una cachaña trasnochada… ¿se habría ido todo el mundo tras las luces del vaudeville y las mareas humanas en Calafate? Don´t panic, valiente hitchhiker: nos levantó un muchacho que trabajaba en Los Huemules y nos alcanzó el primer tirón; y de ahí justo pasó Ricardo, del Albergue Patagonia, que iba con la excursión de las bicis y nos llevó hasta el lago. En el camino íbamos hablando de los visones y su científico rock-star, del avistaje de huemules y la remera que se iba a hacer Andre (“Los huemules me ven pasar”), de D. que se iba a hacer kayak (él decía) para (nosotras suponíamos) lanzar su campaña a la intendencia desde el centro de Laguna Cóndor (si el centro no era demasiado profundo).
    Llegamos, pero la Huemul ya había zarpado… le dijimos chau desde el muelle y nos fuimos a ver si la embarcación de las 12 podría cargarnos hasta el otro lado del Lago. Finalmente sí, podía, así que habremos llegado a Punta Norte antes de las 13, lo suficiente como para pronosticar un buen avance por el valle… y, quién sabe, quizás llegar al Refugio el mismo día. Nos registramos en Gendarmería (Andre hizo ilusionar a un joven gendarme con rumores de una gendarme femenina que estaría por ser destinada al destacamento… no le conocía esa veta de maldad).  
    Y salimos.
    Y le pifiamos a la salida y corregimos el rumbo. No era la idea ir a Villa O´Higgins.

    La vista desde el morro que va para la estancia de Sepúlveda es espectacular. Y yo empecé a recordar lo de mi problema en las subidas. A apechugar a velocidad caracol y esperar que la compañera no enloqueciera por mi lentitud. La estancia es hermosa, y nos encontramos lo que ya nos había dicho la gente de la navegación, con Silvia y Raúl reacondicionándola. Pasamos a saludar a Juan y decidimos parar a almorzar cerca, entre los frutales de la chacra. Andrea fue sorprendida no gratamente por los sanguches de la vianda de Mario, que don Leo había regresado a la mochila luego de que ella los sacara esa mañana… ¡éso no se hace, Leo! ¡seicientos gramos son una tonelada de subida! Hablamos un rato con Raúl, que se acercó y nos contó los planes que tenían. Un laburo importante entre las manos. Hicimos un almuerzo tranquilo, al solcito que asomaba de a ratos. Y seguimos camino.
    La primer parte tranquila, el suelo estaba bastante seco y no tuvimos que lidiar con los arroyitos de la salida ni el mallín. Pero al rato de caminar nos empezamos a meter en unos renovales, siguiendo el río y al final se hizo imposible. Decidimos (gran error) vadear el río para evitar las ramas y a uno de las grandes amenazas blancas de la excursión: la cuncuna (conocida como gata peluda en otras latitudes), a la que se le da por eclosionar cada cuatro años, y éste, justamente éste, estaba en su mejor momento.
    Volvimos a vadear para retomar la margen derecha… y seguimos entre renovales, poniéndole el cuerpo al ramaje para atravesarlo. Yo no recordaba demasiado eso, sí me acordaba de una parte con renovales pero, luego de una consulta al mapa, llegué a la conclusión de que estaríamos pasando un morro. Andre estaba en lo correcto, sospechando que estábamos remontando un afluente del Diablo (también glaciario), pero no podíamos acordarnos de haber visto una confluencia cuando vadeamos. Así que decidimos darle para adelante. Y siguió el ramaje. En subidas cada vez más cerradas, con arroyitos cristalinos… un lugar bastante parecido (pero menos abierto) que por el que me mandé la última vez.

    A eso de las ocho, y ya cansadas de subir y agobiadas por el bosque cerrado, decidimos parar y acampar en un lugar plano y más abierto. El viento se sentía de a ratos bastante fuerte, pasando por arriba de los árboles. Fui a buscar agua y Andre se puso a preparar la cena (nos tocaban unos riquísimos fideos automágicos con salsa de tomate). Ya los espíritus estaban más reparados y, mientras yo acomodaba mis cosas, Dora la exploradora se subió al Árbol Solitario y oteó el horizonte. Regresó con su sospecha confirmada de que estábamos muy lejos de nuestro río.
un poquitín perdidas...
    Así que nos fuimos a dormir, noche tranquila con los ruidos del bosque de compañía. A la mañana nos acompañó en el desayuno y desarmado del campamento  un trío de carpinteros que supusimos gays (según Andre eran los papás y el hijo adoptivo), ya que no se veía ninguna hembra a la redonda. Nos fuimos con el mapa para el mirador del Árbol Solitario y constatamos entre las dos las sospechas de la tarde anterior. Aquí tengo que anotar esto: debo aprender a triangular posiciones sobre el mapa con la brújula. V. me preguntó mientras revisábamos los mapas de la zona con el amigo O. y el Google Earth, y ya estábamos muy sobre el momento para ponerme a aprender algo nuevo. Pero eso nos hubiera dado la respuesta precisa de dónde estábamos ya en ése momento.

