sábado, 24 de marzo de 2018

discontinuidades de facto



Éstas son las palabras que leí ayer en el acto de la escuela por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. El acto en sí mostró algunas de las tensiones que circulan por espejo social que es la escuela pública. Luego de estas palabras y la proyección de los primeros diez minutos de La noche de los lápices, hubo una intervención de otro docente habilitada por prácticas machistas que intentó meter en el juego a la teoría de los dos demonios, y que se fué de mambo cuando se la intentó bajar a nuestra realidad en la escuela. Cuando digo prácticas machistas digo habilitar la voz de un hombre sin los mismos requisitos que tienen que tener las voces que hablan en un acto oficial escolar. Antes de cada acto, l@s profes nos inscribimos en un libro de circulares para colaborar en diferentes partes. En mi caso, que me anoté para las palabras alusivas, también es un requisito que estas palabras se presenten con anticipación al rector, para que pueda revisarlas. Así que las leímos en rectoría, y también con los aportes de la secretaria y la asesora pedagógica de la escuela, revisamos el contenido. Como a la mañana misma del acto no se había inscripto nadie para el número, propuse pasar la secuencia inicial de La noche..., la de la asamblea de la Coordinadora de Centros de Estudiantes de La Plata, donde se decide una movilización para presentar una nota pidiendo por el Boleto Estudiantil, y debatir con l@s estudiantes acerca de la escena y el tiempo en el que se producia. Ahora, unos minutos antes del acto, me acerco a la compañera que coordinaba, para ver cuando me tocaba intervenir y veo que, en lápiz, está escrito el nombre del profesor de historia, "cerrando". Lo que pasó a continuación ...es material para otro posteo. 
Gracias a María Laura, Julián, Leandro, que fueron mis compañer@s de equipo en el profesorado (el texto original puede encontrarse aquí). Y a l@s estudiantes que se animaron a aportar al debate con preguntas y respuestas, especialmente a Juan y a Patricio.



El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de estado que sacó de la presidencia a Isabel Perón y se inició una dictadura que se prolongó hasta 1983.

      Ustedes nunca vivieron en una dictadura. En una dictadura tu mamá te dice que no cantes canciones por la calle, porque hay canciones peligrosas. En una dictadura, tu papá llega del negocio y comenta que al repartidor lo acribillaron en su camioneta porque se le paró enfrente del destacamento de La Tablada. En el diario, dicen que fue un "enfrentamiento". En una dictadura hay un mundial de futbol que todos miran. Los chicos van a la primaria y toman distancia, los jóvenes van a la secundaria, con el pelo corto o con pollera, y cantan el himno nacional. Argentina sale campeón en el Mundial. Los estudiantes secundarios salen a reclamar el boleto estudiantil y los trabajadores a hacer el Cordobazo. En Puerto Santa Cruz, a los niños de la primaria los hacen formar en fila para darle un beso a Videla. Todo esto pasa en una dictadura, mientras las personas viven sus vidas.
      Hay algo que falta, en una dictadura. Todo parece normal, inclusive lo que no es normal. Hay una normalidad de mentira. Hay un estado de excepción. No hay garantías constitucionales. Todos los derechos que nuestra constitución garantiza, desaparecen.

      Los estudiantes de secundaria desaparecen, los y las trabajadoras desaparecen. El futuro del país se decide en otro lado.

      Cuando estudié el profesorado, lo hice en la UTN, la Universidad Tecnológica Nacional. Hace muchos años que nació la UTN, pero cuando se fundó se llamaba Universidad Obrera Nacional. Fue en el primer gobierno de Perón, cuando el movimiento obrero logró acceder a la educación universitaria. Una de las innovaciones de la UON eran sus horarios flexibles de cursada, podías trabajar y estudiar al mismo tiempo. ¿Por qué cuento esto? Una de mis profes, Marilú, la de Historia, nos pidió hacer una investigación sobre las discontinuidades en la democracia argentina. Nos preguntó ¿Cuántos gobiernos democráticos y de facto tuvimos? ¿Cuántas presidencias democráticas pudieron completar sus mandatos? ¿Cuántos gobiernos de facto tuvimos? ¿Cómo terminaron?

      Porque hoy conmemoramos la fecha de inicio de la última dictadura, pero hubo unas cuantas más antes. La del ’76 no fue la primera. Cuando pedimos Memoria, Verdad y Justicia lo hacemos para que Nunca Más haya estado de excepción constitucional, para que los chicos y las chicas de las secundarias puedan pensar sus derechos sin que aparezca un auto verde en la puerta de sus casas y se los lleve a ser torturados, y asesinados. Para que las ideas sobre los modelos de país que queremos, que esos chicos y esas chicas, y esa generación querían, se puedan debatir. Para que todos los genocidas que cometieron y colaboraron con esos crímenes reciban su justicia en la cárcel, que es el lugar donde tienen que estar.

      El resultado de ése práctico fue sorprendente, por lo menos para mí, que en mi adolescencia no tuve formación política y que no entendía por qué no podemos acordar qué modelo de país queremos. Les voy a mostrar unos gráficos que hice sobre esa información.

 En éste primer gráfico vemos que pasó en los 102 años de gobiernos desde el primer gobierno de Irigoyen en 1916 hasta este año. Tres partes del tiempo, practicamente, tuvimos gobiernos electos en el poder. Ésto parece bastante bueno.
 Ahora, ¿Cuántos gobiernos hubo en estos 102 años que hayan accedido al poder por el voto popular? Apenitas sobre la mitad.
De esas 19 presidencias que accedieron al poder legitimadas por el voto popular, hasta ahora solamente 9 pudieron completar su mandato.

Además... ¿cómo fueron las elecciones en cada caso? Década Infame, voto femenino solamente a partir de 1952 (la mitad del padrón actual excluída), proscripción de una de las principales fuerzas políticas desde el '55 hasta el '72...
 








      Entonces, vuelvo a preguntarnos, ¿cómo queremos que sea nuestro pueblo, El Chaltén?, ¿cómo queremos que sea nuestra patria?

      Si puedo aconsejarles algo, les pido que construyan su memoria. Lean, infórmense, miren La historia oficial, La noche de los lápices. Los primeros minutos de La noche de los lápices es una asamblea de la coordinadora de Centros de Estudiantes de La Plata. ¿Qué se discutía, qué país querían? Miren Los traidores, de Raymundo Gleyzer, sobre la burocracia sindical. Algunas películas viejas son muy modernas.

      Construyamos memoria. Exijamos verdad y justicia parándonos sobre tierra firme. Construyamos nuestra Democracia.

Gracias.

miércoles, 14 de marzo de 2018

voces que nos pensamos



La semana anterior al Paro Internacional de Mujeres estaba escuchando La Tribu y en uno de los programas comentaron sobre la iniciativa del Colectivo Feminista La Revuelta, de Neuquén, que había hecho unos compilados de audio con las voces de niñ@s y adolescentes, respondiendo dos preguntas… ¿Qué pasaría si todas las mujeres paran el 8M? y ¿Cómo te imaginás un mundo feminista? Titularon la experiencia "¿Qué pasa cuando el feminismo se detiene a escuchar a les niñes?". Me encantó la propuesta y empecé a pensar hacerla en la escuela. Little did she know…

Lo hablé con otra compañera que estaba trabajando el tema y le gustó la idea, así que lo consulté al rector para hacer el comentario en la reunión de profes del día siguiente. Era un poco arriesgado, porque a varios les molesta que se hable del tema, aunque no tienen problema en darle con ganas a los micromachismos cotidianos (anche algunos macro también…).

