sábado, 5 de enero de 2008

Hogar, dulce hogar

Pensando un rato sobre los lugares en los que uno se siente como en casa, me llamó la atención una nota que salió en Wired esta semana: ¨Clive Thompson on How the Next Victim of Climate Change Will Be Our Minds¨, o ¨Acerca de cómo las siguientes víctimas del cambio climático van a ser nuestras mentes¨.
La nota habla acerca de la identificación de un síndrome en la población Australiana, y este párrafo es especialmente interesante:

In interviews Albrecht conducted over the past few years, scores of Australians described their deep, wrenching sense of loss as they watch the landscape around them change. Familiar plants don't grow any more. Gardens won't take. Birds are gone. "They no longer feel like they know the place they've lived for decades," he says.

Albrecht believes that this is a new type of sadness. People are feeling displaced. They're suffering symptoms eerily similar to those of indigenous populations that are forcibly removed from their traditional homelands. But nobody is being relocated; they haven't moved anywhere. It's just that the familiar markers of their area, the physical and sensory signals that define home, are vanishing. Their environment is moving away from them, and they miss it terribly.

Albrecht has given this syndrome an evocative name: solastalgia. It's a mashup of the roots solacium (comfort) and algia (pain), which together aptly conjure the word nostalgia. In essence, it's pining for a lost environment. "Solastalgia," as he wrote in a scientific paper describing his theory, "is a form of homesickness one gets when one is still at home.'"


O en castilla, a los ponchazos:

Durante entrevistas realizadas a docenas de Australianos en los últimos años, estos han descripto el profundo y angustiante sentimiento de pérdida que tienen cuando ven cambiar el paisaje que los rodea. Plantas conocidas que ya no crecen. Los jardines no prósperan. Los pájaros se fueron. ¨Ya no sienten que conocen el lugar en el que han vivido por décadas¨, afirma el investigador.

Albrecht cree que este es un nuevo tipo de tristeza. La gente se siente desplazada. Sufren síntomas extrañamente similares a los de las poblaciones indígenas que han sido trasladadas fuera de sus territorios originales. Pero en este caso nadie está siendo trasladado. No se han mudado a ningún otro lado. Es solamente que los marcadores de territorio familiares, las señales físicas y sensoriales que definen un hogar, se están desvaneciendo. Su medioambiente se está alejando de ellos, y lo extrañan terriblemente.

Albrecht le ha dado a este síndrome el nombre de solastalgia. Es una combinación de las raíces de las palabras confort y dolor. En esencia, es lamentar la pérdida del entorno ambiental.
¨Solastalgia¨ es extrañar el hogar cuando uno está todavía en su casa.



Mucha gente está siendo desplazada de sus hogares continuamente (pensando en Katrina, los tsunamis en Asia, los incendios forestales, las migraciones económicas, etc.) , pero esto también incluye a la gente que se queda cuando los lugares cambian. Qué es lo que uno reconoce como hogar, por otro lado, es otro tema. Cuál es el lugar al que uno siente que vuelve, o del que le cuesta alejarse. El lugar del retorno. No recuerdo la frase exacta, pero creo que en Los desposeídos era que Leguin decía que uno siempre podía volver al hogar, siempre y cuando tuviera en cuenta que ni uno ni el lugar eran los mismos.

Pero ya lo decían los de Les Luthiers, en ¨Añoralgias¨ (zamba catástrofe):



Como te recuerdo mi lindo pueblito
con tu aire húmedo y denso de día
noches cálidas de fantasía
pobladas de máquinas
de encanto infinito
y el cantar de tu fresco arroyito,
salvo en los diez meses de la sequía.

Siempre fue muy calmo mi pueblo adorado,
salvo aquella vez que paso el huracán,
viejos pagos, ¡que lejos están!
mi tierra querida, mi dulce poblado,
tengo miedo que hayas cambiado
después de la ultima erupción del volcán.



Kim Stanley Robinson, por otro lado, va y nos pinta un graffitti en una pared de Marte que dice ¨There is no coming back¨. Ya no se puede volver.
Y claro, los marcianos van y hacen la revolución del ´61, porque otra no les quedaba. Cómo negar la posibilidad del retorno, dice también Doña Leguin en Los desposeídos.

Bueno, idas y vueltas. ¿Y por casa dónde andamos?

2 comentarios:

Glenn dijo...

Hi there, in the face of open pit coal mining in my part of Australia (Hunter Valley in NSW) one of the people we interviewed said:

"One of the reasons they (my ancestors) left the North of England was on the physician’s recommendation because they were suffering from respiratory problems and consumption … the child mortality rate was pretty high … they had steam engines roaring past the house and black smoke and soot …and it’s caught up, the industrial revolution’s caught us again, we’ve got the same trouble. Where do we go …Patagonia or somewhere?" (Howard)

Thought you might be interested in the idea that to escape solastalgia in Australia, people think of going to Patagonia!

chalten dijo...

The article gave me some ideas for a short SF story in the makings, so thanks a lot Glenn for dropping in and adding to the cauldron. Hope we learn something from this and Patagonia won't just be the next target to move on from.
On a more positive view on Howard's comment, i was thinking this morning that nomads seem to be attracted to these kind of places, thinking of bruce chatwin... i have to write something about pioneers and such. Cheers!