    Quizás hubiera sido posible seguir avanzando y cruzar por donde estábamos, pero preferimos ir a lo seguro y desandar camino. Si estábamos en lo correcto, teníamos que encontrar la confluencia y seguir al verdadero rio Diablo cerca del punto donde habíamos vadeado originalmente. En la bajada hasta el río nos mantuvimos lo más cerca del morro que pudimos, y con eso agilizamos la bajada, ya que el bosque era más joven, pero no al punto cerrado del día anterior. Y aquí el segundo “desastre” de la expedición: bajando por el bosque, siendo un ardor increíble en el dedo. Inmediatamente pienso: “cuncuna”. Me la estaba tratando de soltar cuando me di cuenta de que no era una cuncuna y que tenía otra abeja revoloteándome arriba de la cabeza y en picada directo y ya picando, más ardor en la cabeza... Andre me gritó que saliera de ahí, que estaban en el tronco. Al valiente grito de “Sacámela, sacámela”, me tiré para el lado de Andrea y, mientras yo me sacaba el puto aguijón de la mano, ella rastreaba el que tenía en la cabeza y trataba de matar a una tercera abeja que yo tenía metida en el pelo sin que la picara. Después, mientras yo me recuperaba del ataque y rogaba que esta genética mía no resultara ser alérgica también a las abejas (pregunta que nunca, hasta ahora, pude responder), ella fue a buscar mis bastones, que yo había tirado cuando salí corriendo. Una grosa, mi amiga. Nos alejamos un poco más, me temblaban las patas. Esperamos unos minutos, a ver si empezaba el shock anafiláctico. Por suerte, más que el tremendo ardor en el cuero cabelludo (era como tenerlo a Cali tirándome del pelo para arriba, para mostrarme como pararme derecha en Tai Chi), la cuestión no pasó a mayores. Resulta que no soy alérgica a la picadura de las abejas. ¡Vamo´ ahí! ¡Una buena!
    Y llegamos de nuevo al río. Para evitar el renoval y, como había un solcito incipiente, nos pusimos el calzado de vadeo y le encaramos por donde pudimos. Por suerte venía bajito y no hubo mucho apurón.

    Toda nuestra teoría recaía necesariamente en que en algún punto habíamos sido lo suficientemente imbéciles para confundir la confluencia del afluente con una curva del Diablo. Y sí, finalmente llegamos al punto en cuestión y nos encontramos con nuestra teoría confirmada. Todavía no entiendo qué me pasó. ¡Cómo no lo ví! Moraleja y recomendación: siempre mantenerse de la margen derecha del rio… no es necesario vadearlo nunca.
    Retomando el sendero, ya fue cuestión de darle para adelante por terreno conocido. Y pronto empezaron a aparecer las marcas: las chapas, las piedras pintadas… de rojo… la damajuana y la cascada preciosa. Y la entrada al senderito de los meandros, el lugar en el que me quedé las dos últimas veces por lo mismo que nos había pasado ahora: remontar un afluente. Curiosamente, la forma de las curvas es similar.
    Las subidas se hacían sentir, modo caracol a full. Eran interminables, y todas venían con su respectiva bajada. Nos cruzamos los pozones de agua cristalina, y las bellísimas cascadas que desde hace tantos años ansiaba ver. Musgo sobre las piedras, el sendero, los arroyos. De a poco, el horizonte se fue abriendo y en algún momento salimos a un valle abierto y en altura: al rato podíamos ver el valle del rio Diablo hasta la punta Norte del Lago del Desierto. Teníamos al Vespignani de espaldas, y al Demetrio a la derecha. Hacia la izquierda, un morro que tapaba al Milanesio, y hacia adelante, la bajada del morro de la derecha, viniendo del Demetrio. Allí, al final, esperábamos ver las lagunitas, la alargada y la redonda, entre las que estaba el Refugio.