Entonces, en la reunión comenté sobre la experiencia del Colectivo, y mencioné las preguntas. La reacción fue interesante, sobre todo cuando dije la segunda, ¿Cómo te imaginás un mundo feminista?... A la mención de la “palabra F”, los cuerpos saltaron por el aire y se agitaron incómodos, como si alguien los hubiera pinchado en… la espalda. Alguien tiró un “Igual que un mundo machista, pero al revés”. Genial. Parece que la gente no escucha, o escucha lo que le conviene. Pero se desató un mini-debate interesante, y la compañera pudo deslizar la idea de que justamente, el reclamo es la igualdad de derechos. Otro compañero dijo que él iba a colaborar en lo que pudiera… Little did he know…

Mi idea era armar un “estudio de grabación” en la sala de informática, que es la oficina donde trabajo en el secundario. Tenemos un micrófono bastante potable y con el amigo Audacity podría poner a grabar a la gente que quisiera venir a registrar sus respuestas. Lo primero que hice fue armar un cartel para invitar a que los y las chicas pasaran a hacer escuchar sus voces. Aproveché que el compañero voluntario es profe de FEC y tutor de algún curso y pasé por sus clases del jueves para pegar los cartelitos y que él pudiera comentarles sobre el proyecto.

En un corte de recreo, se armó el debate en la "sala de profesores", sobre hablar de esto (¡de esto!) en la escuela, y de que los y las chicas rechazaban el tema de la discusión de género, y de cuál era el reclamo feminista, y de la comprensión del sentido común que dice que feminismo es la opresión del hombre por la mujer. Que no es éso, claro. Igualdad de derechos. Hubo algunos comentarios sobre que “cada persona tiene sus opiniones” sobre el feminismo, pero claro, sería lo mismo que decir que “cada persona tiene sus opiniones” sobre la revolución industrial, el movimiento de derechos civiles, el apartheid…, que podrá ser cierto, pero no dejarían de ser opiniones incorrectas si ubican a la revolución industrial, supongamos, en la invención de la rueda, al movimiento por los derechos civiles como un enfrentamiento con los pibes del Ku Klux Klan o al apartheid como una oportunidad educativa diferenciada para los sudafricanos. Así que cuando el ambiente dejó de ser amigable para el debate productivo, hice una salida estratégica a seguir laburando.

Ya sobre el cierre del día, cuando los cursos se iban retirando, fui pegando por varios de los cursos vacíos los carteles, para entrar a hacer el comentario al día siguiente. A uno de los cursos decidí que no iba a entrar, midiendo un poco el ambiente me pareció que la propuesta iba a ser recibida con violencia e iba a ser contraproducente. Ahí iba a hablar individualmente con algun@s de l@s chic@s para proponerles participar.

Y, al día siguiente… viene una estudiante de uno de los cursos a pedirme “otro cartel”… le pregunté qué había pasado con el que estaba pegado… “Mh, no sé…”. Así que la acompañé al curso con el cartel, ya se estaba armando el debate. Les dejé el cartelito e hice mutis por el foro…

Volví en el recreo, aprovechando que la siguiente profe necesitaba el proyector. El nuevo cartel estaba pegado sobre el pizarrón, y lo habían “intervenido”, tachando con corrector la palabra “feminista” de la pregunta sobre el mundo y escribiendo en su lugar “IGUALITARIO”. Primero me descolocó, pero después me pareció que habían ido al fondo de la cuestión. Como primer paso, y un poquito más, estaba bastante bien. Por otro lado y, como hablamos después con el profe, esa visión deja de lado la raíz feminista del reclamo, cosa que es un pelín típicamente machista, así como apropiarse del reclamo y lavarle la cara. Es algo así como lo del “Nadie menos”, o el “All lives matter”. Vamos, que las que reclaman por la igualdad de género son las que justamente sufren la desigualdad de género, y los asesinatos y abusos… no suele pasar que al opresor se le ocurra salir a reclamar por más privilegios para el oprimido. Escuché también el otro día que “si las mujeres avanzan, avanza la humanidad”, como respuesta a la supuesta pérdida de privilegios de los muchachos. A los muchachos (a muchos, no a todos) les preocupa perder privilegios… no es de buena gente, muchachos. Ahí entramos en que a nadie le gusta que lo tilden de mala gente y quizás por eso tengamos (algunos, no todos) muchachos enojados. Lamentablemente, en las expresiones de berrinche al respecto seguimos perdiendo mujeres y chicas todos los días, de maneras bastante horribles. Eso también salió en las conversaciones esta semana… el índice de violencia de las mujeres versus el de los hombres. En un mundo feminista, no me imagino niñ@s abusados por sus parientes mujeres. Digo, porque si en nuestro mundo patriarcal el principal lugar de abuso es la casa y la parentela masculina, y un mundo feminista sería al revés… bueno, no… y si digo imposible que eso pase es una afirmación que suena bastante cierta, ¿no? Porque si hay algo que hacemos las chicas, es cuidar la vida.

La cuestión que el profe nos comentaba que el grupo se había “sentido violentado” por los carteles. Era raro, le dije, porque el cartel tenía las dos preguntas y abajo decía, bien grandote “Vení a hacer escuchar tu voz”. Lo que les molestaba, era el tema de la palabra “feminismo”. Por alguna razón, hablar genéricamente de igualdad es menos violento que hablar puntualmente de igualdad de género… pasa lo mismo si una propone hablar de igualdad de niveles económicos para todas las clases. Digo, por ahí las igualdades genéricas son menos incómodas porque no “amenazan” los privilegios de nadie.

Los privilegios. Privilegio es que otra persona tenga menos derechos efectivos que vos. Si las mujeres logran la igualdad efectiva de derechos vos no perdés nada. Lo que no tenés que tener son, justamente, privilegios. ¿Por qué vas a ser el único que habla, el que gana más por el mismo trabajo, el que nos violenta sin consecuencias? Somos iguales en derechos.

La profe de Lengua siguió, hablando con el grupo desde su experiencia personal y familiar, y desde sus sentimientos. El grupo la escuchó y vari@s expusieron sus ideas sobre las diferentes vertientes del movimiento feminista y sus períodos históricos (sí, los conocían… aunque no situaran la necesidad de la lucha en el presente).

Bueno, pero las grabaciones. Vari@s dijeron que tenían ideas que expresar, pero él y las valientes que agarraron el micrófono fueron diez, más un@ más desde la distancia, a quienes agradezco la participación (y como vari@s me pidieron no mencionar sus nombres, no menciono a nadie). Cuando las escuché, no eran mis ideas repetidas en formato mp3. Eran sus ideas. Algunas más claras que otras, algunas con los nombres cambiados, pero con las discusiones y debates esenciales que propone el movimiento feminista. La igualdad de derechos. La mujer como parte relevante de la producción. Las tareas que son la carga de las mujeres, y que también aprisionan a los hombres. Las prohibiciones de acceder a hacer cosas. El respeto por la identidad de género en la construcción de ese otro mundo. La distribución de las funciones entre hombres y mujeres. Las objeciones al paro, si olvidar el porqué se hace. El menosprecio o el silencio de los logros femeninos. La belleza exterior, los piropos. La violencia de género. La igualdad de derechos. La igualdad de derechos. La igualdad de derechos. El hecho de que haya quien piensa que este mundo ya es feminista (igualitario), es algo que da cierta esperanza. Hubo participantes de casi todos los cursos (hubo un curso que no dejó registro). Solamente una de las chicas se incluyó, como mujer, en su opinión.

Hubo risas, beat-boxing y diálogos atentos, donde algún muchachito escuchó a algunas chicas y mujeres debatiendo feminismo y, las más viejas no me van a creer, no se metió a opinar y escuchó lo que decíamos, como cuando una escucha a alguien que sabe de lo que está hablando y no tiene mucho sentido dar tu opinión, porque entender es más importante.

