domingo, 28 de agosto de 2011

y 10 años después...

Como nos gustan especialmente los números redondos que podemos contar con los dedos de las manos (ponele que les agregamos también los de los pies, que de esos aniversarios también tengo este año), hace un par de días atrás recordé especialmente al 26 de agosto del 2001, en el que fuí a ver la puesta Villa Villa, del grupo de teatro aéreo De la Guarda.



Me acuerdo que estaba nerviosa, porque había leído y escuchado muchas cosas sobre el espectáculo y sabía que iba a ver algo distinto. También tenía miedo, porque te mojaban, o porque era como un gran interrogante. Había gente a la que le había gustado, había gente que no... yo leía sobre La Fura dels Baus y quería tirar la entrada. No quería que fuera algo violento, intrusivo, pero a la vez quería ver qué era eso de estar dentro de la obra. Le había dicho a Ale si quería ir conmigo y pasó, lo cual no me pareció nada mal porque sentía que eso me daba un poco más de libertad para ver qué me pasaba a mí. Me puse unos pantalones de jean negros y mi camperita de cuerina, era un día de calor creo. Llegué al Recoleta temprano y esperé afuera en el patio hasta que nos empezaron a hacer entrar.
Al principio, recuerdo un juego de luces en el cielo, sombras y luces a través de una membrana de papel. Agua, seres adivinados atravesando ése espacio, sombras voladoras que se estiraban sobre nosotros. Uno de ellos atravesaba la membrana, y luego otro. Era como una versión fantástica, fabulosa, de las visitas al planetario de cuando era chica; mirar hacia arriba y ver pasar, en vez de planetas y cometas, a estos seres.
Recuerdo también la carrera de esa pareja sobre la pared. Eso me tocó de una manera sobre la que no puedo escribir acá. Mitad porque me sentí identificada y mitad porque no me acuerdo exactamente en qué, o si en todo.
También recuerdo una danza de dos personajes, uno masculino y otro femenino, sobre dos plataformas móviles, y la lluvía cálida cayendo, una sensación de fecundidad primal.
Pero lo que me pasó a mí fué esto:
Una mujer, parada en la lluvia, una línea negra que mira hacia arriba, abajo, a los costados, mira a la gente y a los actores y a la escena y a la interacción-entre. Sintiendo la música, los tambores, las trompetas. Alguien la toca en la espalda y la toma entre los brazos, como para bailar. Lo primero que ella nota es el abrazo, luego vendrá el registro del roce. Cruzan las miradas y ella sonríe, asustada y sorprendida, curiosa de qué va a pasar después. Él avanza y quedan trabados en un giro, mientras ella piensa que esto es un hermoso momento, pero que es hasta acá. Luego de ese baile de emociones y voluntades, se separan y él se funde nuevamente entre la gente. Ese encuentro, ése acercamiento, me sacude.
Y luego el baile, todos bailando y saltando. La membrana y el papel picado del piso, junto con el agua forman un papel maché que se adhiere a todo. Me vuelvo a casa caminando por Las Heras, llena de algo distinto. No voy a lavar el papel pegado a ese pantalón negro por un largo tiempo y, cada vez que lo veo en el ropero, regreso a esa noche.

El 2001... qué añito. Los restantes cuatro meses del año podrían resumirse como "Dos torres, un divorcio, una renuncia, corralito. Entrevista y represión en Plaza de Mayo. Todos al Congreso (por no mencionar el fémur de mi hermano)." Por suerte, el 2002 empezó de campamento y volviendo de visita a El Chaltén, que si no...

1 comentario:

Paula Demicheli dijo...

wow!!! Impresionante relato, nunca fui a verlos justamente por esa sensación de si/no, me gusta/no me gusta.
2001, que anio, cuantos recuerdos, cuanta locura...