ya estamos cerca...
    Y al rato aparecieron ellas. La zona que atravesábamos era mallinosa, pero estaba lo
suficientemente seca como para ser transitable, o nos subíamos al bosquecito de la izquierda para no mojarnos las patas. Dentro del bosque, de a ratos se distinguía el sendero. Sobre un sector, casi al final del mallín, vimos unos líquenes con hojas del tamaño de una lechuga pequeña. Y unas plantas estilo camalote, de flor amarillo-blancuzca y hojas lanceoladas. Mientras caminaba ví, fugaz, una planta que nunca había visto, con pequeñas flores hermosas. No había otras a su alrededor, y se me ocurrió que bien podría ser la última de su especie. ¿Cómo sería ser el último individuo, el final de la cadena?
    Las chauras estaban rojas, brillante rubí cuando les daba la luz del sol sobre el marco verde del pasto contundente.
    Bordeamos algunas lagunitas y encontramos un morro. Subí a explorar y grité de alegría cuando vi el refugio, no en el morro al que me había subido, sino en el del frente. “¡Es enorme!”, le grité a Andre. Subió a mirar y nos abrazamos, felices. Estábamos ahí.

    Discutimos sobre si avanzar por la derecha o la izquierda de la lagunita para subir al morro del refugio, aunque el camino de la derecha parecía más corto, decidimos ir a lo seguro y encararlo por donde todos, o sea la izquierda. Nos encontramos con las chapas, una mata de ruibarbo y la subidita del faldeo final. El amigo O. me había dicho que era “como la subida al barrio de arriba”, pero no encontramos la escalera, así que le dimos por el sendero nomás.
    Y allí estaba: El Refugio Rio Diablo, R.R.D. para los amigos que lo buscan incansablemente. Aunque sí que estábamos cansadas. Decidimos no armar la carpa y echar a los inquilinos ratoniles por esa noche. Por suerte solamente vimos uno o dos. Tomamos un poco de sol afuera y admiramos la vista al valle, a la laguna abajo, al frente donde suponíamos que debía estar el mirador al glaciar Chico, pasando el hito.

    Preparamos una picada y calentamos agua para los mates de la llegada, los mates del encuentro triunfal del refugio. Cómo los venía palpitando a esos mates, desde hace unos cuantos años…
Y… en ése momento… un movimiento a la izquierda, pasando la puerta… que primero mis sinapsis no lograron procesar… un humano… caminata conocida… y la neurona hizo contacto: ¡era Mario, llegando al refugio post-recital de Calle 13! Debo reconocer que mis gritos de bienvenida no son para ser reproducidos en este medio, y que la alegría de verlo llegar sano y salvo también estaba bastante mezclada con las ganas de asesinar a este novato insolente que se presentaba de una y encontraba el refugio… sin equipo adecuado, con una viandita más bien magra, ¡el vino que le habíamos encargado! y… mucho espíritu de aventura.
aventurero...
    Lo abrazamos un rato, y lo sentamos a qué comiera y nos contara cómo había sido su travesía, le contamos de la nuestra y, entre mate y mate, historias de por medio, recuperamos energía como para ir hasta el glaciar. Colgamos toda la comida para alejarla de los amigos rodens y llevamos las botellas para cargar agua en la lagunita. Unos veinte minutos de caminata y estábamos en un mirador desde donde se podía ver en su extensión el glaciar Chico, los cerros, algo del campo de hielo, el lago O´Higgins/San Martín y la península… los icebergs en el agua, el frente del glaciar. Sacamos fotos mientras pudimos y nos movimos a lo largo del frente del bosque donde estábamos, para tener diferentes vistas. Majestuoso. Me senté un ratito a mirar, no sé qué pensaba. Creo que no pensaba nada, excepto en sentir el paisaje. Hay lugares que no pueden pensarse demasiado, éste era uno de ellos. El glaciar, totalmente distinto del Viedma, o del Perito… Oscuro, quebrado. Cascadas y lagunas de ablación que podían verse al otro lado. La piedra del frente hablaba de un retroceso reciente, habrá que comparar fotos.


admirando el Glaciar Chico

vista al lago O'Higgins...