Algunos resultados positivos de la experiencia: El primero, poder hablar del tema y visibilizar el reclamo y el Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo dentro de la escuela. Poder hablar de brecha salarial, historia del movimiento feminista, los feminismos. Aclarar algunos conceptos (aunque en general con l@s chic@s prioricé escuchar y preguntar antes que dar mi opinión o definir, ¡cómo costó!). Otro, poder darle un espacio a la voz de l@s estudiantes de la escuela; poder generar clases donde chicos y chicas tuvieran ganas de debatir un tema (el profe me comentó que una de las chicas le había dicho que “era la clase más interesante que habían tenido”).

Para armar los audios, usé todas las opiniones, excepto aquellas que me pidieron expresamente que borrara, porque eran versiones borrador de ideas que se expresaron mejor en una segunda toma. No filtré las que me parecían correctas o incorrectas, estaba de acuerdo o no. Inclusive en algún caso donde luego, hablando con la persona, entendimos que había confundido los conceptos y pudimos aclararlo. Así que son todas las opiniones de las personas que se animaron a hablar, aunque hay una mínima edición para preservar la identidad secreta de alguna superheroína.

Audio 1 - ¿Qué pasaría si las mujeres paran sus actividades el 8M?



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Audio 2 - ¿Cómo te imaginás un mundo feminista?



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Sobre la música...

Usé un par de canciones para darle un poco de color a las voces, una es un tradicional anarquista español, “A la huelga, compañeros”, pero remozada para la ocasión por La Tia Carmen; y Manos de Mujeres, por MartaGómez con Martirio, Andrea Echeverry y Anat Cohen, que justamente alguna amiga compartió por el feisbuke y me pareció apropiada para pensar un mundo en clave feminista...

Mano fuerte va barriendo, pone leña en el fogón
Mano firme cuando escribe una carta de amor

Manos que tejen haciendo nudos
Manos que rezan, manos que dan
Manos que piden algún futuro
Pa' no morir en soledad ¡ay! ¡Ay!

Mano vieja que trabaja
Va enlazando algún telar
Mano esclava va aprendiendo
A bailar su libertad

Manos que amasan curtiendo el hambre
Con lo que la tierra les da
Manos que abrazan a la esperanza
De algún hijo que se va ¡ay! ¡Ay!

Manos de mujeres
Que han parido la verdad
Manos de colores aplaudiendo algún cantar

Lara

Manos que tiemblan, manos que sudan
Manos de tierra, maíz y sal
Manos que tocan dejando el alma
Manos de sangre, de viento y mar ¡ay! ¡Ay!


domingo, 17 de septiembre de 2017

tierra y vivienda

(Este texto lo escribí para la Audiencia Pública sobre la Problemática Habitacional en nuestro pueblo que se hizo ayer en la Primaria. En el texto, le agradecí a la agrupación Vecinos Unidos por la solicitud de la audiencia pero, hasta que no ví la presentación de todos los datos que recolectaron y la información sobre el estado actual de los terrenos y la situación habitacional, no había entendido el alcance real de todo el trabajo que habían hecho. Así que doblemente gracias. Luego de la audiencia, me quedo con la idea de que estamos de acuerdo en que el pueblo tiene que crecer, hacia afuera, con reglas claras y planificación. 
Lamento la negativa del CAP a poner el número de terrenos sobre la mesa pero, sobre todo, lamento el motivo que adujeron. El pueblo de El Chaltén no se va a pelear por 20, 30 o 40 terrenos. El pueblo es solidario. Queremos que se planifique el crecimiento. Tenemos que pensar a largo plazo y actuar ahora en base a un plan claro.
También aprovecho para agradecer a las familias y amig@s que en un momento o en otro, me dieron una mano y me dejaron habitar sus lugares: Marina y Merlin, Flor y Lucas, Ana y Leo, Mónica y Gabriel. Y a los super carpinteros que en dos meses y medio hicieron aparecer una cabañita de la nada. Gracias.
¡Ah! Y todo esto... es político, profundamente político. No nos confundamos.)



Foto: Vecinos Unidos de El Chaltén
Agradezco a todas las personas que generaron este espacio, especialmente a la agrupación Vecinos Unidos, que solicitó la audiencia pública para que podamos acceder a la información actual y que los y las vecinas podamos hacernos escuchar.
Mi nombre es Laura [...], soy originaria de Buenos Aires, y vivo en El Chaltén desde el 2009. Voy a hacer un resumen de mi historia personal, que no es original, es la de muchas personas: Cuando llegué, vivía en el depósito de la agencia en la que trabajaba. Ése invierno, una familia amiga me prestó su casa y en la primavera encontré una cabañita para vivir y desarrollar mi actividad comercial. En 2011 empecé a trabajar como docente. La cabaña se inundaba cada vez que llovía hasta que pude enchaparla. A los dueños no parecía importarles mucho. No tenía ventilación en la planta alta, pero tenía contrato de alquiler. En febrero del año pasado me avisaron que no iban a volver a renovar el contrato, porque la iban a transformar en un alojamiento turístico o vender. Busqué, pero no encontré, una casa donde vivir dignamente y no tener que dejar más de la mitad del sueldo en alquiler. Muchos propietarios calculan el valor del alquiler como lo que puede pagar una pareja con dos trabajos.
Decidí construir una cabaña móvil, y una compañera de la escuela, otra familia amiga, me prestó una esquina de su terreno. A fines de octubre me pude mudar.
Lo que no incluí en el relato son las peregrinaciones al Consejo Agrario, las reuniones con sucesivos Presidentes y Vocales, las notas y documentación enviadas continuamente. En 2010 la Directora Arbilla me dijo que el proyecto que yo quería presentar no era lo que el pueblo estaba necesitando, así que lo modifiqué. En 2012, cuando vino el Director Cárcamo en el invierno pude abrir el expediente de pedido de tierras. Así que me emocioné cuando, en uno de los viajes a Gallegos en 2015, ví que mi carpeta tenía un papelito verde prendido con el texto “Separar para entregar terreno”. Pero llegó la última entrega antes de la Municipalización y éso no pasó. Y todo lo que es Tierras se puso en pausa, aunque vemos que cada tanto aparece algún alambrado nuevo.
En acciones concretas, lo que pido a las autoridades es la consideración de los siguientes puntos:
1.    Los alojamientos para el personal de temporada deben ser revisados para que cumplan condiciones dignas de habitabilidad e inspeccionados anualmente.
2.    Las viviendas destinadas a alquiler permanente también deben ser inspeccionadas. La Municipalidad debiera contar con un ente que regule y controle estos contratos. Pensemos que en muchas de las construcciones más precarias viven familias con niños ¿tenemos que esperar que haya otro accidente que cueste vidas por los problemas de calefacción y aireación de las casas?
3.    Sabemos que el pueblo de El Chaltén va a crecer. Tenemos que hacerlo con planificación y reglas claras de adjudicación de tierras para promover el desarrollo comunitario. El Consejo Agrario debe transferir la documentación a la Municipalidad y la Municipalidad debe acordar con los y las propietarias de las tierras lindantes al ejido actual: Parques Nacionales y Estancias. Debe revisarse la venta de las tierras aledañas a la propiedad de la familia Madsen. Por otro lado ¿Qué pasa con los terraplenes que se encuentran del otro lado del rio Fitz Roy, detrás de Vialidad Nacional?
4.    Sabemos que a los intereses privados se les hace agua la boca cuando piensan en aumentar sus propiedades aquí en el pueblo, o en “otros pueblos”. Es necesaria una regulación de la cantidad de tierra que individuos, empresas o socios de ellas pueden poseer para evitar la concentración. 
5.    Lo mismo con la especulación inmobiliaria. La tierra para quien la habita y desarrolla la comunidad, ya sea desde los sectores de infraestructura o de industria turística. Implementar trabas a la venta o transferencia de los terrenos adjudicados para vivienda o uso mixto.
6.    Asegurar que las organizaciones de desarrollo social, cultural y deportivo de la comunidad tengan un lugar central en la planificación. Hoy todas las fuerzas de seguridad y hasta el Banco Santa Cruz cuentan con terrenos, la única fuerza que realizó una construcción es Prefectura (les quedó linda). Los terrenos del Banco Santa Cruz, Gendarmería y Ejército Argentino deben ser re-adjudicados. Es una vergüenza que continúen aspirando a terrenos sin haber puesto un ladrillo en todos estos años.  A futuro, ésto se puede rever.
7.    Siempre pienso que no hay que desarmar lo que ya se construyó y funciona. La Agrupación Gaucha y las áreas de Reserva Urbana, no deben ser tenidas en cuenta como futuras áreas a construir. También, la Biblioteca Popular Mujer Pionera necesita definiciones sobre su espacio. Y el pueblo necesita espacio para que se desarrollen nuevas organizaciones culturales.
8.    El edificio del Secundario y del Jardín. Los necesitamos ya. Los y las estudiantes necesitan el espacio, la escuela necesita el espacio. Y esto es solamente una parte de la infraestructura que necesita la comunidad para desarrollarse… desde las cisternas de agua de SP que no dan abasto, pasando por una provisión de energía contaminante en ruido y gases y que depende de la transitabilidad de la ruta, el manejo de los residuos y hasta el Puesto Sanitario que todavía no cuenta con un pediatra (o una pediatra). Tantas cosas que muestran que necesitamos pensarnos y tomar decisiones a largo plazo desde nuestra localidad. Es hora.

Ya en el ´92 le dijeron a Anabel de La Choco que no había tierras en el pueblo. Yo miro alrededor y veo valles y estepa sin uso real. ¿Es necesario dañar el bosque? ¿Es necesario construir unos sobre los otros, cada vez más amontonados y peleados? ¿Que cada vecino se deba erigir en árbitro de quien se “merece” un terreno y quién no?
Desde el Preámbulo de nuestra Constitución se habla de “promover el bienestar general”. Sin planificación y reglas claras, sabemos que se generan conflictos entre vecinos. El Artículo 14 bis también declara que es responsabilidad del Estado garantizar el acceso a una vivienda digna.

Espero que, después de los testimonios que se escuchan hoy, se tome conciencia real de lo que necesitamos para el desarrollo de nuestro pueblo. Y se actúe. Gracias.

domingo, 10 de septiembre de 2017

escuela con espacios

(Estas palabras las escribí para el acto por el Día del Maestro que hicimos el viernes pasado. Quiero agradecer especialmente a las compañeras que me ayudaron a revisarlo y mejorarlo y a las personas que intervinieron con sus aportes durante las palabras. También a C., que esa mañana entró a la escuela para buscar unos papeles y, observando el 'caos creativo' de la previa del acto, dijo: "Qué buen ambiente que hay acá.".)



Al alejarse de los límites del Sistema Solar, en 1990, la sonda Voyager I tomó la fotografía conocida como “El punto azul pálido”… ¿la conocen? Es la imagen de la Tierra como un pequeñísimo punto luminoso rodeado de la vastedad del espacio. Tan pequeña como una de esas motas de polvo que se pueden ver flotar en los rayos de sol a la hora de la siesta, pero más solitaria.

En ese planeta, el único que conocemos, ocurren nuestras vidas. Tenemos ciudades, pueblos, cables que nos comunican para que podamos contarnos nuestras historias. Y una de las maneras que encontramos para transmitir ciertos conocimientos a las personas que van naciendo; para sumarlos a estas historias, es la profesión que ejercemos los y las docentes: la enseñanza. En un sentido más amplio, esto que llamamos educación y que hacemos estudiantes y docentes, y familias, y comunidad, aquí en la escuela.

A través de los tiempos fue tomando diferentes formatos, la escuela en Grecia era bastante distinta de nuestra escuela de hoy, sobre todo porque eran todos griegos y muchachitos, y nosotros y nosotras venimos de todos lados. Hasta hace unos 600 años, el territorio que ahora ocupamos y conocemos como Argentina era habitado por una variedad de pueblos originarios, que a partir de la Conquista fueron eliminados y que a partir de las sucesivas oleadas migratorias desde Europa fueron arrinconados y despojados ante el avance de lo que la persona cuya vida conmemoramos hoy como símbolo de la educación, el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, consideraba “la civilización”. Civilización contra Barbarie, era el conflicto de esa época y, muy parecido a lo que nos pasa hoy, qué es civilización y qué es barbarie tiene mucho que ver con cómo entendemos y respetamos (o no)  las culturas, las tradiciones, las maneras de ser, de otras personas que, por otro lado, también somos nosotros, porque somos el resultado del mestizaje de las sucesivas conquistas y de la construcción de un país con múltiples raíces.

La Argentina, pensaba Sarmiento, tenía que tomar la cultura europea y estadounidense como ejemplo. Para esto, durante su presidencia y teniendo como Ministro de Educación a Nicolás Avellaneda (que sería Presidente a continuación de Sarmiento), se crearon cientos de escuelas, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CoNaBip), la Biblioteca Nacional del Maestro. Todas estas instituciones existen hasta hoy (hasta los gorriones siguen por acá), así que la impronta de Sarmiento como modelador de nuestra Argentina de hoy no puede ser ignorada. Tanto en sus aspectos positivos como en los negativos. Para Sarmiento, la escuela era igualadora y su ideal de normalización era la civilización europea.

Pero acerquémonos un poco más a nuestra escuela. La Secundaria de hoy debe ser bastante distinta a los Liceos de aquella época, ya entrados los mediados del siglo XIX, en los alrededores de 1870. Hoy, a unos 150 años y habiendo atravesado un siglo XX signado por interrupciones continuas de gobiernos democráticos, nos encontramos en el período democrático de mayor duración, ya van 34 preciosos años de vida democrática en nuestro país. Y uno de los grandes cambios que nos resulta interesante pensar hoy es la obligatoriedad de la educación secundaria. Piensen que cuando muchos de los y las profes estudiaron, solamente podían acceder a la educación secundaria aquellas personas que querían o cuyas familias los obligaban (no vamos a pensar que todo era color de rosa). O sea, las personas con medios económicos para estudiar, sin necesidad de trabajar. Hoy, el estado debe garantizar que todas las personas menores de 18 años puedan completar sus estudios hasta por lo menos el nivel secundario. Esto es un gran logro. ¿Porqué?, les pregunto a ustedes, ¿porqué podemos pensar que es un logro que se garantice la educación desde el estado? [Una estudiante responde que la educación es importante para el futuro, un compañero docente aporta sobre el valor de la educación para la comunidad y los intereses de quienes nos quieren ignorantes.]

Yo creo que cuanto más cuestiones podamos comprender del mundo que nos rodea, por qué es cómo es, cómo podría ser mejor, todo eso, podemos también ser seres humanos más enteros (y enteras). Y también ser un poco más libres. Tener menos miedo a los demás.

Por supuesto todo esto no lo aprendemos solamente en la escuela, en la escuela nos acercamos, docentes y estudiantes, a un tipo especial de conocimiento. Y tratamos de acercarnos a las Ciencias, los Lenguajes, las Artes, como podemos, juntos.

Este año vino bastante difícil. Empezamos con la Secundaria tomada por toda la comunidad, reclamando por las cuestiones mínimas que necesitamos para poder tener clases todos los días. En particular la comunidad docente de nuestra provincia se vio bastante afectada este año por las tensiones entre el gobierno nacional y el provincial. Ustedes saben que en la mayor parte de las localidades, las clases no empezaron hasta que volvimos de las vacaciones de invierno. No solamente reclamamos, como trabajadores, para que nuestros sueldos se mantengan actualizados con relación a los tarifazos y a la inflación, también reclamamos por los edificios, su mantenimiento, la calefacción, la limpieza. Hoy no tenemos garantizado el servicio mínimo de limpieza que necesitamos y yo me pregunto, cuando me encuentro barriendo la Sala de Informática porque no se llegó a poder limpiar… ¿Qué tan limpia necesita estar la escuela? ¿Qué tan aptas necesitan ser las instalaciones eléctricas? Yo creo que, para empezar, las condiciones edilicias tienen que ser las mejores. ¿Con qué ojos pueden mirar los y las políticos a las nuevas generaciones, cuando la realidad es que se juega continuamente a reducir los costos? No importa si hay un poco de tierrita en los escritorios, si los tubos de iluminación nos despedazan la vista o si hace un poco de frío en las aulas. Como profesional y como ser humano, éso me ofende profundamente.