  Había otros senderos que llegaban más sobre el frente, pero se nos estaba acabando la luz y al día siguiente teníamos que salir temprano si queríamos tomar el barco de las 17. Le dijimos chau al paisaje y volvimos al refugio… nos pasamos de largo… retomamos y fuimos a buscar el agua. Mario había encontrado bosteo de puma… pero no vimos ninguno. Esta noche me tocaba cocinar a mí, una polenta con vegetales, y queso crema, con un touch de hondashi, ajo fresco picado, cebollita de verdeo y, según Andre, una exageración de morrón rojo (pero fuente de vitamina C). Era una polenta necesaria. Era la polenta más rica que comí en mi vida: debo decir que el aire de campamento sigue funcionando perfectamente como condimento. Mientras cocinaba, seguimos charlando y nos bajamos el vinito que trajo Mario ya que, no sin horror, descubrimos que el que había traído Andre estaba bastante horrendo.
    Se largó la lluvia antes de que nos fuéramos a dormir, mientras le dábamos al chocolate, los dátiles y hacíamos los últimos aprontes para pasar la noche. Por suerte ninguna gotera del lado para dormir, el refugio está en muy buen estado (excepto por una ventana rota). El viento azotaba afuera y volaba algún que otro tronco, pero adentro con una vela y el fueguito del calentador estábamos cómodos.

    A la noche se puso muy húmedo y tuve mucho frío, mi bolsa de dormir tenía la tela super fría, inclusive usando la bolsa de vivac afuera. Pude dormir un rato largo, gracias al cansancio que traía acumulado, pero una vez que me desperté estuve moviéndome continuamente y temblando para entrar en calor. Sin éxito. Me puse la campera de plumas y ahí resolví la situación arriba, pero tenía los pies congelados. Mario, muy caballerosamente, me acomodó su campera y con eso pude volver a
plena
dormir un rato más. Hasta que sonó la alarma y me levanté a preparar un desayuno fuerte para iniciar la marcha. Desayunamos tranquis, hicimos nuestras abluciones, admiramos el amanecer y esperamos al señor Sol, que nos calentó un poquito más el alma. Arriba, todo estaba espolvoreado de nieve recién caída.
Refugio Rio Diablo

    Y así, levantamos base y partimos de regreso. Fuimos bastante rápido, ya que la pendiente era principalmente en bajada, aunque a Mario se le complicó un poco la rodilla. A mí se me complicó una pasadita medio en picada sobre el río, pero Andre me ayudó y con las indicaciones de los co-expedicionarios, la fui remontando sin incidente.
    Todo es lindo, por allá. El silencio, el ruido del viento, el murmullo del río, el bramido de la cascada verde. La luz. El silencio.
    Las hojas de las lengas, los troncos, los ñires erectos, las flores y los frutos. La muerte en el sendero, pregunta inexplicable. Los pájaros, las nubes, las cimas y la nieve. La sensación en los pies después del vadeo. Frescura tierna.

vadeando la cascada verde
    Pasamos por la estancia a saludar a Silvia, que nos invitó unos mates, pero teníamos todavía la subida del morro de Gendarmería por delante y declinamos la invitación con todo el dolor del alma… prometimos unos mates al reencuentro en el botecito, ya que ellos también volvían al pueblo… el comienzo de clases nos hizo volver al mundo real. Cierto.
    Lo más complicado eran las bajadas, con la rodilla de Mario en la mano. Y yo en las subidas echando los bofes. Andre, una duquesa  de subida y de bajada. No problema. Pero finalmente llegamos, le avisamos al Jefe y a siestear al pastito verde de la orilla del lago y a calentar agua para los prometidos mates. Un poco de elongación… mis rodillas también estaban pidiendo cariño.
    El cruce con poco viento, linda temperatura, bastante despejado todo. Saludamos a la tripulación de la Tehuelche y rumbeamos para el pueblo, con Mario de piloto, quien suscribe de cebadora oficial de mates y Andre en la retaguardia siendo observada (desde el bosque) por todos los huemules. Se rumorea que el que se bajó desde Laguna de los Tres al Chorrillo esa tarde, lo hizo sólo para verla pasar.
    Quedamos en encontrarnos al día siguiente, con don Leo también, para una cena de cierre de travesía, pero los muchachos nos fallaron (intento omitir lecturas feministas pero, qué te voy a decir, no me sale… ¡me cacho!). El sushi estuvo rico (estilo hogareño), aunque el arroz se me pasó un poco. Nos regalamos unas cuantas delicias orientales, incluyendo una sopita miso de entrada, un wasabi termonuclear y salsa de soja y calafate (¡Patagonia fusión!) para acompañar, todo regadito con un par de cervezas bien respetables.

siesta en punta norte