También reclamamos por la estabilidad del sistema educativo, que los y las profes no tengan que estar recargados de horas para poder vivir, y poder dedicar más tiempo a preparar clases y mejorar su formación. Todas las personas debemos tener los medios para vivir dignamente. El reclamo de cada sector organizado es importante, porque mejora las condiciones de vida de todos.

Hace poquitos meses, estuvo Taty Almeida en Calafate, una de las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora. Taty es la mamá de Alejandro Almeida, desaparecido por la Triple A cuando tenía 20 años. Ella es maestra y le quise preguntar qué nos podía decir a quienes somos docentes acerca de cómo transmitirles a ustedes los ideales que tenían los jóvenes como su hijo. Me respondió que no podía decirnos nada, con todo lo que estábamos haciendo con las movilizaciones, la construcción gremial, y el sostener el trabajo con ustedes en este contexto que quiere tender a recortar derechos. Por eso es importante el trabajo que hacemos desde las escuelas; docentes, estudiantes, familias y comunidad: porque, entre otras cosas, sostiene derechos que costaron mucho.  Inclusive costaron vidas. Pienso en los chicos de la Noche de los Lápices, que la semana que viene, el 16 de septiembre, se cumplen 41 años de sus desapariciones forzadas por parte de las fuerzas del estado. Ellos reclamaban por un derecho que hoy existe: el boleto estudiantil.

La solidaridad entre los sectores, la unidad en la lucha por las conquistas sociales y laborales son importantes para sostener estos derechos. Da bastante para pensar que últimamente desde el poder se intente convencer a la población de que el enemigo son los sindicatos, los pueblos originarios, las organizaciones sociales, la política. Es importante que desde la comunidad educativa pensemos y analicemos, que desarrollemos nuestras herramientas para comprender la realidad en la que vivimos. Una sociedad realmente justa y democrática tiene espacio para todas las personas.

Entonces, retomo las preguntas ¿Qué escuela necesitamos hoy? ¿Qué cosas y cómo necesitamos aprender en la escuela? ¿Qué significa enseñar hoy? Éste espacio que habitamos, estas paredes que no limitan la escuela ¿Cómo lo llenamos de contenidos? ¿Cómo hacemos una escuela más humana? Es algo que tenemos que hacer entre todos, los profes aportando saberes y afectividad en los vínculos. Lo primero creo que nos sale más naturalmente que lo segundo; pero sin vínculos humanos sabemos que los contenidos no alcanzan. Desde cada estudiante, necesitamos compromiso, una conexión a ésto que estamos haciendo acá adentro, y que es valioso para ustedes, sus familias y para la comunidad de nuestro pueblo. Si la escuela de hoy no es la escuela de Sarmiento, y tampoco es la escuela en la que los y las profes estudiamos, creo que es porque es nuestra escuela, la escuela de ustedes como estudiantes y también de nosotros como docentes, que se habita y construye desde cada espacio, cada materia, el Centro de Estudiantes, el Somo’ Nosotro’, los DAP, las preceptorías, Tutorías, Mercedes, el equipo Directivo, los Consejos de Convivencia y Consultivo (cuando volvamos a armarlos) los y las profes, los gabinetes de asesoría, etc.


Sigamos aportando a construir y mejorar nuestra escuela desde cada lugar que ocupemos. 

lunes, 21 de agosto de 2017

como yo también soy indio

Voy a ir publicando las palabras que escribí para algunos de los actos escolares. Éstas son las que leí el jueves pasado, recordando a don San Martín en este contexto tan oscuro por el que estamos pasando. Van a estar todas bajo la etiqueta "alusiones". Dedicado especialmente a mi amiga A., a quien en la primaria alguna maestra despistada e irresponsable le dijo que "aborigen" significaba "sin origen" (cuando significa "desde el origen"). Y pensando en que siempre es cierto eso de que el uso incorrecto del lenguaje introduce el mal en el alma.


"Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

  Éstas eran las palabras que dirigía don José de San Martín al Ejército de los Andes ante la avanzada española, en 1819, dos años después del histórico cruce de los Andes. Ya la independencia de gran parte de Argentina y Chile tenía bases sólidas, y la campaña libertadora iba hacia el norte, a encontrarse con las otras fuerzas que surgían en toda América Latina. Recordemos algunos de esos nombres: O´Higgins en Chile, Artigas de la Banda Oriental; Belgrano, Güemes, Padilla y Azurduy en Perú, Bolivia y el norte de Argentina; Bolívar en Nueva Granada, Colombia, Venezuela; Sucre también en Colombia. Hombres y mujeres que lucharon para terminar con el control español en la Patria Grande latinoamericana.

  Como San Martín, según algunos testimonios hijo de Rosa Guarú, muchos de los y las combatientes eran originarios o mestizos, indígenas que protegían sus territorios de los conquistadores y a quienes muchas veces San Martín se dirigió en sus propias lenguas: guaraní, o quichua, y que también participaron de las operaciones de inteligencia, de escaramuzas y batallas, ya que eran quienes mejor conocían cada territorio.  Según Manuel de Olazábal, testigo presencial de la reunión con los líderes mapuche-pehuenches en el campamento de El Plumerillo., allí San Martín les dijo a los caciques indígenas: “Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios, y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados, y para ello pasaré los Andes con mi ejército y con estos cañones… Debemos pasar por los Andes por el Sur, pero necesito para ello licencia de ustedes que son los dueños del país”.

  Aquí quiero notar algo importante: bucear en la historia siempre es una tarea compleja, y hay múltiples miradas. Pero entender lo que pasó, y cómo lo cuentan, nos permite entender el presente, y cómo nos lo cuentan.

  “Seamos libres, y lo demás no importa nada”. Ser libres como países soberanos, para elegir cómo vivimos en sociedad, con quién comerciamos, para elegir cuales son nuestras propias soluciones a nuestros propios problemas.

  Cuando Rondeau desde Buenos Aires, en ese año de 1819 le pide a San Martín que use su ejército contra el de Artigas en el norte, San Martín se niega y sube al Perú. En una de las cartas a Artigas explica: “Cada gota de sangre americana que se vierta por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos en todo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. Unámonos contra los maturrangos bajo las bases que Ud. crea y que el Gobierno de Buenos Aires vea más conveniente y después que no tengamos enemigos exteriores sigamos la contienda con las armas en la mano, en los términos que cada uno cree por conveniente; mi sable jamás se sacará de su vaina por opiniones políticas, como estas no sean contra los españoles y su dependencia”.

  Ser libres implica, a veces, desobedecer las órdenes.  Poder decidir y ser responsables del peso de esas decisiones. Pero la libertad primera es la de los propios cuerpos: Al llegar a Lima en 1821, San Martín prohíbe la esclavitud decretando que: “Todo esclavo que desde esta fecha llegase al territorio independiente del Perú quedará libre del dominio de su amo, por el solo hecho de pisarlo”.

  Hoy, en 2017,  a doscientos años del histórico cruce de los Andes, tenemos que seguir pensando y peleando por nuestras libertades. Hoy nuestros hermanos y hermanas originarios siguen siendo negados de sus derechos y perseguidos cuando se organizan para reclamarlos: Tenemos el caso del Lof en Resistencia Cushamen en Chubut, la persecución a las organizaciones sociales como la Tupac Amaru en Jujuy y ahora Mendoza; el continuo asedio al pueblo wichi en Formosa y Chaco. Ser libres también es tener tierra y trabajo dignos. Y, recordando a esa niña que fui que quería poder viajar en el tiempo para conocer al Libertador y preguntarle cosas, me gustaría hoy poder preguntarle “Don José, ¿Cómo hacemos hoy para pelear por nuestra libertad?”.

  Cierro entonces estas palabras comprometiendo a quienes así lo sientan, a seguir el camino de grandeza que nos marcó nuestro Libertador General don José de San Martín. Gracias.

¿Querés saber más?
Libertadores (Wikipedia)
Cruce de los Andes (Wikipedia)

miércoles, 12 de octubre de 2016

cárceles argentinas, roca y las tres carabelas

Estas palabras las escribí para el acto del Día del Respeto a la Diversidad del 2016. Como yo no iba a estar en el pueblo, tuve la suerte de que A., la directora del grupo de Teatro de la Biblioteca Popular (y tallerista de Teatro del CABI), aceptara leerlas por mí y repartir los papelitos de colores que se iban a usar en la actividad (los papelitos sobrantes del armado de una bella Wiphala, algún otro año). También le pedí permiso a E. para usar un texto que había publicado en su Facebook y que me pareció que resumía unas cuantas cosas. Así que, nuevamente, gracias a ambas. 


"Hace un tiempo estuve en casa de mi hermano. Después de comer, me puse a jugar con mi sobrino. Matías tiene dos años y todavía no habla, pero balbucea. Me señaló la puerta de la casa y hacia ahí fuimos, aunque no salimos del todo. Nos quedamos del lado de adentro, detrás de las rejas. Paré a Matías sobre la caja del medidor de gas y él se agarró a los barrotes, como un monito.
Era la hora de la siesta y no había movimiento en la calle.
Solo había dos chiquitos revolviendo basura en el contenedor de enfrente. Creo que eran hermanos. Uno tendría siete años y el otro cuatro. Matías se sacudió y ellos nos miraron. Después, el más grande acomodó unas cajas de cartón en el chango y empezó a empujar. Vamos, le dijo al más chico. Pero el de cuatro no nos sacaba los ojos de encima. Lo ví mejor y me impresioné. Tenía la cara llena de cicatrices. Marcas de quemaduras, parecían. El más grande empujó el chango, que sonó como un portón oxidado. Matías volvió a saltar y a gritar. El de cuatro siguió a su hermano, obediente, aunque sin dejar de mirarnos. Y de pronto clavó los pies, como diciendo: tengo que hacer algo. Sentí un frío por la espalda. El chiquito respiró hondo y corrió hacia nosotros. Su velocidad me dio miedo. Quise desprender a Matías de los barrotes y meterlo para adentro. Pero no tuve tiempo. ¿Qué haría cuando llegara? ¿Nos pegaría? El pequeño diablito llegó en menos de un segundo. Se agachó, desapareció tras la pared que sostenía las rejas, y reapareció con un globo. Se lo dio a Matías. Un globo viejo desinflado de helio. Un globo que solo llegaban a ver Matías y el nene de cuatro años. Desde donde yo estaba, no lo podía ver.
No, mi amor, le dije. Ese globo es para vos. Se lo dije con las piernas temblando. Con la voz asustada. El nene negó con la cabeza y alargó otra vez su mano con el globo. Matías se lo sacó de las manos y le agradeció a su forma, como los monitos.
El pequeño diablo volvió con el mayor a la misma velocidad con la que había llegado. Su hermano empujó el chango cargado de botellas y cartones. Ya no nos volvieron a mirar. Doblaron en la esquina y desaparecieron. El temblor de las piernas no se me iba. Un nene de cuatro años me había asustado. ¿Ese pequeño diablito? ¿De verdad le tenía miedo a un chico de setenta centímetros? ¿Era eso lo que me hacía temblar?
Agarré a Matías y lo metí adentro. Creo que un poco lo obligué. Lo mejor sería que nos pusiéramos a tirar fichas de dominó por el aire, o nos sentáramos a ver la tele.
A la noche volví a casa.
Las piernas me seguían temblando. No podía dormir. Todavía sentía mucha vergüenza y yo olía a trapo viejo mojado."
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Este texto no es mío, es de Estela Getino, que es cineasta, mujer y maratonista principiante, y que comparte estas escenas breves en su Facebook[1]. A veces, en el arte, se dice la verdad contando mentiras y no sabemos si esta historia sucedió, pero sí sabemos que es cierta.
La Conquista empezó hace más de quinientos veinticuatro años y continúa hoy. Se reedita cada vez que quien tiene algún tipo de poder, lo usa para justificar el despojo. Tuvo su réplica tardía en nuestra región con la Campaña del Desierto, y aún hoy hay quienes piensan que el exterminio puede ser bandera de cruzadas. La Conquista continuó con las maniobras que fueron despojando a quienes sobrevivieron de las tierras que les quedaban; porque lo que no lograron la masacre, la esclavitud, la enfermedad; lo continuaron y profundizaron el alcohol, la marginalidad y la pobreza, cercadas las comunidades originarias por la voracidad del estanciero, de la explotación minera y forestal, o del turismo. La ambición humana de tener más, de poseerlo todo.
La Conquista debe detenerse en cada persona, o no tendrá fin. Nuestro pueblo, este rejunte que somos, traído por el viento, nos da una oportunidad que no tuve en mi niñez, la oportunidad de crecer con la diversidad, aceptándola y aprendiendo de ella. Cuando viajaba desde mi pueblo a Buenos Aires, en colectivo al centro, o volvía cansada a la noche, viajando parada, jugaba a adivinar dónde iba a bajarse la próxima persona. Logré afinar bastante este sexto sentido, que me dejaba conseguir asientos rápido con bastante precisión. Mucho más tarde, quizás demasiado, se me ocurrió pensar cómo elegía a la siguiente persona en bajar. Era por el color de su piel, por cómo iba vestida. Encontré que hay una relación entre nuestro origen étnico y nuestros ingresos y nivel de vida.
Esto no se refleja solamente en los lugares en los que nos toca vivir. Estuve investigando un poco: Pensemos en la población carcelaria de nuestro país. Una pensaría que la distribución de los grupos debería seguir la distribución de la población. Así, si de cada 100 personas que viven en nuestro país, 6 son extranjeras, es cuanto menos raro que de cada 100 personas presas, 22 sean extranjeras[2]. Sería tres veces más. En otro informe encontré que el 85 por ciento de la población carcelaria no llegó a completar su secundaria[3]. Busqué datos sobre los orígenes socioeconómicos y veo que alrededor del 80% no cuenta con empleo fijo o es mano de obra desocupada. Parece que tener un empleo estable y la secundaria terminada hacen más difícil el ingreso al sistema penitenciario.
¿Y quiénes completan sus estudios? Flavia Terigi, investigadora en Educación, realizó una comparación entre diversos programas latinoaméricanos que intentaban apuntalar la permanencia de los chicos y chicas en las escuelas y describe el fenómeno de “vulnerabilización”. Extraigo este segmento que lo explica: “Tomamos   la   expresión   “vulnerabilizados”   (...),  en  tanto  consideramos  que  expresa  mejor  que  “vulnerables”  una  condición  que  afecta  a  vastos  sectores  de  las  poblaciones urbanas. Esa condición es el resultado histórico y (esperamos) reversible de procesos sociales que  producen  como  efecto  la  situación  de  vulnerabilidad:  los  grupos  no  “son”  vulnerables  por  alguna  condición  propia  que  los  haga  tales,  sino  que  están  colocados  en  situación  de  vulnerabilidad  por  efecto  de procesos de concentración de la riqueza, de explotación económica, de segregación en la participación política y de desigualdad en el acceso a los bienes culturales.” [4]
Les pido que hagan el siguiente ejercicio con la hojita de papel: piensen en dos personas que conozcan que hubieran querido poder terminar la primaria o la secundaria, pero no pudieron. Anoten los nombres en el papelito, primero (van a necesitar lugar para otras líneas, no ocupen toda la hoja). ¿Listo? Ahora piensen dos personas que tengan un trabajo eventual, que no tengan siempre trabajo, a veces sí y a veces no. Pero lo importante es que ustedes consideren que el trabajo que hacen es, digamos entre comillas, “menor”. Anoten. Otras dos.
Ahora otras dos personas, piensen en un nivel gerencial, o de conducción política, con responsabilidades “importantes” en un trabajo “importante” (lo digo entre comillas porque hay mucho para pensar sobre esto). Anoten sus nombres.
Y, el último grupo, si conocen, el nombre de dos personas que estén presas. Les doy tiempo…
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¿Qué nos pasa, aquí y ahora, con éstos temas? ¿Qué tienen que ver la escena de la tía aterrorizada por un niño de cuatro años portando un globo,  las poblaciones marginalizadas, el color de la piel, los asientos libres en un colectivo lleno de gente que vuelve a casa, qué tienen que ver las cárceles argentinas con Roca y las tres carabelas?
Hace un par de semanas, la Prefectura torturó a dos chicos de una villa de Buenos Aires, por portación de ropa que no se ajustaba a su idea de cómo debe vestirse una persona de la villa. Cuando los medios le preguntaron al padre del pibe de 15 qué sentía, el señor respondió: impotencia. Gracias al apoyo de las organizaciones sociales a la persecución posterior, siete prefectos fueron dados de baja de la fuerza[5]. ¿Qué tiene que ver esto con la Conquista?

¿Quiénes son los trabajadores golondrina? ¿Dónde tienen sus casas? ¿qué significa no tener tierra? ¿Qué pasa cuando se organizan, como en el caso por ejemplo del Movimiento Campesino de Santiago del Estero, el MOCASE, o el Movimiento Sin Tierra, en Brasil? ¿De quiénes son las venas abiertas de América Latina?

Alguna vez escuché a la periodista y activista Naomi Klein decir que los tiempos de las sociedades son inmensos, y que todavía, más de 500 años después, no terminamos de atender a todas las consecuencias de la Conquista de América. Quienes estaban ahí en el origen, siguen hablando hoy, por boca propia y ajena. Porque hoy estamos acá, juntos, y nuestras diferencias debieran fortalecernos y no separarnos. De la discriminación nace el miedo, que pone entre rejas tanto al puño que aplasta como al brote que surge.
La Conquista continúa, y tenemos que terminar con su historia de miedo y arrogancia. Sin miedo, somos tierra que anda: ¡Runa allpacamaska![6].





[4] Segmentación urbana  y educación  en  América Latina. Aportes de seis estudios sobre políticas de inclusión educativa  en  seis grandes ciudades  de  la región. Flavia Terigi. Revista Iberoamericana  sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación (2009) - Volumen 7, Número 4 http://www.rinace.net/reice/numeros/arts/vol7num4/art2.pdf  y otro informe encuentra que de “(…) los jóvenes urbanos cuya madre tiene baja educación, más del 40% han desertado (55% en las zonas rurales); en cambio, entre aquellos cuya madre ha completado al menos la educación primaria, la proporción bordea el 15% en las zonas urbanas y el 34% en las rurales.[4]
[6] De Atahualpa Yupanqui, “El hombre es tierra que anda.” http://www.fundacionyupanqui.com.ar/tierraqueanda.html

sábado, 8 de octubre de 2016

gendarmería no pide disculpas

(Intenté escribir esta entrada en un tono más "literario", pero se vé que, cuando me toca a mí, no me sale.)

El miércoles pasado, 5 de octubre, viajé a Calafate por un problema de salud. Pensaba bajar en la entrada, pero el chofer del micro de CalTur me avisó que no estaba parando más en el Hospital, porque lo habían suspendido por hacer eso. Parece que la jefatura de la empresa no ve el mismo problema con entrar al Aeropuerto, a pesar de que tampoco tienen permiso. Será mas cool incumplir la ley dejando turistas en el Aeropuerto que locales en el Hospital. En fin, a nuestro tema de hoy.

        En la entrada de Calafate, unos quince o veinte minutos antes de las 11:00 hs, como ya es habitual, subió la Gendarmería a revisar la documentación de los pasajeros y la lista de los ídems. Una femenina y un masculino, pidieron documentos y leyeron, o hicieron que leían, porque a veces una no está segura. Terminada la ronda, la femenina se acercó al masculino y le comentó algo.

        Ahí ví la primera lucecita roja: al subir yo también había notado un perfume fuerte en el pasillo. Algo dulzón, sahumerio.

        El masculino miró a los que ahora nos habíamos convertido automáticamente en traficantes de droga, a saber: esta chica, del otro lado del pasillo de esta chica un señor viejito del pueblo, atrás de él un treintañero largo con pinta de jipi, y atrás mío una pareja de turistas extranjeros.

        Parece que esta chica tiene una pinta de traficante que voltea, sobre todo cuando se le está partiendo el pecho por lo que, horas mas tarde, la amable médica que la atendió en el Hospital determinaría que no era un problema cardíaco, sino gástrico. Sé que exagero un poco (¡bueno!) con la combinación de colores en la ropa, pero de ahí a resultar la principal sospechosa de este grupete... El jipi estaba, de lejos, antes que yo.

        Entonces, el masculino me dijo que necesitaba que bajara del micro. Yo le respondí que no, que no había razón y que me quedaba ahí. Él me pidió revisar mis pertenencias. Le dije que sí, pero que él no, que su compañera sí podía, que yo se las iba a mostrar. La femenina se acercó y empecé metódicamente a desarmar mi mochila y mostrarle cada recoveco. A la mitad, mi cuerpo se empezó a poner nervioso, por más que intentara respirar hondo. Me temblaban las manos con una mezcla de miedo, impotencia, bronca, todo lo que me viene bullendo dentro cuando pienso en estos abusos de autoridad. Yo las ignoraba y no sentía nada, cabeza fría y a respirar hondo. Pero las manos gritaban. Dejé para lo último mostrarle la netbook de Conectar Igualdad. Ahí a la femenina algo le hizo ruido con su veredicto, pero siguió la requisa.

        Terminé de mostrarle la mochila, y me pidió que le mostrara la campera, así que procedí a abrir cada bolsillo y mostrarle el contenido.

        Pero ahora había pasado a ser más sospechosa todavía, porque me temblaban las manos. La femenina se lo dijo al masculino ("Está nerviosa") y el masculino me preguntó porqué. Le respondí que porque ellos eran dos y estaban armados. Ahí él empezó un par de vueltas de "éso no tiene nada que ver", la que terminé después de un par de loops con un "bueno", y un encogimiento de hombros. Me pidió que le dé el documento. Le dije que no se lo podía dar, que se lo podía mostrar si quería, y no insistió. La femenina me preguntó si no tenía problemas en sacarme el pantalón arriba del micro, a lo que le repregunté porqué iba a pedirme eso, si yo estaba cooperando y le había mostrado todo. Ella dijo que por el olor. Yo le dije que lo único que le podía decir sobre el olor, era que no era mío. El masculino me espetó un bastante violento "¿Usted consume estupefacientes, no?". No lo podía creer. Le respondí que no, que como iba a consumir estupefacientes, si eran ilegales. Ése fué el único cinismo que elegí permitirme. Los únicos que estaban incumpliendo la ley eran ellos dos, que no tenían su identificación a la vista (estaban usando unos chalecos fluorescentes arriba y, por más que miré, no se veían). Por supuesto, ésto último no se los dije: yo necesitaba llegar al Hospital.

        Se bajaron los dos del micro, pero no arrancábamos. El viejito me dijo: "Piba, esto va para largo" y bajó a fumar. El jipi lo siguió. La familia del Papu (estudiante de la EPJA Primaria) se bajó ahí, tenían turno en el Hospital. Cuando finalmente llegué al Hospital me los crucé a él y al padre, que me dijo que no podía creer que me estuvieran revisando a mí (ellos estaban en el fondo y no veían a quién estaban requisando), y me preguntó qué era lo que llevaba. Una también quisiera pensar que este tipo de procedimientos se los hacen solamente a los culpables criminales malos malísimos y que esta chica seguramente algo habría hecho, pero una viene leyendo los diarios del mundo y ya perdió la inocencia hace rato.

        Al minuto subieron al micro el viejito y el jipi, y este último me dijo, "quedate tranquila, Flaca, que ya negociamos". Ni le quise preguntar qué habían "negociado", pero el loco estaba incontenible. Yo creo que era uno de civil, porque si no no se explica que no haya sido él el primer "sospechoso", por portación de jipismo flagrante. Y agregó, haciéndome oler su riñonera de aguayo (vaaaamos), que tenía una plataforma arómatica de patchouli de al menos el mismo tamaño que nuestra plataforma submarina. Hijo de puta(*), podías haber saltado antes a aclarar las cosas. La gente se divierte barato con el sufrimiento ajeno. Mi venganza silenciosa fué sonreirle cuando me tiró en broma un "Vamos miti-miti, ¿eh?". Quedate con la duda, salame.

        El micro arrancó y finalmente llegué a la Terminal, desde donde me dediqué a seguir mi vida después de esquivar un par de tiritos del jipi, que supongo que pretendía que le diera las gracias. ¿Ah, mi héroe? Salame. Lo saludé al viejito y, mientras caminaba hacia mis trámites, llamé por teléfono a unos amigos en Calafate para avisarles lo que había pasado, porque tenía las tabas de gelatina. Y porque tenía miedo.

        ¿Y recibir disculpas de nuestros defensores de la frontera?

        Las espero sentada. No fué ninguna equivocación. Ellos estaban haciendo el trabajo para el que los entrenaron y formaron: culpabilizar, vigilar y controlar a la población.

        Conocé tus derechos. La próxima vuelta te toca a vos. No dejes que te bajen del vehículo, no les des tu DNI, mostráselos de lejos con testigos cerca. Siempre con testigos cerca, mirando todo. Siempre con el respeto que vos te merecerías, aunque no sea recíproco. No tenés porqué responder nada. Sin una orden judicial o sin flagrancia, no pueden tocar ninguna de tus pertenencias. Asesorate y evitá problemas. Poné un límite.


(*) Sí, yo también uso insultos y malas palabras, cuando es oportuno. He recibido aplausos de pié.

sábado, 4 de junio de 2016

gendarmería celebra el Ni una menos

El jueves 2 de junio, el micro de las 18:00 que venía desde Calafate a Chaltén, fué detenido por Gendarmería como es rutinario, a la salida de Calafate. Al micro subieron dos gendarmes. Hasta aquí, lo que suele pasar, suben, te piden el DNI para revisar la lista de pasajeros (o a veces sin la lista, deben tener una memoria prodigiosa estos muchachos).
  Casi todo “bien”. Una, que tiene ganas de llegar a su casa y que cree entender que algo están haciendo, porque la explicación de esta demora debe tener que ver con el tema de la trata de personas, o algún operativo; le alcanza al operativo su DNI, o su cédula-vencida-que-ya-no-existe-más-pero-donde-salí-mejor-en-la-foto, y sigue camino.
  Pero esta vez no estuvo todo “bien”.
  El gendarme le pidió a la pasajera que abriera su mochila. Cabe agregar aquí que la pasajera en este caso es una mujer curtida por la vida, de entre 40 y 50 años, que viajaba con su hija de veintipico, embarazadísima de muchos meses la joven, y que la pasajera en cuestión venía de hacerse un estudio de contraste de esos que te dejan tirada y sin defensas. 

  Acá con la mochila no hay forma de zafarla, ¿qué motivo tiene un gendarme masculino para revisar el bolso de mano de una pasajera femenina, con DNI de la zona, en la lista de pasajeros?
  El menos-que-humano le hizo sacar sus medicamentos de la mochila, amenazó por radio que la mujer llevaba medicamentos “sin receta” (¿una tiene que cargar permiso de portación de los remedios que usa?).
  El sabueso del terror le pidió que sacara la ropa interior que la mujer tenía dentro de la mochila, y que le mostrara “más abajo, más al fondo”, lo que tenía en el bolso.
  El abusador le hizo explicarle y rogarle por sus medicamentos que llamara al puesto sanitario de Chaltén para confirmar que ella estaba autorizada a transportar esos remedios.
  El malnacido trabajaba con un compañero gendarme, que no detuvo el abuso, y con la complicidad del resto del micro, que no dijo nada.
  Cuando se bajó del micro, después de terminar su “trabajo”, el gendarme prendió un cigarrillo y compartió unas risas con sus compañeros del destacamento. Después de esta escena, se prendió un pucho. Dejo al criterio de quien lee la interpretación de este acto.

Uno acá tiene que pararse a pensar un poco, porque el reflejo es indignarse y cuestionar a la víctima por no haberse defendido. Es lo que me pasó a mi ayer a la noche, cuando la estudiante de la EPJA Primaria me contaba lo que les había hecho a ella y a su hija este agente público que se supone que debería estar protegiéndolas, cuando volvían de los controles médicos que se habían hecho en Calafate. Y yo, imbécil, lo primero que pensé fué: “éso a mí no me puede pasar” y “yo no dejaría que éso me pase”. ¿Qué me “defiende” de éso? ¿Mi color de piel? ¿la tonada con la que hablo? ¿mi título universitario? No debo poner en la víctima la responsabilidad de la defensa. Debo culpar al atacante por las faltas cometidas. No debo poner en la víctima la responsabilidad de la defensa. Debo culpar al atacante por las faltas cometidas. Repetir mil, dos mil, las veces necesarias, hasta que lo entienda.

  Dos mujeres, una embarazada de muchos meses y su madre, que una noche quieren llegar a su casa viajando 220 kilómetros y que intentan cumplimentar con lo que les pide un supuesto oficial de seguridad. En vez de eso, son menospreciadas y amenazadas por un loco armado con poder.

  ¿Qué detiene este tipo de accionar abusivo por parte del personal de Gendarmería? Una, una sanción por parte de la superioridad por abuso de poder. Otra, una denuncia pública de que este tipo de acciones no pueden tener lugar.

  Otra más, y la primera, una reacción de parte de todo el pasaje del micro. Porque, como me podría pasar a mí, cualquiera iba a intentar causar el menor problema posible con tal de que no la “bajaran del micro” (el último micro en el día, lejos de casa, sintiéndome mal, viajando con la panza de mi hija que cada vez se pone más nerviosa). Inclusive comerse el abuso. Pero si más personas del pasaje del micro le dicen al inhumano que se detenga, que explique ese accionar, el operativo de abuso se detiene. Porque no hay explicación. Ninguna de estas acciones (desde el pedir la documentación en adelante) es legítima. Solamente las legitima nuestro acuerdo de que cooperamos con ellas.

  Cuando decimos Ni una menos decimos que el abuso no puede dejarse pasar. No es casual que esto le pase a dos mujeres viajando “solas” (solas en un micro con otra decena de personas, muchas vecinas de su localidad). Cuando decimos Ni una menos significa que hay que hacer lo que uno pueda para detenerlo, que no estamos solas cuando viajamos.


  Espero que alguien levante estas líneas y pueda hacer algo más. Pueda continuar con el siguiente paso en la cadena de pasos que haga que este infrahumano ya no le pueda hacer ésto a otra persona que quiera llegar a su casa, viajando 220 kilómetros en medio de la noche helada que tuvimos el jueves pasado.